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FESTEJEN
URUGUAYOS, FESTEJEN
Diversidade cultural permite convivência para se desenvolver
María del Rosario Alves Esteves
Docente
Álvaro Martínez Estudiante de Historia
Uruguai

No
domingo 31 de outubro de 2004, com a vitória da denominada
colisão de esquerda “Frente Amplo” nas eleições presidenciais
do Uruguai, um novo projeto político começa a ser
delineado, num país onde o desemprego, a miséria,
o êxodo, a enorme dívida externa e o aparelho produtivo
desmantelado são tristes e cotidianas realidades.
Conhecendo os limites e dificuldades que essa realidade
impõe, a esperança pela construção de um novo país
uniu o povo uruguaio.
“¡Festejen uruguayos, festejen!” fue la consigna
que daba el recién electo Presidente Vázquez a la
multitud de uruguayos y uruguayas que esperaban ansiosas
el resultado electoral en la noche del domingo 31
de octubre.
Y sin dudas que hay motivos para festejar. Ese día,
más de la mitad de los uruguayos se expresó por la
necesidad de un cambio; ese día por primera vez en
la historia de este “paisito”, otro partido, “la nueva
mayoría”, gobernaría por cinco años.
Los partidos Blanco y Colorado que fueron quienes
gobernaron hasta ahora serían reemplazados por el
Frente Amplio.[1]
“Tabaré,” como lo llama la gente, es un médico oncólogo
nacido hace 64 años en un barrio obrero de Montevideo.
En 1989 se constituye en el primer gobernante de izquierda
en la historia de Uruguay, siendo electo Intendente
de Montevideo. Compareció como candidato a la presidencia
de la República en las elecciones de 1994 obteniendo
el 30 % de los votos y de 1999 alcanzando el 40 %
de los votos. Su tercera participación fue el 31 de
octubre pasado, superando el umbral del 50 % de los
sufragios en elecciones que contaron con la participación
de alrededor del 90 % de los ciudadanos habilitados
para votar.[2]
Ese domingo fue un día de fiesta cívica y popular
“a la uruguaya”. El día amaneció con el movimiento
nervioso, pero sereno, de la gente trasladándose a
votar, con los autos, bicicletas y carritos embanderados
en el rojo, azul y blanco de la bandera del Frente
Amplio.
Pasadas las 21:00 hs., los candidatos de los partidos
tradicionales reconocían la victoria del Frente Amplio
y un mar de gente se volcaba a las calles de todos
los pueblos a expresar una alegría plena de esperanza
como hace muchos años que los uruguayos no podíamos
expresar.
No hubo violencia. No hubo vandalismo. En cambio hubo
muchos abrazos a desconocidos, muchas lágrimas, mucha
emoción, muchos recuerdos por los que tanto entregaron
por la victoria de “los de abajo” y se los extraña
para poder abrazar.
Esa fuerza política que ganó la elección y que a partir
del próximo 1º de marzo tendrá sobre sus hombros la
ardua tarea de empezar a cambiar este país, es una
coalición integrada por partidos y movimientos de
izquierda que nació hace 33 años cuando la crisis
económica y social auguraba la pérdida de la democracia
y la larga noche oscura que ocuparía el Uruguay durante
los 11 años de dictadura.
Algunos politólogos dicen que este triunfo de la izquierda
representa el fin de la transición iniciada con la
recuperación democrática de 1985. Para otros es “el
inicio del siglo XXI uruguayo”. Lo que parece claro
es que se trata del fin de una era dominada por partidos
políticos que olvidaron las necesidades y aspiraciones
de la gente y sólo se preocuparon por que “los números
cierren” aunque eso supusiera que junto con los números,
cerraran las fábricas, cerraran los establecimientos
rurales, cerraran los talleres y cerraran las casas
de los 120.000 uruguayos que debieron ir a la diáspora
en los últimos años por falta de trabajo y por la
pérdida de fe en un proyecto colectivo que permita
vivir y desarrollarse con dignidad.[3]
La misma noche del 31 de octubre, Tabaré decía a los
medios de prensa: “El Uruguay necesita que aunemos
nuestras fuerzas y que todos juntos, desde el lugar
que tengamos, desde el lugar que desempeñemos, unamos
nuestros esfuerzos para que en un tiempo no muy lejano
los uruguayos puedan vivir mejor y aquellos que están
fuera del país porque aquí no encontraron la forma
de vivir, de encontrar un trabajo, de desarrollar
su vida, de tener un futuro, puedan dentro de lo posible
volver al Uruguay.”
La tarea que se avecina para el nuevo gobierno no
será sencilla. El Uruguay que hereda el Frente Amplio
es un país con una deuda externa muy grande, con más
de la mitad de la población económicamente activa
desocupada o subocupada, con más de la mitad de los
niños naciendo por debajo de la línea de pobreza,
con un aparato productivo desmantelado, con una muy
erosionada inserción internacional... y podríamos
seguir agregando índices que muestran el verdadero
cataclismo social que provocaron los últimos gobiernos.
Eduardo Galeano, refiriéndose a los desafíos del nuevo
gobierno, decía en La Jornada de México que: “Fácil
no será. La implacable realidad no demorará en recordarnos
la inevitable distancia que separa lo que se quiere
de lo que se puede. La izquierda llega al gobierno
en un país roto, que en tiempos muy pasados estuvo
a la vanguardia del progreso universal y hoy hace
cola entre los de más atrás, un país fundido, endeudado
hasta los pelos y sometido a la dictadura financiera
internacional, que no vota pero veta.”
Hoy, pasado ya el festejo popular, cabe sentarse a
analizar cómo se logró esta victoria de los que no
tienen nada por sobre los dueños de todos los resortes
del poder.
Un senador del Frente Amplio y ex-guerrillero, “el
Ñato” Fernández Huidobro, dice que los uruguayos “parimos
como se debe” y que las madres y padres de esta criatura
son, a su vez, las criaturas del modelo impuesto en
los últimos 15 ó 20 años. Dice que “fueron y son
los millones de zapatillas gastadas, algunas con los
dedos afuera, los pies descalzos, los gritos de pocos
dientes, los obrajes y los galpones, las fraguas frías
y en silencio, los socavones abandonados, la mar indefensa
y olvidada, los cielos entregados y abiertos, las
muchachas esclavizadas por dos mil pesos (en el mejor
de los casos), ... y los profesionales bolicheros
o porteros; la gente de la cultura que vive de un
reparto de caramelos, el tambo que se funde produciendo
mientras hay niños comiendo pasto y especuladores
sedientos prendidos a la distancia que se mide entre
el pezón de la vaca y la boca del pueblo; los chacareros;
la ciencia en harapos de este país, paria de varios
gobiernos, les parió esta gloria a quienes tal vez
hoy sienten por primera vez en sus huesos el frío
de las chapas de cualquier asentamiento. La parieron
los cartones que los pobres usaron como escudo en
el invierno. La parieron los andamios y las grúas,
los desolados astilleros y las colas de donde los
viejos se llevan mil trescientos pesos.
Capítulo aparte merecen los del ostracismo: aquellos
a quienes ellos no quisieron dejar votar pero que
se les vinieron y, como un gran sarcasmo de la historia,
decidieron.
Está recién nacido el popular gobierno: nació como
es debido.”
La prosa, la poesía, el canto, los colores, los tambores
todo fue saliendo expresando la alegría de algo nuevo,
de un país que con su gente quiere volver a ser, quiere
vivir impulsado por la esperanza de un proyecto donde
cada uno tenga su lugar.
Somos conscientes de que no será ya, ni tampoco mañana;
que tendremos que poner todos de nuestra parte. Pero
estamos convencidos que por un proyecto de un Uruguay
nuevo todos podremos. Todos estaremos.
[1]
La denominación completa de la fuerza política ganadora
de las elecciones del 31 de octubre es Encuentro Progresista
– Frente Amplio – Nueva Mayoría, aunque popularmente
es designada por el nombre de la coalición de izquierda
Frente Amplio.
[2] En el mismo acto electoral, se plebiscitó una
reforma constitucional por la cual se declara al agua
como un bien público y su gestión en manos estatales.
Más del 60 % de los ciudadanos consagraron esta reforma
por la cual Uruguay establece en su Constitución el
agua como un derecho humano fundamental.
[3] Uruguay tiene una población de aproximadamente
3.300.000 habitantes y se calcula que entre 600.000
y 700.000 residen en el exterior.
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