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Tres
desafíos y dos certezas -
el trabajo educativo en un barrio de la zona norte
de Montevideo
Marcelo Morales
Uruguay
Mag.
Ed. Social; Área educación -
Organización San Vicente “Obra Padre Cacho”
cachoosv@adinet.com.uy

A Organización San Vicente “Obra Padre Cacho” (Montevidéu-Uruguai)
é uma organização de vizinhos, de promoção e desenvolvimento
comunitário social, que trabalha em três áreas: educacional,
moradia e com catadores de lixo. Avaliando o percurso
da obra educativa, se reflete acerca dos desafios
encontrados, que aumentam ao se tratar de um projeto
aberto que incorpora a comunidade e aposta no desenvolvimento
integrado, sem descuidar os conteúdos curriculares;
situação que se complexifica mais ainda na situação
de extrema pobreza em que se encontram seus atores.
Explicitam-se, também, as certezas construídas a partir
do trabalho realizado: a força do bom funcionamento
da equipe de trabalho, a aposta nas relações humanas
estabelecidas e numa atitude otimista em relação ao
futuro.
La ciudad de Montevideo cuenta con apenas un
millón y medio de habitantes, la mitad de la población
de Uruguay. A pesar de contar con territorio productivo
suficiente y la capacidad tecnológica necesaria, un
40% de la población se encuentra por debajo de la
línea de pobreza y unas 200.000 personas están en
situación de indigencia. Como en el resto de América
Latina, ante la falta de posibilidad de sobrevivir
en el medio rural las personas han emigrado hacia
las ciudades en búsqueda de mejores horizontes. Montevideo,
ciudad capital, se ha visto desbordada por esta migración
interna que se fue ubicando mayormente en su periferia,
originalmente barrios de obreros conformados alrededor
de fábricas, que hoy en su gran mayoría, están inactivas.
l barrio Cuenca de Casavalle (llamado genéricamente
Barrio Borro) ubicado en la zona norte de Montevideo,
es un claro ejemplo de esta situación. Conformado
por una mezcla de casas, cooperativas de vivienda
y ranchos de lata y cartón, es una de las zonas más
empobrecidas de la ciudad y del país. Un niño cada
dos nace en situación de pobreza hoy en nuestro país
y esta proporción aumenta cuanto más reducimos la
edad de referencia. No hay datos concretos para esta
zona, pero sabiendo que cuenta con uno de los índices
más altos de natalidad, cabe suponer que los índices
son bastantes peores que la media.
Nuestra Institución, fundada en la década de 1970
por el Padre Isidro Alonso (“Padre Cacho”), a partir
de las demandas de los vecinos de la zona, poco a
poco se va constituyendo como Organización.

Desde el 4 de setiembre de 1992 tras la desaparición
física del Padre Cacho, los vecinos asumen con responsabilidad
y compromiso su herencia: la Organización San Vicente
“Obra Padre Cacho” (OSV). La OSV es una organización
de vecinos, de promoción y desarrollo comunitario
local.
Desde la OSV, se gestionan diversos proyectos que
buscan la promoción y el desarrollo de tres grandes
áreas: educativa, vivienda y clasificadores. En su
metodología apuesta al trabajo comunitario de los
vecinos que se unen a partir de sus necesidades insatisfechas,
organizándose en comisiones y asambleas en búsqueda
de soluciones reales. Hoy participan activamente más
de 1400 familias en el desarrollo de sus comunidades
y grupos organizados, involucrados en diferentes proyectos,
siendo partícipes de su devenir histórico.
En el área educación se atienden a 500 niños y adolescentes,
a través de los Centros de Atención a la Infancia
y la Familia (CAIF), los Centros Abiertos y el Centro
de Orientación al Adolescente. En los CAIF se atienden
a los niños desde los primeros meses de vida hasta
los tres años, trabajando y buscando junto con la
familia “promover el desarrollo integral del niño”.
En los Centros Abiertos, se les ofrece a los escolares
un espacio con referentes especializados con el objetivo
de favorecer la permanencia en la escuela, mejorar
el desempeño escolar, desarrollar aptitudes sociales
y de convivencia, y disfrutar en forma plena de la
infancia. El Centro de Orientación al Adolescente,
acompaña desde un apoyo pedagógico y diferentes talleres
recreativos y/o productivos a aquellos adolescentes
que finalizaron su ciclo escolar y se insertan en
una propuesta educativa formal, ya sea de educación
secundaria o de capacitación técnica. Los centros
educativos se mantienen gracias a convenios con el
Estado a través del INAU (Instituto del Niño y el
Adolescente del Uruguay).
Llevar adelante cualquier propuesta educativa implica
gran variedad de desafíos. Hacerlo desde propuestas
abiertas y una concepción educativa que incorpore
a la comunidad, apostando por un desarrollo integral
que incorpore pero trascienda los contenidos curriculares
de la educación formal, aumenta el desafío. Y
hacerlo en situaciones de extrema pobreza nos mete
de lleno en situaciones complejas, donde la apuesta
por una educación que respete y promueva la dignidad
humana es un desafío ético y político. Consolidar
la propuesta educativa de la OSV es una tarea que
nos viene llevando varios años.
Hoy en día, todos los centros cuentan con equipos
técnicos estables y con infraestructura adecuada para
el desempeño se su labor. Los equipos se conforman
de acuerdo a la propuesta (y también la propuesta
la adaptan los equipos) integrando Educadores Sociales,
Maestros, Psicólogos, Recreadores y Trabajadores Sociales.
Cada centro cuenta con un proyecto, que cada año se
reelabora y sobre el cual se asienta la planificación
del año.
Desde el horizonte de la Convención de los Derechos
del Niño, intentamos avanzar en aspectos básicos vinculados
a la mera supervivencia como la atención de la salud
y la alimentación y en otros, igualmente importantes,
como el derecho a tener los espacios educativos propios
de la niñez y poder transitarlos en forma adecuada,
a disfrutar de ámbitos de juego y recreación, del
encuentro con otros niños y adultos, de actividades
creativas. En esta línea, nuestros centros se estructuran
en torno a 4 áreas principales de trabajo: el área
de educación formal, el área de salud y alimentación,
el área recreativa y el área de vinculación con la
comunidad.
En este tiempo hemos podido identificar algunos temas
que nos cuestionan permanentemente y que conviene
tener presentes para llevar adelante nuestro trabajo
de la mejor manera posible.
DE LA LUCHA CONTRA LAS URGENCIAS
En la vida cotidiana de estos centros pareciera reproducirse
una de las características de las personas con que
trabajamos, la aparición en forma permanente de urgencias
que traban e incluso nos impiden ocuparnos de cosas
importantes, pero postergables. Responder a las demandas
que se generan día a día sin perder capacidad de propuesta
es un reto permanente.
DEL DESGASTE Y EL LÍMITE DE LOS EQUIPOS
Trabajar en barrios en situación de pobreza no es
tarea fácil. El desaliento se encuentra a la vuelta
de la esquina y nos encontramos con desilusiones que
con sus sombras, ocultan los logros que día a día
vamos encontrando. Poner un límite a nuestra omnipotencia
entraña un dilema ético. ¿Cómo decirle a un niño
que nuestro centro no está capacitado para atenderle,
que nuestra propuesta no se puede adaptar a él y dejar
de lado a todos los demás sin haber intentado todo
lo posible? ¿Y cuánto es “todo lo posible”? No
lo podemos todo y eso es quizá lo más duro que tenemos
que asumir. Y asumirlo viene con una trampa, hay que
intentar todo lo posible y no descansarnos en la asunción
de nuestros límites.
DE LA SITUACIÓN ECONÓMICA
Los convenios con INAU permiten un mantenimiento
ajustado de los centros desde el punto de vista económico.
Esto trae una serie de dificultades vinculadas al
monto de los salarios (que dificulta la estabilidad
en el tiempo de los equipos) y a la cantidad y calidad
de materiales con que podemos contar. Hace dos años,
luego de la crisis bancaria (y social) que sufrió
nuestro país, nos vimos obligados a cerrar los comedores
de nuestros centros de escolares y adolescentes por
la imposibilidad de sostenerlos. Este es otro límite
difícil de asumir. Los escolares cuentan con comedores
en las escuelas (que de todos modos no logran satisfacer
la totalidad de la demanda) pero en el caso de los
adolescentes, educación secundaria no tiene implementada
ninguna política al respecto.[1]
Pero a lo largo de estos años hemos construido también
algunas certezas. La primera y principal de todas
es que los equipos deben ser la apuesta principal
ya que en el buen funcionamiento de los mismos radica
la posibilidad de enfrentar de la mejor manera posible
el desgaste del que hablábamos. En el equipo podemos
tomar distancia y vernos reflejados en nuestros compañeros
llevando entre todos a construir esa “medida” de lo
posible, una carga imposible de soportar solo.
Es también la única posibilidad que tenemos de construir
una distancia adecuada para el trabajo, que nos permita
estar cerca de las personas con que trabajamos y que
a la vez nos permita distanciarnos para pensar nuestra
prácticas. Es fácil quedar prendido en la realidad
de estas personas, es un desafío involucrarse sin
perder las energías imprescindibles para abocarse
a la tarea educativa.
Otra certeza es que nos debemos a la construcción
de nuevas miradas más abarcativas de la realidad,
integradoras, comprehensivas que resalten y reconozcan
a las personas por encima de las situaciones, que
sean capaces de establecer relaciones de cercanía
y de escapar a las categorías que sirven para pensar
pero que a veces nos encierran.

Una mirada comprometida, que sea “pesimista en el
análisis y optimista en la acción”[2]. Pesimista para
intentar recorrer todas las variables, adelantarnos
a los obstáculos, reconocer las dificultades. Y optimista,
porque no hay acción educativa que escape a lo incierto,
no podemos saber de antemano el resultado final de
nuestras acciones y no podemos hacer nada mejor que
destinarlas desde nuestro deseo, al mejor de los destinos.
Sabemos que la educación no revierte en si las situaciones
de exclusión (fuertemente vinculada a la situación
de pobreza material en este caso), pero creemos firmemente
que sin educación es imposible avanzar hacia la construcción
de una sociedad más justa, igualitaria donde todos
tengamos lugar. Una educación que luche por el reconocimiento
de la dignidad que entraña el ser humano y que apueste
por “ser más” tomando la expresión de Paulo Freire,
es condición necesaria para avanzar hacia esa sociedad
que soñamos. Hacerlo desde los más desfavorecidos
es nuestra opción.
(NA)
"Hay acciones minúsculas destinadas a un incalculable
porvenir”
María Zambrano
[1]
Cabe mencionar que el gobierno que asumió desde el 1º
de marzo, implementará un Plan de Emergencia que cubre
esta carencia.
[2] Ettore Gelpi, Pedagogo Italiano. Notas de
una Conferencia acerca del “Trabajo educativo con personas
adultas”, Huelva, setiembre de 2002. |