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a Revista de la Pátria Grande


IDÉIAS EM REDE / IDEAS EN RED

¿Apatía y desesperanza juvenil hacia la política?
Fernando Andrade Ruiz
Bolívia


Fotos Rina López
Nos últimos anos temos assistido a uma postura “apática” dos jovens em relação à política. Testemunha e vítima de grandes problemas sociais não resolvidos pelo sistema político e sem referenciais no plano ideológico, a juventude cai na indiferença, na desilusão e o que é pior, na desesperança, construindo seus próprios espaços de inter-relação. Numa sociedade que os margina, os jovens deveriam entender a importância da prática política e se tornar atores prioritários. O Estado, por sua vez, é o encarregado de propiciar cenários para a participação política da juventude. E a sociedade civil deve fortalecer-se institucionalmente com a sua participação.


Es recurso fácil y cómodo tildar a la juventud actual de “apática” ante la política, sin considerar que, si fuese así, la culpa no sería sólo de los jóvenes sino de la sociedad en su conjunto, principalmente del propio sistema político.

Son las últimas dos décadas las que más parecen fijar el alejamiento juvenil de la actividad política. Si en los años 60 movimientos juveniles clamaban por transformaciones sociales (y en cuántos casos fueron protagonistas de ellas) y en los 70 eran claras las ansias de la juventud por participar en la construcción democrática de las sociedades, hoy aparentemente esos impulsos han quedado aletargados y parece que cunde la indiferencia o el rechazo juvenil hacia la política nacional e internacional. ¿Algunas causas?[1]

NEOLIBERALISMO POCO PREOCUPADO EM POLÍTICA

El modelo neoliberal aplicado a los países pobres como Bolivia está más concentrado en el mercado económico que en la articulación política del mismo.“Dejar hacer, dejar pasar” es consigna económica que también se expande a la política siendo esta – contrariamente - la instancia teóricamente llamada a no abandonar la convivencia social a azares, improvisaciones o dinámicas libres. Ni el liberalismo político más recalcitrante postula la libertad absoluta de las fuerzas sociales.

Sin embargo, a estas naciones débiles se les impone (irónicamente en nombre de la libertad y de la democracia) modelos económicos y políticos que entran en inmediata disonancia con entornos internos (culturales, económicos, políticos y sociales en general) ocasionando fenómenos híbridos que afectan más a quienes no tienen recursos – no sólo económicos – como para evitar el abandono a su propia suerte.

El modelo neoliberal economicista no sólo erradica coca en Bolivia sino también ideologías que puedan confrontarlo y sólo permite prácticas políticas conservadoras, excluyentes, inmediatistas, pragmáticas, sectorizadas, salaristas. Al reducir perversamente la lucha por la vida sólo al plano económico, el neoliberalismo desahucia grandes planteamientos ideológicos y teóricos que puedan convocar adhesiones en torno a sentidos sociales ansiosos de cambios trascendentales. Ni Estado, ni partidos políticos, ni sociedad civil están pudiendo reaccionar notoriamente ante tal tendencia.

Fotos Rina López

Las administraciones estatales se muestran aturdidas al medio de rectorías neoliberales y demandas crecientes de numerosos grupos sociales marginales, para los cuales el modelo es inmisericorde en su aplicación.

Los partidos políticos no proponen vías de salida a esos extravíos y la sociedad civil deambula en su poca capacidad de organización, participación y exigencia. Ante ello, son muchos los sectores sociales – no siempre pobres – que quedan aislados, confundidos, sufriendo situaciones que no han protagonizado, teniendo a sus miembros dispersos y sin referentes claros que los congreguen y dinamicen en el uso de los derechos políticos que teóricamente se les reconoce. Uno de esos sectores es la juventud.

POLÍTICA Y JUVENTUD

En uno de sus sentidos conceptuales, la política es posibilidad de cambio, búsqueda de alternativas para mejorar las condiciones de vida; levantamientos diagnósticos de situaciones vigentes, propuestas de planes y estrategias de acción; ideales de sociedades futuras.

Hoy se confunde el espíritu de la política con la caricatura y expropiación que de ella hacen sus administradores directos, quienes la saturan de ambiciones desmedidas de poder, de mentiras, de opresiones crueles, de corrupción, de inutilidad y también de la impresión de que es imposible liberarse de ese tipo de accionar, lo que genera aún más repulsión y antipatía.

¿Cómo entonces no esperar que esa evidencia se marque en la percepción y aprecio de los jóvenes hacia la política? Ellos también son testigos y víctimas de grandes problemas sociales no resueltos -y a veces ni siquiera comprendidos- por un sistema político inepto ante la pobreza, exclusión social, violencia, inseguridad, discriminación, inequidad distributiva, desigualdad de oportunidades y otros.

Los jóvenes, al no contar con referentes-guía en lo ideológico ni tampoco en los procedimientos de inserción política, caen en una participación anodina, en indiferencia o construyen sus propios espacios de interrelación, cuántas veces abiertamente refractarios a la vida política constructiva y probatorios de la inutilidad del sistema para dar solución a problemas tan graves como el alcoholismo, la delincuencia, la drogadicción, los excesos pasionales, etc.

Es necesaria la construcción de modelos ideológicos en torno a los cuales pueda darse la identificación y participación política de los jóvenes. La prueba es que, en Bolivia, la poca juventud inquieta en política se encuentra en las universidades y es motivada por modelos ideológicos sustentados, tal como sucede, por ejemplo, con el trotskismo.

Además, son escasas o inexistentes las propuestas novedosas que hagan lecturas actuales de la situación y planteen alternativas de cambio factibles ante las nuevas condiciones.

¿Cómo no entender entonces la posible sensación de desencanto y desilusión que puede anidar en quienes (los jóvenes) tienen o deberían tener en la esperanza un sustento y una razón de vida?

DESINTERÉS Y DESCONOCIMIENTO SOBRE ASUNTOS PÚBLICOS


Quizá el rechazo implícito o explícito a la práctica política del país no motiva a los jóvenes a seguir con interés y profundización los acontecimientos políticos, lo que no es rasgo exclusivo de la juventud pues muchos otros sectores –quizá la mayoría nacional- no tiene conocimiento suficiente del tipo de trabajo político que se hace en el país. Hay notorio desinterés de los jóvenes por la política pero también indiferencia para enfrentar tal situación de parte del Estado, partidos políticos, sistemas educativos, familias y medios de comunicación, con lo que el abismo se agudiza ya que no hay quién se anime a dar los primeros pasos de acercamiento.

El Estado boliviano no promueve la participación política responsable y democrática de los jóvenes y se presenta ante ellos más como un poder abusivo, corrupto y soberbio que como ente destinado teóricamente a servir a las necesidades de la población.

Los partidos políticos sólo recurren al estrato juvenil de la ciudadanía cuando necesitan votos y entonces propalan indiscriminadamente mensajes propagandísticos que apuntan más a emociones y sentimientos que a niveles racionales y pensantes de un electorado que – como el juvenil – necesita argumentos y fundamentos para decidir sus opciones políticas. Más allá de los comicios, los partidos no hacen labor continua de acercamiento a la juventud mediante dotación de información, análisis, foros, encuentros, visitas a centros juveniles, universidades y colegios.

Es cuanto a la sociedad civil boliviana, es característica de ella su poca densidad organizativa, aspecto que queda aún más remarcado en el caso de la juventud que no tiene instancias de agrupamiento en torno a modelos distintos a los partidos. Es muy escasa la participación de jóvenes en sindicatos, federaciones, comités cívicos y otras organizaciones.

Los sistemas educativos tienen una función vital en cuanto a cultivar en la mente y en el espíritu de la juventud la importancia de una participación política responsable, pero hacen poco al respecto.

Los medios de comunicación en su mayoría no tienen programación especial para la información y formación política de la juventud. Buena parte de los medios consideran que los jóvenes sólo demandan shows, música, entretenimientos fáciles, diversión, sexo o concursos, y quizá los acostumbran a ello pues no se ve que de los jóvenes surja una cultura de demanda que los llevaría a exigir otro tipo de contenidos mediáticos no siempre relacionados con lo consumista o lo superfluo. ¿Qué espacio tienen los jóvenes en empresas televisivas, emisoras de radio o periódicos para hablar de sus visiones y de sus inquietudes políticas?

En definitiva, el sistema social y político boliviano no tiene escenarios ni canales establecidos para una participación política constante de la juventud; ante ello, no se internaliza en los jóvenes la importancia de la vida en democracia con lo que el tipo de participación que ellos puedan generar es improvisada, eventual y desconectada de las estructuras institucionalizadas.

IMPORTANCIA DE LA JUVENTUD PARA LA DEMOCRACIA

La democracia se sustenta en la participación ciudadana en política. De nada sirve un reconocimiento formal de voto a partir de los 18 años de edad, si este va a ser un voto obligado que no representa sustento en la conciencia y participación genuina de los ciudadanos. La juventud que sólo vota reproduce un esquema de democracia formal y “comicial” que está demostrando no ser suficiente para avanzar en los procesos necesarios de profundización democrática en el país.

La democracia no va a anidar en la juventud por arte de magia: ¡hay que cultivarla!, pues si los jóvenes no van a consolidar al interior de sí espíritus democráticos, ¿qué tipo de democracia coadyuvarán a construir hoy y mañana?

En las circunstancias actuales es poco probable que se produzca renovación de liderazgos políticos portadores de visiones de país diferentes a las desgastadas con las que nos enfrentamos hoy en día. Los liderazgos se construyen en las prácticas y las reflexiones permanentes, en la constitución de grupos, de movimientos circundantes a proyectos comunes, a sueños y a estrategias compartidas. Si no hay oportunidad de hacer eso, difícilmente podrán surgir torrentes de renovación ideológica y prácticas políticas.

La juventud es el terreno más fértil desde donde se debe construir democracia; los jóvenes deberían ser actores prioritarios en la práctica política, a partir de sus escenarios más inmediatos y llegando hasta las instancias más importantes de definición política vinculante. No olvidemos que Bolivia es un país con predominancia juvenil en su composición poblacional.

DESESPERANZA

Indiferencia o apatía representan poco ante la sensación de desesperanza o desmoralización que son extremos graves a los que ojalá no estén orillando los jóvenes de hoy respecto a la política.

La sociedad no puede vivir sin política pues es esta actividad la que le define sus rumbos, la organiza, le plantea sus vías alternativas de vida en común. Si en los jóvenes cunde la desesperanza ¿qué proyectos políticos van a llevar a cabo ahora y también cuando tengan que asumir las responsabilidades políticas que el país de todas maneras les exigirá? ¿qué opciones de mejora de la sociedad podrán alimentarse a futuro si la juventud está inyectada de decepción, desconsuelo, frustración y desmoralización ante la política? Y hay que subrayarlo: no es sólo culpa de ellos.

Fotos Rina López

En los últimos años ha habido en Bolivia incorporación de jóvenes en la gestión pública pero ha sido sobre todo de índole administrativa, producto más de filiaciones partidarias o influencias familiares que resultantes de nuevas visiones políticas traducidas en renovación de liderazgos. Lo cierto es que gran parte de la juventud boliviana actual no está participando en forma efectiva en la política, no tiene espacios desde donde hacerlo, ni oportunidades reales, ni canales definidos. Si alguna actividad tiene en ese sentido es eventual, en períodos de elecciones (de manera forzada pues el voto es obligatorio), u ocasionalmente en momentos de convulsiones sociales en que se puede ver a jóvenes en calles y caminos protagonizando marchas, bloqueos o protestas de diversos tipos.

La sociedad tiene urgencia de renovar visiones ideológicas, construir utopías, modelos de vida política, sobre los cuales los jóvenes puedan involucrarse y aportar.

El Estado debe propiciar escenarios para la participación política de la juventud. Los partidos no deben acercarse a los jóvenes sólo en elecciones para después olvidarlos. La sociedad civil debe fortalecerse institucionalmente con la participación de la juventud.

Los jóvenes, por su parte, deben tomar conciencia de la importancia de la política en una sociedad y de que la democracia necesita la participación de ellos, ante lo cual y pese a las circunstancia adversas, conviene que se organicen, debatan, generen liderazgos, exijan mayor participación política; se informen más de lo que sucede en el país, estudien y busquen nuevas opciones ya que son ellos quienes por su fuerza, sus ganas de vivir y el futuro que tienen, son los más llamados a asumir la tarea de criticar a la sociedad que heredan y empeñarse por cambiarla.

Fotos Rina López
La juventud es un sector marginado de la política, sin duda; es la sociedad misma la que los margina y la que – paradójicamente – pedirá de ellos un nuevo país en el futuro.

Desde la desesperanza poco se podrá avanzar y, ¿cómo construir democracia con la exclusión de los jóvenes? (NA)




[1] Las reflexiones de este artículo son apreciaciones sueltas de la experiencia del autor como docente universitario de varios años en las materias “Comunicación Política” y “Opinión Pública” en la Carrera de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana, y también del contacto habitual que tiene su trabajo en radio con jóvenes que laboran o acompañan a sus padres en algunos mercados populares de la ciudad de Cochabamba; por lo tanto, no se pretende generalizaciones que vayan más allá de tales contextos.



JUSTICIA JUVENIL: de un modelo punitivo a un modelo responsabilizador y educativo
Rina López
Bolívia


En los últimos tiempos las instituciones que trabajan con la temática de adolescentes infractores de la ley están haciendo esfuerzos para cambiar la lógica de atención para pasar del enfoque punitivo a un enfoque responzabilizador y educativo. Generalmente, en el proceso judicial se enfatiza la sanción y pocas veces se piensa en otras medidas alternativas y socioeducativas.

La Justicia Penal Juvenil es uno de los temas pendientes en la agenda nacional boliviana, sin embargo las instituciones de la sociedad civil están exigiendo al gobierno el establecimiento de un sistema de justicia juvenil adecuado a las normas nacionales e internacionales, ya que actualmente en Bolivia los adolescentes que han cometido algún delito son juzgados como adultos y están en centros de privación de libertad de adultos.

Cuando un adolescente incurre en la comisión de una infracción o delito se establecen responsabilidades y se determinan medidas o penas a través de procedimientos distintos, según el marco normativo de cada país.

El tema de la justicia juvenil varía mucho según los países. En África, el robo pequeño cometido por un adolescente supone un castigo de cinco años como mínimo y en Suiza, cualquier daño supone una sanción que no puede pasar de un año.

En Bolivia, el Código del Niño, Niña y Adolescente denomina infracción a la conducta tipificada como delito en el Código Penal y es aplicable a los adolescentes de 12 a 16 años. El Código de Procedimiento Penal dispone el juzgamiento del adolescente que hubiera incurrido en un delito. Su responsabilidad es tanto civil como penal. El procedimiento que se aplica es el destinado para los adultos, con algunas modificaciones, observándose el respeto de las garantías y derechos fundamentales de todas las personas.

Frente a las debilidades que suelen tener las leyes en cada país, consideramos que no basta con modificar la ley sino las prácticas judiciales. La violencia hacia los niños, niñas y adolescentes es enorme; a veces desde el mismo momento de la detención preventiva empieza la violación de los derechos. La detención, muchas veces es utilizada por los jueces antes del juicio, como un modo de ejercer punición y no como un medio procesal para evitar la fuga.

En nuestro país, muchos jueces no suelen creer que pueda haber otras alternativas a la detención provisional. En algunos países, la detención preventiva no pasa de un día o unas horas.

Un aspecto importante a tomar en cuenta es la diferencia entre la justicia tradicional y la alternativa. La justicia tradicional es impuesta, enfatiza la culpabilidad, es punitiva pretendiendo sanar el mal con el mal, el autor es denunciado y la justicia divide la víctima del culpable, descuidando las necesidades de la víctima. En cambio la justicia alternativa es negociada, enfatiza la responsabilidad y la reparación del daño, busca compensar un acto delictivo, por lo tanto el acto es denunciado y la justicia se centra en las necesidades de la víctima.

En Bolivia todavía prevalece la cultura de la punición, del castigo que supone no solamente el maltrato físico y psicológico, sino también el maltrato cultural, ideológico y político. En los últimos años hay esfuerzos de cambiar la lógica del castigo y desarrollar un modelo responsabilizador y educativo.

La dimensión educativa se refiere a responsabilizar al adolescente de sus acciones y de las consecuencias de los mismos y no simplemente privarle de libertad. Asimismo, en esta línea educativa se pretende dar mayor atención a la víctima para que tenga la oportunidad de implicarse en la solución del conflicto que le afecta

Defensa de Niñas y Niños Internacional –Sección Bolivia, con el apoyo de la Generalitad de Catalunya, España - en 2003, organizó espacios de capacitación sobre Justicia Juvenil dirigidos a los operadores de justicia, representantes de atención, protección y defensa. Con esta iniciativa consideramos que ellos pueden convertir en justa una ley injusta. Los objetivos de la capacitación fueron: (1) conocer y profundizar los principios básicos de la Justicia Juvenil y las alternativas de intervención, (2) incorporar la Justicia Juvenil como una de las prioridades en las reformas legales y la ejecución de políticas públicas, dirigidas a los adolescentes en conflicto con la ley, (3) impulsar la aplicación y ejecución de medidas socio-educativas y (4) sentar las bases para el diseño de un Sistema Intersectorial de Justicia Juvenil.

En el trabajo que realiza Defensa de Niñas y Niños Internacional – Sección Bolivia la preocupación es minimizar la punición y maximizar lo educativo, modificando los modelos punitivos habitualmente aplicados para sancionar la comisión de infracciones por los adolescentes.


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