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La Revista de la Pátria
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IDÉIAS
EM REDE / IDEAS EN RED
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Los
estudios de la literatura caribeña en la actualidad[1]
Pura Emeterio Rondon
Venezuela

A
cultura caribenha surge de um complexo fenômeno histórico,
produto traumático e contraditório da destruição da
cultura indígena e da chegada dos escravos africanos.
Sua literatura, por sua vez, inscrita nesse cenário,
é variada, diversa, multilingüe e plural, abordando
uma riqueza de temáticas, como o cotidiano, a história,
a identidade e a música. Novos estudos, entretanto,
devem ser empreendidos, para estabelecer os aportes
da literatura caribenha à literatura universal.
Lo
primero que necesita tener quien le interese acercarse
al Caribe[2] , es disposición para abordar una realidad
absolutamente variada y compleja. Complejidad histórico-geográfica,
etnolingüística y cultural, socioeconómica. Porque el
Caribe es un calidoscopio donde se dan cita las diferentes
razas: amerindios, negros, blancos europeos, mestizos,
hindúes, chinos. Y consiguientemente, diferentes idiomas:
español, creole, papiamento, inglés, árabe, hebreo,
francés, taki, holandés. Diferentes religiones: católica,
budista, protestante, hindú, vudú. Son también diferentes
los regímenes y sistemas políticos: dictaduras civiles
y militares, caudillismo, presidencialismo, democracia
parlamentaria,socialismo. En la actualidad su estatuto
jurídico-político comprende: Estados independientes,
asociados, territorios metropolitanos de ultramar, colonias.
La heterogeneidad política de estos países es la culminación
de procesos históricos, paradójicamente de naturaleza
bastante homogénea: en el Continente las instituciones
coloniales garantizaron la disponibilidad de mano de
obra nativa sin someterla a la esclavitud. Así, a partir
de su independencia estos países consolidaron instituciones
republicanas y su economía evolucionó en un sentido
capitalista a partir de transformaciones internas, sin
obviar las inversiones extranjeras. Pero en las Antillas
el capitalismo nació del flujo del capitalismo foráneo
en términos de inversiones directas y de estímulos al
mercado.

La situación fue agravada por la fragmentación del área
y las limitaciones de sus espacios territoriales, pues
en el aspecto productivo indujo a homogeneizar el territorio
de cada entidad, con las consiguientes limitaciones
en su desarrollo. La producción de riqueza tuvo como
base la monopolización absoluta de los recursos humanos
y naturales para la realización de proyectos de las
metrópolis.
Fue así como la economía de plantación, junto al comercio
triangular se constituyó en eje central del sistema
económico caribeño. Se consolidó una economía extrovertida
hacia los mercados metropolitanos, con especialización
de las tierras y la tendencia a la concentración de
la propiedad. En la plantación trabajan esclavos y “contratados”,
quienes conformaban un estamento distinto sólo aparentemente
pues en la práctica eran tratados como esclavos.
Por otra parte, en general el poblamiento se inició
en los puertos y era a través de la administración portuaria
que se ejecutaban los proyectos concebidos en el extranjero.
El enraizamiento de esta práctica económica durante
los sucesivos imperios determinó dos males crónicos
en el Caribe insular: la debilidad del Estado y el colonialismo;
el desempleo, con su secuela: el exilio económico.
Y así, de este complejo fenómeno histórico, surge la
cultura caribeña, producto, más que ninguna otra, de
la contradicción. Nace lentamente, después, o casi simultáneamente
a la destrucción de otra cultura, la de los aborígenes
que habitaban esos territorios, la cual es sustituida
en un proceso de cambio y transformación, por aquella
que se crea a partir de los esclavos africanos que en
esa situación salen de su tierra y llegan a esos territorios.
Esto la convierte en una cultura traumática por partida
doble.
Gerard Pierre-Charles (1985:16) analiza ampliamente
el proceso de construcción de esta cultura de la resistencia:
Durante la conquista y la colonia, la violencia, la
agresión y el despojo dominaron el espacio antillano
en todas sus dimensiones e instancias: producción de
bienes materiales, organización social, con modos de
pensar y de vivir, visión del mundo, de la naturaleza
y del hombre, creación cultural, ideológica y artística.
Contra esa empresa totalizadora de aniquilamiento, dirigida
por el hombre blanco contra la población indígena y
luego contra los hombres de raza negra, los pueblos
oprimidos fueron imponiendo una praxis, una filosofía,
una cultura de la resistencia. Entre el universo y la
cultura de la opresión y aquel mundo subyugado se fue
forjando una contracultura, nueva creación de la inteligencia
y la supervivencia; esta cultura, procedente de la matriz
civilizadora africana, experimentó un largo y complejo
proceso de regerminación en este entorno ecológico antillano.
Antonio Benítez Rojo (1989:XlV) emplea otro lenguaje
para hablar de la cultura caribeña. Utiliza la teoría
del caos para explicar su complejidad y singularidad.
A la vez crea un lenguaje lleno de imágenes expresivas
y muy sugerentes de lo que es y sobre todo de lo que
significa el Caribe en sí y de lo que proyecta o puede
proyectar:
La cultura caribeña, al menos el aspecto de ella que
más la diferencia, no es terrestre sino acuático; una
cultura sinuosa donde el tiempo se despliega irregularmente
y se resiste a ser capturado por el ciclo del reloj
o del calendario. El Caribe es el reino natural e impredecible
de las corrientes marinas, de las ondas, de los pliegues
y repliegues, de la fluidez y de las sinuosidades. En
fin de cuentas es una cultura de meta-archipiélago;
un caos que retorna. ¿Cómo describir la cultura caribeña?
Si hubiera que responder con una sola palabra diría:
actuación. Pero actuación no sólo en términos de representación
escénica sino de ejecución de un ritual, es decir esa
cierta manera con que caminaban las dos negras viejas
que conjuraron el apocalipsis. Esa cierta manera expresa
el tono mítico, mágico si se quiere, de la civilizaciones
que contribuyeron a la formación de la cultura caribeña.
Es ese el panorama donde se inscribe la literatura caribeña,
una literatura que se desarrolla con las modalidades
inherentes a su procedencia: variada, diversa, multilingüe,
plural. Ella reelabora, ficcionaliza la realidad múltiple
y contradictoria, compleja, de este micromundo. Por
eso su sistematización requiere herramientas de análisis
propias, que den cuenta de ella, desde sí misma, pues
como plantea Françoise Perus (El caribe en su literatura,
Pura Emeterio Rondon y Dinapiera di Donato, compiladoras.
Asociación Venezolana de Estudios del Caribe, Caracas,
1999:35) a propósito de nociones como la de “representación”,
“autor”, “texto”, “personaje”, “influencias”...,
(...) En esta perspectiva la pregunta - implícita
o explícita - a la que tendríamos que contestar no es
de la «universalidad» o no «universalidad» de la literatura
caribeña, ni tampoco de su «originalidad» o su «mimetismo»
respecto a otras literaturas u otras formas canónicas.
Consiste más bien en tratar de dilucidar, demostrar
y defender los aportes específicos de los escritores
caribeños en el todo vivo de la cultura y de la literatura
en devenir, contribuyendo con ello a la reformulación
de las perspectivas y a la renovación de los instrumentos
de análisis.

TEMAS RECURRENTES EN LA LITERATURA CARIBEÑA
Sin pretender agotarlos se puede señalar algunos temas
recurrentes en la literatura Caribeña: la errancia,
el cimarronaje, lo racial, el exilio, la cultura del
azúcar, la vida en las plantaciones, el vudú y otras
manifestaciones mágico-religiosas afines; el retorno
al Africa, la presencia simultánea de las culturas oral-popular
y letrada. A esta temática hay que añadir la creación
de importantes movimientos de hondas raíces caribeñas
como el negrismo en Cuba, la negritud en Martinica,
el postumismo en la República Dominicana y el indigenismo
en Haití.
Dentro de este aspecto cabe destacar la oralidad. La
literatura caribeña está especialmente permeada por
la oralidad, como envoltura habitual del discurso en
todos los niveles. Es así, tanto expresión prioritaria
de una cosmovisión, como cauce de un estilo, generado
en el seno de un conglomerado en el que la mentalidad
escritural no es prevalente. Esta oralidad tiene, por
supuesto, fuentes culturales muy variadas: indígena,
hispánica, africana, como las fundamentales, no únicas.
Dentro de estos espacios culturales, la oralidad con
la que se expresa la literatura cuenta con distintas
fuentes: la literatura oral, el lenguaje coloquial,
el refranero... Y sobre todo ella deja ver la marca
de una forma concreta de «ver» y de situarse ante la
vida, o sea, de una mentalidad oral, según el concepto
que plantea Walter Ong (1987).
El referente histórico es otro elemento clave en la
producción literaria del Caribe. Este se elabora muy
frecuentemente desde lo intrahistórico, desde el otro
lado de la historia. No desde los protagonistas, sino
desde los agonistas, aquellos que la padecen y no la
«construyen». No es, por tanto, una historia de héroes
sino de antihéroes en cuanto víctimas. Esta historia
cuenta el dolor, la tristeza, la rebeldía, junto a la
esperanza. Una esperanza que pasa por la experiencia
de hechos históricos que permean la vida y la conciencia
de los individuos\personajes. Estos hechos se superponen
a la vida privada, haciendo que cambie de rumbo, sin
que éste pueda influir en su curso, ni individual, ni
colectivamente.
Es por otra parte una literatura en la que lo mítico
en toda su amplitud, entra, no como una simple mención
de la realidad modelizada, sino revistiendo con bastante
frecuencia un carácter estructurante. A este propósito
son muy elocuentes obras como Compadre Mon, (1940)
del dominicano Manuel del Cabral, Yelidá (1940)
de Tomás Hernández Franco, también dominicano: Gobernadores
de rocío, (1944) del escritor haitiano Jacques Roumain,
para nombrar sólo algunas. Precisamente, es ésta una
dimensión ya esbozada por Alejo Carpentier en El
reino de este mundo (1949).
Como ya se ha anotado, con expresiones muy variadas
son también constantes las marcas de una reflexión,
búsqueda, o afimación de la identidad, por diferentes
vías: en unos casos, por lo racial, como en Yelidá;
en otro lo lingüístico-cultural, como en la poesía de
Derek Walcot, en otro, lo histórico, como en Carpentier.
En otros casos es lo telúrico como en el Compadre Mon,
de Manuel del Cabral o en Canto para un Equinoccio,
de Saint John Perse. En esta forma se pone de manifiesto
esa unidad en la pluralidad propia del Caribe, que registra
la literatura, tal como lo destaca Andrés Bansart: (1992:3)
Los escritores caribeños componen sus textos en español,
holandés, inglés y francés, en creole o papiamento.
Las lenguas son diferentes pero el lenguaje es el mismo.
Todos se alimentan en la fuente de la oralidad.
Los escritores caribeños se expresan en diversos
idiomas, pero su grito es uno solo. Se expresan en diversos
idiomas pero cuentan la misma Historia nunca contada.
Se expresan en diversos idiomas pero cantan un mismo
canto, un canto polifónico, un solo canto.
Los escritores de las diferentes islas, de diversos
idiomas, de razas algunas veces opuestas van convergiendo
en una misma construcción. Su mayor preocupación es
la problemática de la identidad (...) El verbo poético
tiende a unir ahora lo que estaba desunido, en cada
isla y entre las diversas islas. Los escritores creen
en una armonía posible. Aparte de los temas señalados,
hay otro fenómeno compartido con la literatura hispanoamericana
en general, a partir de la década del 70, es la tematización
de la música popular y sus intérpretes: La guaracha
del macho Camacho y La importancia de llamarse Daniel
Santos, del escritor portoriqueño Luis Rafael Sánchez;
Sólo cenizas hallarás, del dominicano Pedro Vergés,
Perfume de gardenia de la escritora Venezolana
Laura Antillano, Yo soy la rumba, del también
Venezolano Angel Gustavo Infante ...[3]
ESTUDIOS A SER REALIZADOS
Ahora bien, para quienes nos dedicamos al estudio de
la literatura caribeña, la enumeración de una temática
recurrente supone sólo el comienzo o punto de partida
posible en el camino de la historiografía y crítica
de esta literatura, pues sabemos que en el arte la forma
es significativa y además se articula al contenido como
parte de la totalidad.
Por lo tanto es necesario atender a las formalizaciones
particulares de estos temas. Pero además es preciso
realizar estudios comparativos que permitan sistematizar
los elementos comunes de las literaturas caribeñas,
por encima de diferencias políticas, lingüísticas y
culturales. Así podemos ir estableciendo la manera en
que esta literatura da cuenta de la compleja realidad
caribeña y cómo expresa su aporte específico a la literatura
y a la cultura universal. (NA)
[1]
Este
trabajo forma parte del que desarrollamos en el proyecto
“Estudio Comparativo de Literaturas del Caribe, C.l-5-1202-0757-96,
del Grupo de Investigación de Literatura Caribeña del
Departamento de Filosofía y Letras de la UDO.
[2]
Esta investigación parte de una concepción amplia del
Caribe para la cual se integran los aspectos geográficos,
históricos y culturales. Por tanto nos referimos tanto
al Caribe insular como al continental, si bien hay ciertos
aspectos, como la economía de plantación y la preeminencia
de la raza negra, que se destacan más en el primero.
[3]
Moraima Rojas y Norys Alfonzo de Pérez han realizado
estudios interesantes acerca de esta corriente novelística.
Moraima Rojas presentó el trabajo “El culto literario
al ídolo popular” como tesis de maestría en la Universidad
Pedagógica Libertador, Instituto Pedagógico de Maturín,
en 1998 y Norys Alfonzo de Pérez
presentó como trabajo de Ascenso, “La literatura de
la nostalgia: entre la cultura de la rockola y el culto
al ídolo”, en la Escuela de Humanidades y Educación
de la UDO, en 1997.
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