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Relaciones
comunitarias justas:
las
localidades latinoamericanas frente al proceso globalizador
Nivia Brismat [1]
México
nmbrismat@yahoo.com

As relações entre comunidade e globalização no contexto
da América Latina são analisadas em três perspectivas:
a reconstrução do debate em torno do local e o global;
a descrição dos efeitos não desejados desta relação;
e a definição de alternativas para a materialização
de uma efetiva governabilidade nas comunidades da
região.
Para los latinoamericanos de inicios del siglo
XXI suelen ser familiares las noticias sobre la presencia
de indígenas mexicanos o centroamericanos en el mercado
laboral de Estados Unidos, la inserción de diversas
localidades en los circuitos maquiladores mundiales,
y los procesos de descentralización que le han otorgado
mayor autonomía a los municipios de la región. Estos
fenómenos, aunque de naturaleza muy diferente, son
manifestaciones de las relaciones contradictorias
que se establecen entre el ámbito comunitario -entendido
como el plexo de relaciones económicas, políticas
y socioculturales locales al interior de los estados
nacionales- y el proceso de globalización.
A través de estas páginas se pretenden analizar las
relaciones entre comunidad y globalización en el contexto
de América Latina. Para ello, se han elegido tres
líneas analíticas que pueden contribuir a la reflexión
sobre el tema: la reconstrucción del debate alrededor
de lo local y lo global, la descripción de los efectos
no deseados de esta relación a partir de casos concretos,
y la definición de algunas alternativas para la materialización
de una efectiva gobernabilidad en las comunidades
de la región. Así, pretendemos contribuir modestamente
a la formulación de propuestas viables económicamente,
políticamente democráticas y, sobre todo, justas socialmente
en nuestras comunidades.
COMUNIDADES Y GLOBALIZACIÓN: LOS EFECTOS CONTRADICTORIOS
DEL ORDEN MUNDIAL CONTEMPORÁNEO
La reflexión sobre lo global y lo local se inscribe
en la discusión sobre las transformaciones mundiales
actuales, las cuales han sido bautizadas con el término
de globalización. A través de este concepto, confuso
epistemológicamente y profundamente polisémico, se
pretende dar cuenta de fenómenos que imprimen "velocidades"
diferentes a las esferas de la realidad y a los países
y regiones del mundo. En líneas generales, la globalización
tiene como manifestaciones más tangibles la liberalización
del comercio, la polivalencia de la producción, la
inusitada movilidad del sector financiero, y el desarrollo
vertiginoso de las nuevas tecnologías de la información.
Implica también, para muchos analistas, la preeminencia
del Mercado como mecanismo regulador en detrimento
de otras formas de coordinación social como la estatal.
En efecto, para autores como Jessop (1999), el Estado-Nación
experimenta un creciente proceso de fragmentación
y "vaciamiento". Aunque mantiene muchas de sus funciones
de dirección central, ya no detenta un control efectivo
sobre su población y territorio. Ello se debe al desplazamiento
de poderes hacia arriba (procesos de trasnacionalización),
hacia abajo (aumento de los poderes locales), hacia
fuera (nuevos desafíos impuestos por la sociedad civil)
y hacia adentro (redimensionamiento del sector público).
En la medida que la globalización le ha imprimido
un nuevo protagonismo a la dimensión subnacional (a
regiones, municipios y comunidades específicas), se
constata una mayor interdependencia entre lo transnacional
y lo local sin que medie necesariamente entre ambos
la acción estatal (proceso de glocalización
en términos del sociólogo R. Robertson). El proceso
de glocalización ha sido promovido en América
Latina por la dinámica capitalista, que ha insertado
a regiones y comunidades en los circuitos socioproductivos
mundiales, y también por los propios estados y organismos
internacionales como el Banco Mundial. Se espera que,
a partir de un mayor protagonismo económico y un creciente
proceso de descentralización, las comunidades sean
capaces de aprovechar sus ventajas comparativas para
generar mayor competitividad y crecimiento económico,
al igual que una utilización eficiente e innovadora
de los recursos administrativos con que cuentan.
La creciente interdependencia de lo local y la
dinámica globalizadora ha dado por resultado experiencias
positivas en algunos casos, pero también ha traído
aparejados muchos efectos no deseados que, hoy por
hoy, permiten concluir que la creciente globalización
de la región conforma un mosaico lleno de claroscuros.
EXPERIENCIAS LLENAS DE LUCES Y SOMBRAS: COMUNIDADES
EN GLOBALIZACIÓN
Al insertarse en la dinámica mundial, las comunidades
latinoamericanas traducen en lo local los efectos
contradictorios que acompañan a la globalización.
Ello se pone de relieve al examinar su inserción en
los circuitos económicos mundiales, los resultados
de los procesos de descentralización a nivel local,
y los cambios sociales e identitarios que experimentan.

La dinámica socioproductiva en la Frontera Norte de
México a partir de las industrias maquiladoras, la
inserción de comunidades centroamericanas en la producción
de bienes de consumo "ecológicos" y/o "étnicos", y
el despegue turístico en El Caribe, son ejemplos muy
citados de una inserción exitosa de América Latina
en el orden económico mundial. No obstante, también
constituyen paradigmas de los efectos contradictorios
de la interconexión entre lo local y lo global. Por
ejemplo, después de más de dos décadas de crecimiento
económico más o menos sostenido, la industria maquiladora
asentada en territorio mexicano ha comenzado a trasladarse
hacia territorios más "competitivos" como China, dejando
tras sí un ejército de desempleados y una escasa derrama
económica a otros sectores y regiones del país. Asimismo,
se verifica un desempeño económico magro y el incremento
de las desigualdades al interior de muchas comunidades
centroamericanas, con lo cual la obtención de un desarrollo
con equidad sigue siendo una expectativa a alcanzar
más que una realidad constatable (Lahtrop y Pérez
Saínz, 2004). También muchas localidades caribeñas
sufren de daños crónicos al medio ambiente por causa
de la explotación turística, con el peligro de que
nuestros paraísos naturales se conviertan en el mediano
plazo en tristes páramos.
El dinamismo socioeconómico de unas regiones y localidades
en detrimento de otras también ha potenciado desequilibrios
al interior de y entre países desde un punto sociodemográfico,
socioeconómico y sociocultural. Se constata el incremento
de las migraciones internas e internacionales hacia
las zonas con mayores perspectivas salariales y de
bienestar social y, a la par, una creciente participación
de las comunidades económicamente más desfavorecidas
en las redes del narcotráfico.
Los procesos de descentralización también están matizados
por muchas promesas y mayores desencantos. Aunque
se constatan experiencias exitosas como las de algunos
municipios brasileños, colombianos y mexicanos, la
descentralización ha sido considerada como un fin
en sí mismo más que como un medio para lograr pautas
de desarrollo local. Como advierte Dilla (2001), en
muchos casos la debilidad político-administrativa
para afrontar la autogestión, la falta de recursos
materiales y humanos, la carencia de una verdadera
autonomía fiscal, y el déficit democrático en los
procesos participativos locales, obstaculizan el buen
desempeño municipal. Actualmente, muchas de las instancias
locales latinoamericanas descentralizadas propician
las prácticas clientelares y la permanencia en el
poder de las élites locales tradicionales, en menoscabo
de una toma de decisiones plural y democrática.
Por último, la articulación de lo local y global ha
trastocado las relaciones identitarias en las diferentes
comunidades. Ello se ha traducido en elementos que,
a nuestro juicio, son positivos: el movimiento zapatista
en Chiapas o el movimiento indígena del Ecuador son
muestras de la aparición de nuevos sujetos sociales
que revalidan las identidades particulares, la diferencia
y la multiculturalidad como parte de la dinámica global.
La contracara de estos procesos la ofrecen fenómenos
como el aumento del SIDA, del alcoholismo o la drogadicción,
los cuales son consecuencia de una mayor contaminación
del universo comunitario con la dinámica global (a
través del turismo, la migración, las redes de narcotraficantes,
etc.).
LA AGENDA PENDIENTE, LAS ALTERNATIVAS PARA EL FUTURO
De forma suscinta, este trabajo ha pretendido mostrar
que la articulación entre lo global y lo local está
plagada de luces y sombras en América Latina. Sigue
siendo un desafío consolidar a las comunidades como
actores protagónicos del desarrollo local y atenuar
en la medida de lo posible el rosario de efectos perversos
que acompaña a este proceso. Por lo menos tres estrategias
deben ponerse en marcha:

- Incremento y diversificación de los análisis
sobre el plano local y comunitario en nuestros países.
Aunque se cuenta con una amplia bibliografía sobre
el tema, los estudios deben enfatizar el contexto
específico en que se enmarca la dinámica de las comunidades,
los marcos institucionales con que se rigen, y los
actores sociopolíticos y económicos que lideran los
proyectos en esta escala. Deben plantearse, además,
estrategias viables y posibles para la transformación
del ámbito comunitario: aprender de los casos exitosos
pero también de los múltiples fracasos.
- La rearticulación de lo local y lo estatal.
Aunque las comunidades pueden - y deben - ser dueñas
de su propio destino, la acción del Estado es fundamental
para lograr este propósito. Como instancia de coordinación
nacional, este puede ser un agente facilitador del
incremento de las relaciones comunitarias con otras
redes de agentes públicos y privados del país, y con
instancias internacionales. Además de apoyar a las
localidades en la producción y comercialización de
sus productos (apoyo en recursos financieros, asesoría
para la organización técnica y socioproductiva del
trabajo, contribución a la comercialización de los
productos en los mercados mundiales), puede servir
de puente para una mayor cooperación con universidades,
empresas, y organizaciones no gubernamentales. Solamente
con la colaboración de diversas instancias puede materializarse
una mejor autogestión comunitaria.
- Aprendizaje en términos de participación democrática
y equidad. Darle valor a las comunidades en un
continente de amplia trayectoria estatista y donde
las élites locales han tenido un predominio indiscutible,
implica cambiar una tradición política arraigada desde
hace muchos siglos. Ante ello, muchas localidades
deben emprender el difícil camino de la participación
democrática, la pluralidad en la toma de decisiones
y la equidad en términos de la división social del
trabajo. El gran interrogante es cómo materializar
esta expectativa. Hasta ahora, la aparición de nuevos
sujetos sociales y de relaciones más equitativas en
algunas zonas del continente ponen de manifiesto que
no pueden transformarse las condiciones objetivas
de existencia sin un cambio en la subjetividad de
los seres humanos. Para ello, puede ser un buen comienzo
el continuo ejercicio de la toma de decisiones colectivas,
de forma democrática y tolerante.

Las comunidades latinomericanas requieren, ante
todo, de una efectiva gobernabilidad local. Ello no
es un proceso automático: requiere tiempo, esfuerzos,
y la solidaridad de muchos sectores de la sociedad
para consolidar a los agentes locales y atenuar, de
esta forma, los efectos no deseados de la dinámica
global. Implica, en síntesis, hacer de lo comunitario
un elemento consustancial, pero también una responsabilidad,
de los niveles nacionales e internacionales que actúan
en el nuevo orden mundial.
(NA)
Lahtrop
y Juan Pablo Pérez Sáinz (eds.), Desarrollo económico
local en Centroamérica. Estudios de comunidades globalizadas.
Ed. FLACSO-Costa Rica, Costa Rica, 2004.
Burchardt Hans-Jürgen y Haroldo Dilla, Mercados globales
y gobernabilidad local. Retos para la descentralización.
Ed. Nueva Sociedad, Caracas, 2001.
Lechner et.al., Reforma del Estado y coordinación
social. Ed. IIS-UNAM y Plaza y Valdés, México, D.F,
1999.
Robertson, R,: Social theory and global culture.
Ed. Sage, London, 1992.
[1] Candidata a Doctora en Ciencias Sociales con Especialización
en Ciencia Política. Maestra en Ciencias Sociales. Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede
Académica México (2002); Licenciada en Sociología, Universidad
de La Habana (1995). |