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La Revista de la Pátria
Grande |
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Construcción
de la democracia en América Latina
Límites y posibilidades del sistema representativo actual
René Cardozo C.
Bolívia

Os conflitos sociais na América Latina dão mostras do
descontentamento generalizado da população perante um
sistema político sem alternativas para resolver os diferentes
problemas dos países. O momento atual se apresenta como
fundamental para a conscientização cidadã da necessidade
de mudança de alguns mecanismos da democracia: desde
a implementação de propostas graduais e constitucionais,
até a total recomposição do sistema político, a partir
de uma re-fundação republicana. Contando, claro, com
recursos humanos dispostos a conduzir a democracia ao
serviço do bem comum.
Los
conflictos sociales en varios países latinoamericanos
son una señal inequívoca de la necesidad de un cambio:
cambios en el sistema político y en la propia manera
de gobernar; cambio en la política económica que agranda
en demasía la brecha entre un sector socialmente favorecido
y uno excluido; cambio en la actitud discriminatoria
de muchos ciudadanos frente a las mayorías pobres. Todo
ello agravado por el desencanto generalizado de un ciudadano
que cuestiona la legitimidad del modelo democrático.
En un debate abierto en torno a la viabilidad e inviabilidad
de nuestra democracia, no cabe duda que las movilizaciones
sociales ponen de manifiesto muchas falencias de nuestro
sistema político, y al mismo tiempo, abren nuevas perspectivas
de cambio.
EL DESCONTENTO CIUDADANO
Los conflictos sociales evidencian lo que muchos analistas
habían anticipado: existen varias sociedades en nuestros
países que parecen ir a diferentes velocidades. En esta
pluralidad de realidades, unos sectores se benefician
más de la modernidad, mientras que otros quedan al margen;
unos muestran la pobrísima realidad rural y engrosan
los suburbios, mientras que otros viven en enmurallados
condominios.
Por otra parte, los conflictos sociales no hacían sino
expresar el enorme desencanto de la población frente
a sus gobernantes. Se generalizaba en la población una
progresiva pérdida de confianza en el accionar de la
clase política. El ciudadano de a pié mostraba una
actitud de rechazo a las constantes señales negativas
de un sistema político más abocado al aprovechamiento
de los instrumentos de poder. La “democracia pactada”
no otorgaba los réditos que se esperaban, la precariedad,
tanto económica como social, continuaba alimentando
los problemas de la población. De alguna forma la
democracia degeneraba en una cierta partidocracia donde
el sistema político se alejaba progresivamente de las
demandas ciudadanas.
El descontento generalizado respondía, así, a una situación
de crisis en la que el sistema político no lograba canalizar
adecuadamente las demandas ciudadanas, y por lo tanto
no llegaba a satisfacer las necesidades de la sociedad.
Al mismo tiempo, este sistema se mostraba incapaz de
generar políticas efectivas que otorguen alternativas
viables a los distintos problemas del país. La ciudadanía,
poco a poco, se fue mostrando desconfiada de una clase
política que parecía enfrascada en enfrentamientos partidarios
y en el reparto de las instituciones públicas.
EL NAUFRAGIO DE LA REPRESENTATIVIDAD DEMOCRÁTICA
El descontento ciudadano ha despertado muchas preocupaciones.
Una de ellas, quizá la más importante, gira en torno
a la deslegitimación de la representatividad en nuestro
sistema democrático. Nuestros dirigentes nacionales,
democráticamente elegidos, han perdido la capacidad
de representación de los intereses sociales. Varias
reivindicaciones sectoriales buscan, en consecuencia,
otras mediaciones que hagan escuchar su voz.
Por esto, la vía protestataria, utilizando las mediaciones
cívicas, ciudadanas y sindicales, ha sido privilegiada
para el logro de este objetivo. Nuevas organizaciones
sociales surgían con una gran capacidad de representación
y movilización ciudadana. Algunas de ellas, ni siquiera
tenían la personería jurídica que las reconociera legalmente.
Se trataba, por lo tanto, de una crítica al propio sistema
político en su estructura y funcionamiento. Las Instituciones
que componen este sistema se habían alejado progresivamente
de la sociedad en su conjunto. La representatividad
del sistema se había reducido a la formalidad de la
participación electoral. Esta representatividad carecía
de canales adecuados a la hora de establecer políticas
públicas y de Estado. La representatividad carecía de
un elemento importante como es el de la participación.
Esta crisis de representatividad era también fruto de
una pobre actuación de la clase política que desprestigiaba
su función. El sistema de representación quedaba excesivamente
ligado a la actividad de los partidos políticos y en
muchos casos, los dirigentes democráticamente elegidos
preferían seguir consignas partidarias que velar por
el bien común de la sociedad y canalizar efectivamente
sus demandas.
Este aspecto se fue agravando por un comportamiento
excesivamente coyuntural y electoral de los diferentes
partidos políticos. Ello sumado al desprestigio de muchas
de sus figuras y a los repetidos actos de corrupción.
La profesionalidad, y la ciudadanía, de los que podían
ocupar esos cargos administrativos se vio opacada por
la preeminencia de los acuerdos partidarios.

En esta crisis, es evidente que son los partidos políticos
los que sufren con mayor rigor este desprestigio. Por
ello, este desprestigio de los partidos políticos frente
a la ciudadanía colocaba en crisis al propio sistema
democrático. Los ciudadanos optaron por un reclamo cada
vez mayor para que la representatividad se ejerza no
solamente mediada por los partidos políticos, sino por
toda institución de la sociedad que represente legítimamente
los intereses de la población.
LA CRISIS DE LAS MEDIACIONES Y EL NUEVO ROL DE LA
PARTICIPACIÓN CIUDADANA
Esta corriente ciudadana refleja un proceso que en los
últimos años, se ha ido expresando en la exigencia de
una mayor participación y fiscalización de la sociedad
en el gobierno, y en el sistema político en su conjunto.
Muchos analistas habían destacado la necesidad de que
el sistema político incorpore a la sociedad civil en
la elaboración y ejecución de las políticas públicas.
Ello pretendía la construcción de un sistema político
más participativo y en el que los ciudadanos puedan
tener un rol dinámico en el desarrollo nacional. Ello
exigía el abandono de la acción política tradicional,
basada sobre todo en la participación electoral y en
la utilización partidaria de los instrumentos del poder.
Esta nueva forma de hacer política exigía también un
programa de gobierno que proponga políticas destinadas
al desarrollo integral del país. La administración del
Estado debía ser despartidizada para posibilitar una
acción eficaz en la elaboración y en la ejecución de
las políticas públicas.
EL DESAFIO DE LA APERTURA Y LA TRANSFORMACION
El ciudadano común - ese ciudadano que trabaja todos
los días, ese ciudadano que gana el pan con el sudor
de su frente - siente una profunda frustración al ver
las enormes limitaciones de nuestro sistema democrático.
Sin duda, las exigencias de participación son también
las exigencias de una mayor sensibilidad y eficiencia
de la función pública. Se requieren señales que devuelvan
la confianza a una población que ha apostado por un
sistema que no llega a responder a sus necesidades básicas.

Por ello, el sistema político está frente al desafío
del cambio. Pero este cambio no solamente debe reflejarse
en la arquitectura institucional, sino en las personas
que sepan llevar estas instituciones a este objetivo.
Al fin y al cabo, el viejo adagio dice: “la palabra
conmueve; el ejemplo convence”. Por ello, a la hora
de trazar reformas es necesario que se cuente con el
elemento humano que pueda llevarlas a cabo. La reforma
debe partir del propio ejemplo que los dirigentes democráticamente
elegidos puedan dar a partir de sus propias conductas.
Las reformas en el papel no serán completamente creíbles
si no se dan las señales concretas que hagan ver a los
ciudadanos que la clase política ha cambiado su manera
de actuar y refleja, en sus acciones, esta nueva manera
de hacer política.
Estamos en un momento sumamente importante para nuestra
vida democrática. Los planteamientos de reforma del
sistema político van desde las propuestas graduales
y constitucionales, hasta las más radicales que plantean
una total recomposición del sistema político utilizando
el mecanismo de una refundación republicana a partir
de una Asamblea Constituyente. Las perspectivas
futuras de cada una de estas alternativas dependerán
en alto grado de la capacidad del sistema político de
mostrar efectivamente su voluntad de transformación
y adecuación a los nuevos desafíos que la sociedad le
va planteando. Al fin y al cabo, muchas de las propuestas
radicales de transformación y readecuación del sistema
político parten de la sospecha sobre la incapacidad
de la actual clase política para llevar adelante este
cambio necesario.
La lucha contra la corrupción sigue siendo una tarea
pendiente. Para el ciudadano común, la acción política
es asociada al aprovechamiento personal de los bienes
públicos. Si la democracia es un sistema flexible, autocrítico,
de permanente transformación, es hora de que lo político
sirva a lo social y no se sirva de él. Por ello una
efectiva lucha contra la corrupción será una señal positiva
a la ciudadanía para recuperar la confianza en un sistema
representativo repetidamente cuestionado.
Sin duda la necesidad de cambiar muchos mecanismos de
nuestra democracia es una necesidad ineludible. De ello
no se sigue necesariamente la inviabilidad de nuestra
democracia representativa. La democracia debe adaptar
sus mecanismos y encontrar los recursos humanos que
la conduzcan al servicio del bien común. La clase política
tendrá un importante rol a jugar en este nuevo escenario.

PARA TERMINAR
El camino que nuestras democracias deben recorrer es
todavía largo. El contexto actual es un momento importante
de concientización ciudadana sobre los numerosos problemas
de nuestras sociedades y de nuestro sistema político.
Al mismo tiempo, ellas deben abrirnos a nuevas perspectivas
de cambio y transformación. Muchos desafíos quedan planteados
y nos toca a todos los ciudadanos buscar las mejores
alternativas para enfrentarlos. Ojalá esta toma de conciencia
de nuestros problemas contribuya a la búsqueda de soluciones
de fondo. (NA)
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