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a Revista de la Pátria Grande


IDÉIAS EM REDE / IDEAS EN RED

Declaración de Granada sobre la globalización
Publicado en el diario El País el 06-06-2005


Foto Ricardo Funari
A chamada globalização tem resultado no aumento de bem-estar econômico e de riqueza cultural de grandes segmentos da população mundial, mas, paralelamente, tem provocado a exclusão de centenas de milhões de seres humanos. Este novo sistema de relações econômicas, sociais e culturais demanda uma ordem internacional nova, já que o paradigma da democracia estatal tornou-se insuficiente para controlá-lo. Intelectuais reunidos no XXII Congresso Mundial de Filosofia Jurídica e Social, na cidade de Granada, no mês de maio, fazem um chamado a governos, instituições, organizações internacionais e cidadãos, no sentido de fortalecer as instituições internacionais vigentes para que submetam a globalização às exigências da lei, em prol dos direitos humanos.



El desarrollo de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales ha adquirido en las últimas décadas una dimensión que se eleva por encima de las fronteras entre los Estados e ignora las divisiones administrativas y políticas que se han establecido entre los pueblos. Transportadas por los medios de comunicación, por las nuevas tecnologías de la información, por las redes económicas y los flujos de personas, las acciones y decisiones de cada uno, por remotas que sean, pueden llegar a afectar la vida y el destino de poblaciones lejanas en cualquier lugar de la geografía del planeta. Somos agentes activos y pasivos en el gran río de las interacciones de la sociedad mundial.

Para expresar esa nueva realidad utilizamos genéricamente el término "globalización", aunque no debemos olvidar que se trata de un complejo entramado de creciente extensión e intensidad que presenta multitud de caras y facetas. Hay una globalización económica, que es ante todo globalización de los mercados financieros y expansión del mercado internacional de bienes, servicios y trabajadores. Estamos evidentemente ante una economía transnacional que en gran medida escapa al control de los poderes de los Estados. Pero no se trata sólo de un fenómeno económico. Hay una globalización de las pautas culturales, una globalización de los efectos medioambientales, una globalización de las comunicaciones, y también una globalización de las inseguridades y las luchas.

Sabemos que esa compleja multiplicación de los intercambios ha dado como resultado el incremento del bienestar económico y la riqueza cultural en grandes segmentos de la población mundial, pero somos también testigos de que, a su lado, una pavorosa realidad de sufrimiento, incultura y marginación atenaza a millones de seres humanos. La carencia de alimentos, la falta de acceso al agua potable, las enfermedades endémicas, el analfabetismo y las supersticiones conforman el horizonte vital de pueblos enteros. Las relaciones económicas globales entre países, grandes corporaciones y agentes económicos de todo tipo van con frecuencia escoltadas por la especulación financiera sin control, la explotación inicua de los trabajadores, la persistencia y el incremento de la ocupación de niños en labores extenuantes, la discriminación de la mujer y el despojo a pueblos enteros de parte de su riqueza natural mediante corrupciones y sobornos a autoridades políticas ilegítimas. También observamos crecientes amenazas al medio ambiente, explotación irracional de los recursos naturales y un consumo incontrolado del patrimonio irremplazable del entorno natural.

La sociedad globalizada es, pues, una sociedad mal estructurada y con efectos perversos sobre centenares de millones de seres humanos. Puede, por ello, hablarse también, siguiendo la terminología acuñada, de "injusticias globales". Nadie puede dudar que son esas injusticias y desajustes sociales los que dan lugar a flujos incesantes de inmigrantes que, empujados por la extrema necesidad, tratan de ingresar una y otra vez y contra toda esperanza en países extraños y hostiles que, sin embargo, les ofrecen una posibilidad remota de sobrevivir con dignidad.

La invasión imparable de mensajes y comunicaciones de toda naturaleza a través de las redes informáticas, con sus maravillosos logros culturales y científicos, no puede ocultar tampoco que, enajenados ante una cultura extraña, miles de seres humanos vuelven su rostro hacia sus tradiciones y creencias en busca de un refugio que se torna a veces en intolerancia étnica, nacionalismo agresivo y fundamentalismo religioso, con el patente incremento de la tensión en las relaciones internacionales y la eventual aparición del terrorismo y la guerra.

Foto João Ripper

El nuevo sistema de relaciones económicas, sociales y culturales demanda un orden internacional nuevo. La globalización es también un proceso social con falta de control y regulación, conducido frecuentemente por poderes de escasa o nula legitimidad democrática. Hasta ahora los poderes de los Estados nacionales, al menos los Estados desarrollados, habían logrado ciertos niveles de justicia social. El desbordamiento de las fronteras nacionales y la existencia de problemas humanos graves que ya no pueden encontrar solución en el marco estatal exigen una gobernanza y unos poderes más efectivos y, sobre todo, más legítimos. La globalización es un fenómeno nuevo que ha colocado otra vez a la sociedad internacional en una especie de estado de naturaleza que necesita ser sometido a regulación. El paradigma de la democracia estatal se ha hecho insuficiente pese a que los Estados siguen siendo protagonistas del orden internacional y pueden todavía actuar eficazmente para frenar esos efectos perversos del nuevo sistema de relaciones económicas, políticas, sociales y culturales que se hacen realidad más allá de las fronteras estatales. Las pautas de derecho y justicia que son invocadas en las relaciones internacionales aumentan cada día su complejidad y su diversidad, pero no aciertan a incrementar su fuerza. Los organismos internacionales que las animan son incapaces de imponerlas, y sus discursos son cada vez más meras exhortaciones mientras la realidad de los intercambios internacionales tiende a hacerse imprevisible y anómica y crecen en ella la injusticia y la desigualdad. Además, los poderes e instituciones internacionales sufren de carencias democráticas graves. Hay que fortalecer y dotar de mayor legitimidad a las instituciones internacionales vigentes, tanto las estrictamente políticas como las económicas, y crear otras nuevas que sean capaces de aminorar las debilidades de los Estados democráticos ante estas nuevas situaciones sociales. Las organizaciones no gubernamentales y los grupos e individuos que conforman la sociedad civil global están cumpliendo un importante papel en la denuncia de esta realidad, pero no pueden ir mucho más allá.

Nos sentimos en el deber de hacer una llamada a nuestros gobiernos y nuestros conciudadanos, a las organizaciones internacionales y a las grandes instituciones globales, en favor de una actitud nueva y decidida para incorporar la libertad y la igualdad como valores básicos de los seres humanos, y para que todas las dimensiones de la globalización estén sometidas a las exigencias del imperio de la ley, de una ley que sea cada vez más voluntad general y no sólo voluntad de unos pocos. El gran reto de este siglo XXI es configurar un orden mundial nuevo en el que los derechos humanos constituyan realmente la base del derecho y la política.

Firman esta declaración: Jürgen Habermas, Francisco J. Laporta, Nicolás López Calera, Manuel Atienza, William Twining, Robert Alexy, Luigi Ferrajoli, Elías Díaz, Boaventura de Sousa Santos, Neil MacCormick, Paolo Comanducci, Zhan Wenxian, Uma Narayan, Larry May y otros 200 participantes en el XXII Congreso Mundial de Filosofía Jurídica y Social, reunido en Granada entre el 24 y el 29 de mayo para analizar los problemas del derecho y la justicia en una sociedad global. (NA)






La migración en México: los rostros de la desigualdad y la polarización
Carlos Ernesto Simonelli
México


En todas las regiones del mundo a fines del siglo XX, se ha dado el contexto de un fuerte incremento de las migraciones; dentro de este panorama, América Latina y el Caribe presentan especificidades propias. Mientras que las inmigraciones de ultramar han perdido relevancia, las migraciones que se dirigen afuera de la región han adquirido nueva fuerza en la dinámica de la movilidad en la región (Villa y Martínez, 2001:25-29, citado en Castillo, 2002).[1]

En el caso de México, resulta llamativo tanto el incremento como la tendencia que presenta dicho fenómeno. A pesar de que la migración mexicana hacia los Estados Unidos (en adelante, E.U.) tiene una larga tradición, en las últimas décadas no sólo se ha incrementado la emigración internacional a ese país, sino que una importante cantidad de habitantes se han desplazado hacia las zonas fronterizas con el fin de trabajar o de emigrar, y se han incorporado nuevas regiones a los flujos que tradicionalmente integraban los jornaleros agrícolas.

De ello da muestra el hecho de que el 98% de los emigrantes mexicanos tiene como destino final los E.U. (Massey y Durand, 2003).[2] A su vez, debido a que la mayoría de los cruces se realiza a través de las ciudades fronterizas, en la década 1990-2000, se incrementó el número de residentes en las ciudades fronterizas, y también por la atracción que ejercen, al menos hasta el año 2001, las posibilidades de empleo urbano en la zonas fronterizas (Zamudio, 2002; Simonelli, 2003).[3]

En general, entre 1990 y 2000 se mantienen como "expulsoras" de población las entidades que presentan mayores índices de rezago socioproductivo, de pobreza y de desigualdad (las del sudeste del país), pero en esos diez años los flujos migratorios no sólo se dirigen al centro del país, que va perdiendo un poco su poder de "atracción", sino también hacia las ciudades norteñas y a los E.U. Desde este punto de vista, el incremento de las migraciones internas, y de las que cruzan por el norte del país hacia los E.U., han producido un patrón de distribución de la población regionalmente desigual y polarizada, en donde la zona norteña ha "ganado" población desde otras regiones que han sido afectadas, sobre todo, por los cambios en el modelo económico.

Adicionalmente, si bien se mantiene el éxodo rural en todo el país, en la década pasada los migrantes urbanos se incorporaron tanto en los flujos internos como en los que se dirigen a los E.U., lo que indica cómo se han propagado la pobreza y la desigualdad a otras regiones del país, y lo insuficiente que han resultado las políticas públicas, al menos, para retener a la población en sus lugares de origen (Chávez, 1998).

Desde el aspecto sociodemográfico, y en resumida síntesis, no se han logrado algunos de los supuestos de las llamadas "reformas estructurales" en México, que intentaron acortar la "brecha" en el desarrollo entre este país y la mayor potencia del mundo, ni tampoco se cumplieron los criterios que se sustentaron en su momento para firmar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en 1994.[4] Por otra parte, es de esperar que, junto con el incremento de la emigración urbana hacia los E.U., México esté perdiendo una buena parte de sus recursos calificados, sobre todo entre la población más joven, que se incorporará a la fuerza laboral estadounidense en condiciones de precariedad y de discriminación salarial, toda vez que la política exterior estadounidense ha endurecido los controles migratorios, y amenaza con quitar los pocos derechos sociales que mantenía. Se hace necesario entonces reformular medidas práctica y concretas, más allá del ámbito de una integración comercial formal, para alcanzar niveles de desarrollo y de empleos de calidad aceptables, a la vez que se atienden las diferencias regionales en el interior de México, para que este país no se consolide como un exportador neto de mano de obra, y receptor de las remesas que vienen a sustituir el desarrollo sustentable tan ansiadamente reclamado.


[1] Durante la última década del siglo XX, las migraciones han aumentado considerablemente, y se espera un escenario similar en el presente siglo: el número de migrantes en el mundo se ha duplicado desde 1975 y actualmente más de 175 millones de personas viven en un país distinto al de su nacimiento (ONU, citado por Castillo, 2002).
[2] De acuerdo a su origen, de los 28.4 millones de extranjeros residentes en los E.U. en el año 2000, 51% eran Latinoamericanos, y cerca de dos tercios procedían de México o de algún país centroamericano (U.S. Census Bureau, 2001ª, citado por Castillo, 2002). Los inmigrantes que se consideraron según su autoadscripción étnica en el mismo año 2000 sumaban 35.3 millones de población latina, y el 58.5% se declaró de origen mexicano (U.S. Census Bureau, 2001b, citado por Castillo, 2002).
[3] Entre 1993 y 1999, las ciudades fronterizas pasaron a ser receptoras del 65,7% de los flujos fronterizos (STPS, 2002).
[4] El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entró en vigor en 1994, y las autoridades mexicanas manifestaron la intención de inducir la modernización de la estructura productiva mexicana, a partir de las interacciones sociales recíprocas entre ambas economías, y a largo plazo, inducir el acercamiento entre pautas económicas, sociales, demográficas y culturales contrapuestas entre ambos países.


CASTILLO, Manuel Ángel. Las consecuencias sociales de las migraciones en el hemisferio y sus relaciones con las políticas sociales. Ponencia presentada en la Conferencia Hemisférica Sobre Migración Internacional: Derechos Humanos y Trata de Personas en las Américas. Santiago de Chile, CEPAL- OIM, 2002.

CHÁVEZ GALINDO, Ana María La nueva dinámica de la migración interna en México de 1970 a 1990. UNAM-CRIM. Cuernavaca, 1998.

DURAND, Jorge y MASSEY, Douglas, Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI. México, UAZ-Porrúa, 2003.

INEGI. XI Censo de Población y Vivienda. Baja California. Tabulados Básicos.

INEGI; XII Censo de Población y Vivienda. Baja California. Tabulados Básicos.

Santibañez, J., y Cruz Piñeiro, R., "Mercados laborales fronterizos", en Tuirán, R., Migración México- Estados Unidos - Opciones de Política, México, Sec. de Gobernación, CONAPO - SER, 2000.

SECRETARÍA DEL TRABAJO Y PREVISIÓN SOCIAL, Encuesta sobre migración en la Frontera Norte de México. México, STPS, 2002.

Simonelli, Carlos, "Cambios recientes en la migración y en la inserción laboral en Tijuana, 1990-2000". Revista Papeles de Población. Nueva Epoca. Año 8, Nro. 34. Octubre-Diciembre de 2002. Toluca, UAEM, 2003. VERDUZCO, Gustavo, "La migración mexicana a Estados Unidos. Estructuración de una selectividad histórica." En TUIRÁN, Rodolfo (Coordinador) Migración México-EU, continuidad y cambio. CONAPO.

ZAMUDIO GRAVE, Patricia, "La Migración Internacional de los Veracruzanos: un diagnóstico preliminar". Ponencia al Congreso LASA. Washington, setiembre 2001.


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