|
Reconfigurando
la gestión educativa
La pedagogía en la globalización y la contrarreforma
educativa
Marco Raúl Mejía J.
Planetapaz - Expedición
Pedagógica Nacional
Colombia

Neste momento histórico, a pedagogia e a formação
docente se constituem em novos espaços sociais e profissionais
de luta. É necessário romper com dualismos ora despedagogizantes,
ora universalistas, para reconfigurar a pedagogia
desde um olhar crítico, que nos permita enxergar a
crise dos sistemas pedagógicos e abrir-nos ao reconhecimento
de uma perspectiva metodológica plural. O campo da
gestão está em reconfiguração, necessitando construir
caminhos alternativos nas distintas esferas nas que
se produz educação.
Una
de las mayores dificultades que están presentes en
los procesos de globalización es la manera como asistimos
a una reconfiguración general de la educación, lo
que hace que la idea de gestión para estos tiempos
juegue en la ambigüedad de las formas que hicieron
posible el hecho educativo y pedagógico en las tendencias
de la escuela expansiva como modelo que se configuró
en nuestros países desde la década del 50 del siglo
anterior. Igualmente, toda la urgencia del cambio
educativo configurado en las tres generaciones de
reformas educativas que hemos vivido en los últimos
veinte años en nuestro continente, que ha llevado
a que 25 países tengan nuevas leyes de educación.
Pensar la gestión desde una mirada transformadora
significa no sólo la capacidad de cuestionar el modelo
vigente en los procesos de las nuevas leyes generales
de educación, sino también la capacidad de impugnar
la manera de la crítica que nos ha acompañado durante
el siglo anterior, agregando adicionalmente la confusión
generada por la modernización que el capitalismo ha
hecho en la refundación de su escuela para el nuevo
proyecto productivo y cultural en marcha. Es decir,
asistimos no sólo a una modificación de la escuela,
de su gestión, de sus contenidos, sino ante todo,
a una nueva manera de plantear la crítica para que
la escuela sea transformada no desde los intereses
modernizadores del capitalismo globalizado, sino desde
un horizonte de quienes pretendemos otra escuela,
otra educación para otra globalización, ésa que intentamos
construir desde el sur y desde abajo.
Plantear la gestión educativa hoy significa hacernos
preguntas de fondo por los contenidos escolares, por
los procesos y métodos que han favorecido esos contenidos,
por el tipo de cultura del conocimiento, por las formas
de la verdad. La manera como la transdisciplinariedad
en marcha plantea la salida de la lógica de las disciplinas
y la constitución de unas comunidades de aprendizaje,
que hacen real otras formas de los procesos escolares.
Los intercambios culturales que acontecen en las comunidades
de acción y pensamiento que constituyen la escuela,
la manera como las formas del tiempo y del espacio
que constituyeron los ejes de la escuela se conformaron
a lo largo del siglo XIX y XX, la transmisión oral,
la tiza, el tablero, los apuntes, los libros de texto,
los métodos frontales derivados de esto, los instrumentos
de comunicación del saber escolar, todos estos aspectos
constituyeron la función docente, que da forma al
sujeto de pedagogía constituido desde imaginarios
de conocimiento, ciencia, enseñanza, aprendizaje,
administración escolar, elementos todos que en este
entrecruce de caminos comienzan a ser replanteados.
GESTIÓN EDUCATIVA Y DESPEDAGOGIZACIÓN
La interpretación de los procesos pedagógicos de este
tiempo tiene su manifestación en una reducción que
se hace del debate sobre el componente pedagógico
en la contrarreforma educativa que instaura una despedagogización
de la educación, y del otro lado de la confrontación,
quienes se mueven en los enfoques, modelos y paradigmas
acumulados en la modernidad y que dan forma a las
diferentes visiones existentes en el campo de la pedagogía.
Sin embargo, quiero moverme en una tercera posición.
Al considerar que la pedagogía hoy es un campo transformándose
y por lo tanto en reconfiguración, ya que ella también
es afectada por los diferentes fenómenos científicos
y tecnológicos constitutivos de la globalización,
pudiera decir en una síntesis apretada, que allí está
la discusión sobre el conocimiento y la manera como
la forma de la ciencia, sus métodos, enfoques, teorías
y dispositivos son reestructurados desde diferentes
visiones, que han venido mostrando cómo los modos
de la construcción de lo científico y su entendimiento
han sido transformados.
Aparecen cuestionamientos a la manera de ser y forma
de existencia de un objeto de conocimiento como realidad
dada, cuestionándose la separación sujeto-objeto.
Igualmente, las modificaciones en la idea de tiempo,
apareciendo una simultaneidad plural y compleja que
transforma la idea de cambio rompiendo con la idea
de lo nuevo y del progreso. Estos replanteamientos
han afectado la racionalidad del mundo del conocimiento,
haciendo que prácticas, teorías, instituciones, que
tienen que ver con él sean reformuladas y reestructuradas
en los tiempos que corren[1] (certeza: Prigogine;
autopoiesis: Varela; experiencia: B. de Souza; complejidad:
Morin). Estas transformaciones en los modos de producción
del conocimiento traen consigo la emergencia de nuevas
figuras de razón que consiguen replantear los paradigmas
vigentes de elaboración de la ciencia, enfrentándonos
a la paradoja de que no hay una sola racionalidad
para pensar este cambio civilizatorio que vivimos.

Esas nuevas figuras del conocimiento se nos hacen
visibles en los desplazamientos que producen en la
base de procesos lógicos anteriores. Por ejemplo,
el computador, que tiene como materia prima las abstracciones
y las simbolizaciones, plantea una nueva relación
cerebro-información que supera la tradicional relación
hombre-naturaleza y hombre-máquina. Es así como esas
formas de conocimiento sacuden el conocimiento escolar.
Dice Simone[2] que el texto electrónico es una revolución
mayor que la de la imprenta; en cuanto ésta puso en
circulación textos ya existentes, el texto electrónico,
dice este autor, es más comparable al momento de los
cambios derivados de la invención del alfabeto.
Estos elementos producen una modificación en el saber
escolar de la modernidad, fundado sobre su centralización
institucional, con dispositivos de control técnico
y político muy precisos, y con unos sujetos poseedores
de él, que tenían el atributo del rango. Esto se ha
modificado por esas formas del aprendizaje de saberes
existentes en múltiples lugares de la sociedad, no
únicamente en la escuela (saberes mosaico), que modifican
el modelo de comunicación escolar presente en los
procesos pedagógicos, estableciendo por lo tanto ese
paso de lo senso-motriz a lo senso-simbólico.
Esa descentración de la cultura escolar[3], por los
procesos en marcha en la sociedad (tecnológicos, comunicativos,
corporales, cognitivos, institucionales) va a exigir
una readecuación de los procesos escolares, y por
lo tanto de los pedagógicos. Es curioso ver cómo la
discusión del tratado de libre comercio en la perspectiva
de la organización mundial del comercio, tiene un
alto contenido de uso de tecnología informática para
proyectos de educación a distancia, proceso que vehiculiza
por este medio la conversión de la educación en un
servicio.
Es en esa lógica de nuevo conocimiento y de una tecnología
que no puede separarse de las lógicas del mercado
neoliberal, con su profundización de la exclusión
social y de la construcción de nuevos grupos de desiguales
desde el acceso a esos desarrollos tecnológicos generando
los infopobres. Es ahí donde el capitalismo globalizado
ha intentado adecuar la escuela y refundarla para
ponerla a tono con las nuevas formas del conocimiento
colocado a su servicio, pero ante todo, para que cumpla
sus funciones en los nuevos requerimientos de la contrarreforma
educativa en marcha, en donde la información, el conocimiento
y la tecnología han pasado a convertirse en fuerza
productiva directa construyendo procesos de producción
que generan condiciones planetarias de competencia,
productividad y explotación.
Para ello ha realizado tres generaciones de reformas
educativas en los últimos 20 años:
a. Las leyes de la descentralización;
b. Las nuevas leyes de educación (122 en el
mundo, 25 en América Latina);
c. La contrarreforma educativa.
Es en esta última donde toma forma la despedagogización
de la formación docente, que no es sólo la adecuación
de las de segunda generación a la crisis fiscal, como
afirman algunos, sino el introducir los procesos de
organización y de racionalización neoliberal a la
escuela. La forma que toma esa despedagogización para
la práctica docente es una línea de exigencias donde
se reduce la pedagogía a los mínimos necesarios, de
los que se pueda apropiar cualquier profesional con
título universitario en un período de prueba de un
año para poder ser nombrado “maestro en propiedad”.

Esa posición no es más que la punta del iceberg manifiesta
en nuestra realidad de una corriente internacional
del currículo de corte estadounidense y que centra
a la profesión del docente en la “enseñabilidad”,
en donde sólo se puede enseñar a quienes están en
condiciones de aprender. Para ello, la base de la
acción educativa es “la disciplina que se enseña”.
La fuerza del contenido está en las “competencias
y estándares”, que adquieren forma curricular transversalizada.
En ese sentido, la pedagogía sería sólo las técnicas
que hacen posible su instrumentación, visible en la
competencia de desarrollar una clase y un programa
en su área del saber administrando el tiempo y el
espacio educativo.
Por ello se afirma que estamos en una involución pedagógica,
en cuanto es un retorno al instruccionismo instaurado
en nuestro medio a finales de las décadas de 1960
y 1970 por muchos de los universitarios becados en
la Universidad de Talahasse que regresaron a nuestros
países a dirigir las facultades de educación y a incidir
en ellas, lo que produjo en su tiempo un “currículo
a prueba de maestros” y que en la respuesta crítica
a él está uno de los orígenes del movimiento pedagógico
colombiano. Debemos afirmar que no es un retorno sino
es la configuración del campo de la enseñanza desde
nuevos parámetros que se mueven en el currículo conservador
norteamericano.
Como podemos ver con la reflexión anterior, la mirada
de la despedagogización es una de las concepciones
que trae hoy la reconfiguración del campo de la pedagogía
y es el camino por el que han optado los organismos
multilaterales en lo internacional y han acogido los
tecnócratas nacionales como parte de la inserción
en los procesos de la globalización capitalista y
neoliberal en marcha[4]. Allí nos encontramos frente
a un currículo instrumental modelo Siglo XXI, reduciendo
éste a planes de estudio, y a su vez éstos a estándares
y competencias, en el marco de una cultura única:
ciencia, tecnología y sociedad (los CTS) como núcleos
de un currículo apalancado en las nuevas tecnologías
de la comunicación y la información vistas como neutras,
elementos que traen consigo también una reestructuración
de todos los procesos de gestión que se dan al interior
de la educación.
Por ello, en este momento histórico, la pedagogía
es un nuevo espacio social y profesional de lucha.
La tentación es creer que la única salida es la manera
como la está resolviendo el sector hegemónico, o sea
la despedagogización. Por ello, la otra tentación
es la defensa de las pedagogías universales construidas
desde los paradigmas de la modernidad (alemán, francés
y sajón – en otros lugares también hablan del latinoamericano).
Es necesario salir de este dualismo, ponernos en camino
y entrar a la discusión para comenzar a construir
esa reconfiguración desde una mirada crítica, que
a la vez que nos permita reconocer la crisis de los
sistemas pedagógicos y de las formas universales de
la pedagogía sistémica, nos permita iniciar su reconstitución
desde formas y procesos alternativos, lo que significa
abrirse al reconocimiento de una perspectiva metodológica
plural, que como dice Olga Lucía Zuluaga, sin abandonar
su campo sea capaz de ir a esos otros campos configurados
y en transformación para buscar y negociar sus conceptos
y propuestas más allá de configuraciones paradigmáticas
cerradas, y en esa disputa nos lleven a nuevas configuraciones
del conocimiento y de su apropiación.[5]

LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO CAMINO: LA CENTRALIDAD
DEL MAESTRO
En la experiencia de la Expedición Pedagógica Nacional
(de Colombia) ha ido emergiendo y haciéndose visible
una reconfiguración en la cual la práctica pedagógica
de los maestros se convierte en un campo reflexivo,
dando paso por esta vía a la constitución de una política
de la experiencia, donde emerge un maestro que se
constituye en sujeto de saber desde su territorio
produciendo una re-territorialización de la pedagogía.
Estos maestros tienen como particularidad hacer visible
la emergencia de esos saberes pedagógicos propios
que se han liberado del aprisionamiento que les producían
los paradigmas, los enfoques y los modelos universalistas,
recomponiendo su práctica desde pedagogías no universales,
muchas de ellas híbridas, en diálogo y confrontación
con esos saberes constituidos, dando forma a las geopedagogías
que tienen su explicación en la localización no sólo
geográfica, sino categorial, que les da un carácter
y una identidad a esas formas y prácticas locales
de la pedagogía[6].
Este maestro constructor de geopedagogías rompe la
concepción que lo colocaba como portador de saber,
asumiéndose como productor que lee e incorpora la
realización de sus prácticas como experiencia, realizando
un acto de pensamiento y de saber sobre una práctica
que le es propia, en cuanto profesional de la educación,
instaurando la pedagogía como un territorio propio
y amplio, en donde él produce su práctica, su saber,
su experiencia con su comunidad de saber, configurándose
así como sujeto de poder y de saber.
Esto implica también un replanteamiento de los sistemas
de formación de docentes, tanto en sus métodos como
en los contenidos. Hoy, por la despedagogización,
la política de formación se convierte en un nuevo
campo de lucha, ya que desde esta visión se ha venido
convirtiendo en un puro adiestramiento técnico para
el funcionamiento instrumental, abandonando la reflexión
de sentido y epistemológica inherente a la pedagogía
como un hecho social de saber. En ese sentido, tampoco
es un retorno a la pedagogía como esencia, buscada
en las formas universales de ella.
Inicia la rebelión de sí mismo desde esa práctica
que lo dota de una nueva subjetividad para constituir
la rebelión del aula, desde la geopedagogía como lugar
básico y central para la confrontación del proyecto
educativo, cultural, social y político pedagógico
en marcha, convirtiendo parte de su experiencia en
una nueva forma de lo político-pedagógico en la sociedad
actual e inaugurando las luchas de resistencia desde
los bordes (nueva configuración de la escuela) contra
la despedagogización propuesta por la organización
central de las políticas educativas.
También se generan iniciativas como la del Instituto
Superior de Pedagogía, que en algunas de sus concepciones
rompiendo los cánones académicos lo piensa como un
gran acuerdo de grupos que tienen en la pedagogía
un saber con el cual disputar en la sociedad de estos
tiempos un sentido para ello. En las discusiones preliminares
han estado involucradas algunas universidades, cooperativas
del magisterio, asociaciones gremiales, intelectuales
de ONGs y se plantea ampliar este espectro para construir
esta propuesta como una de las centrales de oposición
al proyecto de despedagogización.
Como vemos en estas cortas reflexiones, el campo de
la gestión bajo sus múltiples interpretaciones: administrativa,
pedagógica, curricular, académica, está en reconfiguración.
Trabajarlo por parte de quienes nos seguimos moviendo
en un pensamiento alternativo y transformador significa
la capacidad de entender la manera como el discurso
sobre la globalización en educación que intenta hacernos
creer que todo el sistema educativo debe ser colocado
al servicio de la manera como se realiza en el mundo
del norte esa globalización, conduciéndonos a estándares
y competencias universales. Esto significa una capacidad
no sólo comprensiva de lo que ellos pretenden colocarnos
como la nueva verdad educativa, sino el desarrollo
de unas potencialidades críticas que con gran capacidad
práctica es capaz de construir caminos alternativos
en las distintas esferas en las cuales se produce
el hecho educativo en estos tiempos y a través de
ellos hacer visible la emergencia de otras globalizaciones.
(NA)
[1]
Para avanzar en esta discusión, remito a autores
como Evelyn Fox Keller, Illya Prigogine, Michel Serres,
Boaventura de Souza, Humberto Maturana, entre otros.
Igualmente, a Alan Sokal y Jean Bricmont quienes en
su libro La impostura intelectual desde una de las concepciones
del marxismo más tradicional enfrentan y cuestionan
a estos autores de la llamada nueva ciencia.
[2] Simone, R. La tercera fase, formas de saber que
estamos perdiendo. Madrid. Taurus. 2000.
[3] Remito a mi texto: “La globalización educativa
reconstruye el sujeto de la modernidad”. En: Debates
sobre el sujeto. Perspectivas contemporáneas. María
Cristina Laverde (Ed.) Bogotá. Universidad Central –
DIUC, Siglo del Hombre Editores. 2004. Páginas 149-180.
Allí desarrollo 10 descentraciones: a) Educación a lo
largo de la vida; b) Una razón que no es única; c) Una
educación que no garantiza empleo; d) Una organización
del trabajo que se fragmenta; e) Medios masivos que
construyen nuevos imaginarios de lo público; f) El libro
ya no es el único vehículo cultural; g) Un profesional
sobre nuevas bases de acción; h) Lo público se globaliza;
i) La escuela pierde la hegemonía sobre el conocimiento;
j) Replanteamiento de los paradigmas pedagógicos.
[4] Pini, Mónica. Lineamientos de política educativa
en los Estados Unidos: debates actuales; significados
para América Latina. En: Revista Opciones Pedagógicas
No.25. Bogotá. Universidad Distrital Francisco José
de Caldas. 2002. Páginas 59-96.
[5] Zuluaga, Olga Lucía. Hacia la construcción de
un campo conceptual plural y abierto para la pedagogía.
Aproximaciones metodológicas. Fotocopia.
[6] Expedición Pedagógica Bogotá: Caminantes y caminos.
Bogotá. Universidad Pedagógica Nacional – Fundación
Restrepo-Barco.
Está
na hora de trocar dívida por educação
Jorge
Werthein
Representante no Brasil da Organização das Nações Unidas
para a Educação, Ciência e Cultura - UNESCO
A
decisão da Espanha de perdoar 60 milhões de euros da
dívida externa argentina para que esse montante seja
investido em educação, anunciado em janeiro deste ano,
é um exemplo de cooperação e solidariedade internacional
que deveria ser seguido por países credores e devedores
de todo o mundo.
Trata-se de uma iniciativa que põe a questão da redução
da dívida externa dos países em desenvolvimento em uma
estratégia mais ampla voltada para a promoção da educação
e o combate à pobreza em todo o planeta.
Traz à tona a esperança de que os países latino-americanos
consigam sucesso na articulação de uma política global
de apoio às nações endividadas, que os ajude a mudar
sua realidade educacional, por meio de investimentos
prioritários em educação básica, e a promover seu desenvolvimento
social.
A ofensiva política em favor da conversão da dívida
em investimentos em educação, iniciada em 2003, em fóruns
internacionais como a Conferência Geral da Unesco e
o Encontro Ministerial da OEA, e em reuniões no âmbito
do Mercosul – tendo à frente o Ministro da Educação
do Brasil, Tarso Genro, seu antecessor, Cristovam Buarque,
e o Ministro da Educação, Ciência e Tecnologia argentino,
Daniel Filmus – ganhou força com a decisão do governo
espanhol.
É preciso agora que os ministros da Educação e Finanças
do Brasil, Argentina, Uruguai, Paraguai, Bolívia e Chile,
que estão construindo uma proposta conjunta, envidem
todos os esforços políticos por uma profunda negociação
internacional com países credores e instituições financeiras
multilaterais tais como o Banco Mundial, o BID e o FMI.
Transformar a idéia da conversão da dívida em uma ação
prática que beneficie os parceiros do Mercosul requer
a firme decisão de cada um dos países de tratar o assunto
como uma prioridade nacional e como uma política global
de elevado alcance social.
Negociação semelhante já foi feita com sucesso, no passado
recente, por países como Costa Rica, Bolívia, Equador,
Guatemala e México, que conseguiram a conversão de parte
de suas dívidas em investimentos na conservação ambiental.
Os países em desenvolvimento enfrentam uma situação
muito difícil no que diz respeito ao endividamento interno
e externo, o que, aliado à necessidade de fortes ajustes
fiscais, vem colocando-os em um estado de escassez de
recursos públicos para investimentos em políticas sociais.
De acordo com o World Development Indicators 2004, do
Banco Mundial, a América Latina tinha, em 2002, uma
dívida externa de US$ 728 bilhões, um aumento de cerca
de 63% se comparado com 1990.
Grande parte dos países da região, como Argentina, Brasil,
Uruguai, Equador e Peru são classificados como países
severamente endividados. No caso de Argentina e Brasil
as dívidas correspondem, respectivamente, a 393% e 342%
do total de suas exportações.
O reconhecimento da insustentabilidade da dívida dos
países em desenvolvimento já foi feito pelas instituições
de Bretton Woods (FMI e Banco Mundial), ao lançarem
uma iniciativa para a redução do endividamento dos países
pobres (HIPC).
A necessidade de investimentos em educação e o seu comprovado
retorno social e econômico também já foram reconhecidos
pela comunidade internacional e pelas instituições financiadoras.
No Fórum Mundial de Educação (Dacar), em 2000, os Estados
participantes afirmaram que “não faltarão recursos para
a educação”. O Banco Mundial criou o ‘Education for
All: fast track initiative’ para promover a universalização
da educação básica por meio do fortalecimento de políticas
nacionais e incremento do financiamento externo.
Entretanto, o que se viu nos últimos anos foi uma queda
relevante no total da ajuda oficial ao desenvolvimento
voltada à educação. Os anos 2000 e 2001 registraram
o menor volume de ajuda bilateral à educação (abaixo
de US$ 8 bilhões por ano).
E isso ocorreu após a aprovação de documentos centrais
à cooperação internacional no novo século, como a Declaração
do Milênio, estabelecendo os Oitos Objetivos de Desenvolvimento
do Milênio, e o Consenso de Monterrey.
Há, portanto, um claro distanciamento entre compromissos
assumidos e ações práticas para possibilitar seu alcance.
É urgente que se reveja a questão do pagamento da dívida
externa e dos investimentos em educação nos países em
desenvolvimento, pois a cada dia torna-se mais visível
a necessidade de geração de conhecimento para se alcançar
o desenvolvimento sustentável.
O fator diferencial dos países que mais avançaram nas
últimas décadas foi justamente a atenção dada à educação,
que não pode mais ser considerada somente importante,
mas sim prioritária.
A construção de um mundo mais justo e pacífico passa
necessariamente pela igualdade de oportunidades de desenvolvimento
entre as nações ricas e países menos desenvolvidos.
Fonte: Jornal da Ciência, fev. 2005.
|