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L
a Revista de la Pátria Grande


EM DEBATE / EN DEBATE

Construcción de la democracia en América Latina
Límites y posibilidades del sistema representativo actual

René Cardozo C.
Bolívia


Foto João Ripper
Os conflitos sociais na América Latina dão mostras do descontentamento generalizado da população perante um sistema político sem alternativas para resolver os diferentes problemas dos países. O momento atual se apresenta como fundamental para a conscientização cidadã da necessidade de mudança de alguns mecanismos da democracia: desde a implementação de propostas graduais e constitucionais, até a total recomposição do sistema político, a partir de uma re-fundação republicana. Contando, claro, com recursos humanos dispostos a conduzir a democracia ao serviço do bem comum
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Los conflictos sociales en varios países latinoamericanos son una señal inequívoca de la necesidad de un cambio: cambios en el sistema político y en la propia manera de gobernar; cambio en la política económica que agranda en demasía la brecha entre un sector socialmente favorecido y uno excluido; cambio en la actitud discriminatoria de muchos ciudadanos frente a las mayorías pobres. Todo ello agravado por el desencanto generalizado de un ciudadano que cuestiona la legitimidad del modelo democrático.

En un debate abierto en torno a la viabilidad e inviabilidad de nuestra democracia, no cabe duda que las movilizaciones sociales ponen de manifiesto muchas falencias de nuestro sistema político, y al mismo tiempo, abren nuevas perspectivas de cambio.


EL DESCONTENTO CIUDADANO


Los conflictos sociales evidencian lo que muchos analistas habían anticipado: existen varias sociedades en nuestros países que parecen ir a diferentes velocidades. En esta pluralidad de realidades, unos sectores se benefician más de la modernidad, mientras que otros quedan al margen; unos muestran la pobrísima realidad rural y engrosan los suburbios, mientras que otros viven en enmurallados condominios.

Por otra parte, los conflictos sociales no hacían sino expresar el enorme desencanto de la población frente a sus gobernantes. Se generalizaba en la población una progresiva pérdida de confianza en el accionar de la clase política. El ciudadano de a pié mostraba una actitud de rechazo a las constantes señales negativas de un sistema político más abocado al aprovechamiento de los instrumentos de poder. La “democracia pactada” no otorgaba los réditos que se esperaban, la precariedad, tanto económica como social, continuaba alimentando los problemas de la población. De alguna forma la democracia degeneraba en una cierta partidocracia donde el sistema político se alejaba progresivamente de las demandas ciudadanas.

El descontento generalizado respondía, así, a una situación de crisis en la que el sistema político no lograba canalizar adecuadamente las demandas ciudadanas, y por lo tanto no llegaba a satisfacer las necesidades de la sociedad. Al mismo tiempo, este sistema se mostraba incapaz de generar políticas efectivas que otorguen alternativas viables a los distintos problemas del país. La ciudadanía, poco a poco, se fue mostrando desconfiada de una clase política que parecía enfrascada en enfrentamientos partidarios y en el reparto de las instituciones públicas.


EL NAUFRAGIO DE LA REPRESENTATIVIDAD DEMOCRÁTICA


El descontento ciudadano ha despertado muchas preocupaciones. Una de ellas, quizá la más importante, gira en torno a la deslegitimación de la representatividad en nuestro sistema democrático. Nuestros dirigentes nacionales, democráticamente elegidos, han perdido la capacidad de representación de los intereses sociales. Varias reivindicaciones sectoriales buscan, en consecuencia, otras mediaciones que hagan escuchar su voz.

Por esto, la vía protestataria, utilizando las mediaciones cívicas, ciudadanas y sindicales, ha sido privilegiada para el logro de este objetivo. Nuevas organizaciones sociales surgían con una gran capacidad de representación y movilización ciudadana. Algunas de ellas, ni siquiera tenían la personería jurídica que las reconociera legalmente.

Se trataba, por lo tanto, de una crítica al propio sistema político en su estructura y funcionamiento. Las Instituciones que componen este sistema se habían alejado progresivamente de la sociedad en su conjunto. La representatividad del sistema se había reducido a la formalidad de la participación electoral. Esta representatividad carecía de canales adecuados a la hora de establecer políticas públicas y de Estado. La representatividad carecía de un elemento importante como es el de la participación.

Esta crisis de representatividad era también fruto de una pobre actuación de la clase política que desprestigiaba su función. El sistema de representación quedaba excesivamente ligado a la actividad de los partidos políticos y en muchos casos, los dirigentes democráticamente elegidos preferían seguir consignas partidarias que velar por el bien común de la sociedad y canalizar efectivamente sus demandas.

Este aspecto se fue agravando por un comportamiento excesivamente coyuntural y electoral de los diferentes partidos políticos. Ello sumado al desprestigio de muchas de sus figuras y a los repetidos actos de corrupción. La profesionalidad, y la ciudadanía, de los que podían ocupar esos cargos administrativos se vio opacada por la preeminencia de los acuerdos partidarios.

Foto João Ripper

En esta crisis, es evidente que son los partidos políticos los que sufren con mayor rigor este desprestigio. Por ello, este desprestigio de los partidos políticos frente a la ciudadanía colocaba en crisis al propio sistema democrático. Los ciudadanos optaron por un reclamo cada vez mayor para que la representatividad se ejerza no solamente mediada por los partidos políticos, sino por toda institución de la sociedad que represente legítimamente los intereses de la población.


LA CRISIS DE LAS MEDIACIONES Y EL NUEVO ROL DE LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Esta corriente ciudadana refleja un proceso que en los últimos años, se ha ido expresando en la exigencia de una mayor participación y fiscalización de la sociedad en el gobierno, y en el sistema político en su conjunto. Muchos analistas habían destacado la necesidad de que el sistema político incorpore a la sociedad civil en la elaboración y ejecución de las políticas públicas. Ello pretendía la construcción de un sistema político más participativo y en el que los ciudadanos puedan tener un rol dinámico en el desarrollo nacional. Ello exigía el abandono de la acción política tradicional, basada sobre todo en la participación electoral y en la utilización partidaria de los instrumentos del poder. Esta nueva forma de hacer política exigía también un programa de gobierno que proponga políticas destinadas al desarrollo integral del país. La administración del Estado debía ser despartidizada para posibilitar una acción eficaz en la elaboración y en la ejecución de las políticas públicas.


EL DESAFIO DE LA APERTURA Y LA TRANSFORMACION


El ciudadano común - ese ciudadano que trabaja todos los días, ese ciudadano que gana el pan con el sudor de su frente - siente una profunda frustración al ver las enormes limitaciones de nuestro sistema democrático. Sin duda, las exigencias de participación son también las exigencias de una mayor sensibilidad y eficiencia de la función pública. Se requieren señales que devuelvan la confianza a una población que ha apostado por un sistema que no llega a responder a sus necesidades básicas.

Foto João Ripper

Por ello, el sistema político está frente al desafío del cambio. Pero este cambio no solamente debe reflejarse en la arquitectura institucional, sino en las personas que sepan llevar estas instituciones a este objetivo. Al fin y al cabo, el viejo adagio dice: “la palabra conmueve; el ejemplo convence”. Por ello, a la hora de trazar reformas es necesario que se cuente con el elemento humano que pueda llevarlas a cabo. La reforma debe partir del propio ejemplo que los dirigentes democráticamente elegidos puedan dar a partir de sus propias conductas. Las reformas en el papel no serán completamente creíbles si no se dan las señales concretas que hagan ver a los ciudadanos que la clase política ha cambiado su manera de actuar y refleja, en sus acciones, esta nueva manera de hacer política.

Estamos en un momento sumamente importante para nuestra vida democrática. Los planteamientos de reforma del sistema político van desde las propuestas graduales y constitucionales, hasta las más radicales que plantean una total recomposición del sistema político utilizando el mecanismo de una refundación republicana a partir de una Asamblea Constituyente. Las perspectivas futuras de cada una de estas alternativas dependerán en alto grado de la capacidad del sistema político de mostrar efectivamente su voluntad de transformación y adecuación a los nuevos desafíos que la sociedad le va planteando. Al fin y al cabo, muchas de las propuestas radicales de transformación y readecuación del sistema político parten de la sospecha sobre la incapacidad de la actual clase política para llevar adelante este cambio necesario.

La lucha contra la corrupción sigue siendo una tarea pendiente. Para el ciudadano común, la acción política es asociada al aprovechamiento personal de los bienes públicos. Si la democracia es un sistema flexible, autocrítico, de permanente transformación, es hora de que lo político sirva a lo social y no se sirva de él. Por ello una efectiva lucha contra la corrupción será una señal positiva a la ciudadanía para recuperar la confianza en un sistema representativo repetidamente cuestionado.

Sin duda la necesidad de cambiar muchos mecanismos de nuestra democracia es una necesidad ineludible. De ello no se sigue necesariamente la inviabilidad de nuestra democracia representativa. La democracia debe adaptar sus mecanismos y encontrar los recursos humanos que la conduzcan al servicio del bien común. La clase política tendrá un importante rol a jugar en este nuevo escenario.

Foto João Ripper

PARA TERMINAR

El camino que nuestras democracias deben recorrer es todavía largo. El contexto actual es un momento importante de concientización ciudadana sobre los numerosos problemas de nuestras sociedades y de nuestro sistema político. Al mismo tiempo, ellas deben abrirnos a nuevas perspectivas de cambio y transformación. Muchos desafíos quedan planteados y nos toca a todos los ciudadanos buscar las mejores alternativas para enfrentarlos. Ojalá esta toma de conciencia de nuestros problemas contribuya a la búsqueda de soluciones de fondo. (NA)

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