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La Revista de la Pátria
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IDÉIAS
EM REDE / IDEAS EN RED
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Signos
de esperanza
y
construcción de un mundo mejo
Olga
Consuelo Vélez Caro
Doctora en Teología
Colombia

Sem deixar de pensar na situação de exclusão social
que continua se agravando na América Latina, é preciso
refletir acerca de novos signos de esperança que brotam
continuamente no continente, que crescerão e serão capazes
de sustentar e transformar a realidade “num outro mundo”
possível. Esses signos florescem em diversos espaços
e sob diferentes formas: nos contextos locais, no papel
protagonizado pela mulher na sociedade e nas igrejas,
na recuperação e valoração das culturas particulares,
no aumento da consciência ecológica e na aceitação da
pluralidade cultural e religiosa.
LA
ACTUAL REALIDAD LATINOAMERICANA
Nos encontramos en un tiempo de grandes perplejidades
y de poca certeza con respecto al futuro. Esto no significa
desesperanza. Por el contrario, la posibilidad de superar
las decadencias y las dificultades propias del ser humano
se hace nuevamente presente, tal como ocurrió otras
veces en el pasado. Creo que algo nuevo está naciendo
o está siendo creado.
En una primera mirada parecería que las cosas no avanzan
sino que están en retroceso. Por ejemplo, Colombia con
cuarenta años de lucha armada que no terminan y con
la creciente conciencia de que los grupos armados están
lejos de ser derrotados. En el terreno socioeconómico,
la situación es la misma en toda América Latina: las
desigualdades sociales se agudizan y el sistema neoliberal
se impone cada vez con más fuerza y se manifiesta, entre
otras realidades, en los tratados de libre comercio
en cuya base la desigualdad es el punto de partida.
Lamentablemente, esos tratados serán firmados en un
futuro próximo. En el terreno de lo político, es posible
observar inestabilidad, democracias debilitadas y, en
algunos países, ciertos populismos de derecha o de izquierda.
En estos últimos casos, el deseo de continuar en el
poder se hace presente y, aunque esto pueda tener aspectos
positivos -por ejemplo, la posibilidad de llevar a término
algunas de las políticas que están en desarrollo-, queda
la duda de si esa circunstancia responde al mero interés
personal o al bien común que debería perseguirse.
Este es el caso de Colombia. Concretamente, estamos
viviendo un proceso de legitimación de la reelección
presidencial. El problema no es la reelección -que ya
existe en muchos países y que, como dije antes, puede
ser positiva en los gobiernos que actúan bien y que
necesitan de más tiempo para completar su labor. El
hecho es que se siente un deseo de continuidad por parte
del actual gobierno, desde una perspectiva "mesiánica"
-encarnada en la figura del presidente- que no puede
hacer bien a ninguna democracia que se considere como
tal. Personalmente considero peligrosa esa creación
de "ídolos", de "salvadores" sin los cuales parecería
imposible existir el futuro. Otro aspecto que no podemos
dejar de mencionar es la violencia provocada por las
guerras que - como si fuera una película más de Hollywood
- se transmite por la televisión y se prolonga interminablemente
por años, junto con todas las consecuencias de muerte,
destrucción y decadencia que la misma implica. Una cosa
es dar por terminada una guerra "oficialmente" y otra,
muy distinta, conseguir la transformación de una nación
y el establecimiento de un régimen verdaderamente constructivo
para las personas y las culturas afectadas. En este
aspecto, también preocupa la lectura maniqueísta que
se hace de toda la realidad del "llamado" terrorismo.

Las sociedades se dividen en buenos y malos y proponen
una "cruzada" para terminar con los malos. De esta manera,
las personas se sitúan de un lado de la historia: se
consideran personas de buenas acciones, sin responsabilidades
y ven a los otros como los malos, causa de toda la desorganización
social. Las políticas de seguridad se convierten en
cruzadas para terminar con los malos y limpiar la faz
de la tierra de estos "bandidos", "terroristas", tal
como el gobierno y los militares de Colombia acostumbran
llamar a las personas de los grupos armados fuera de
la ley.
En el terreno eclesial católico, la situación a veces
desanima porque, aunque se haga evidente una nueva mentalidad,
nuevas búsquedas, nuevas propuestas, algunos sectores
de la iglesia institución y algunos grupos de cristianos
mantienen una postura muy cerrada y buscan seguridad
en el pasado afirmando las costumbres de siempre. Cualquier
adaptación a las nuevas propuestas parece ser infidelidad
a la tradición milenar.
Muchas otras cosas podrían ser dichas. Sin embargo,
me parece mucho más importante detenernos en los signos
de esperanza que vemos, que pueden ser reconocidos y
que necesitan de nuestro continuo impulso.
SIGNOS DE ESPERANZA: LA VIDA CONTINUA FLORECIENDO
El primer signo que quiero destacar es la inquebrantable
esperanza que existe en el corazón humano y que no acepta
que la historia tenga un final negativo. Podríamos mencionar
todas las situaciones antes descriptas e incluso muchas
otras que nos preocupan y nos hacen pensar que la situación
es muy difícil. Sin embargo, para nuestra sorpresa,
la vida continúa floreciendo de muchas maneras. Si en
el pasado florecieron luchas colectivas sustentadas
por pueblos enteros, hoy nos encontramos frente al surgimiento
de muchos pequeños florecimientos. Para mí, este es
un signo muy importante: la vida, los ideales, los sueños,
las propuestas alternativas, los intentos de vivir y
actuar de "otra manera" no han muerto. Al contrario,
florecen en muchas partes y de diversas maneras en los
contextos locales. En Colombia últimamente se tiene
la costumbre, en los noticieros, de mostrar propuestas
alternativas de personas o pequeños grupos que llenan
el corazón de esperanza: proyectos educativos, lúdicos,
sociales, eclesiales, etc, que existen y transforman
poblaciones enteras. Esto reconforta el espíritu y anima
a continuar trabajando por un cambio real del momento
que vivimos. Diría, entonces, que el primer signo es
la esperanza que no muere y el segundo, las propuestas
locales que nacen todo el día y van transformando nuestra
realidad.
No son sólo las propuestas locales las que pueden observarse.
Vemos movimientos que tienen alcance universal y que
permiten una realidad diferente. Me refiero a la recuperación
de las subjetividades negadas durante tantos siglos.
Una de ellas es la mujer. Su protagonismo en la sociedad
y en las iglesias es innegable y ninguna barrera podrá
detener el curso que sigue ese río. Ni siquiera los
diques que se colocan para desviar su caudal podrán
hacerlo.
La mujer está aumentando su autoestima, está siendo
más valorada y está aumentando su participación en las
diferentes esferas. Aunque las noticias todavía destaquen
el hecho de que una mujer sea la primera en tal o cual
cargo de responsabilidad, ya comienza a ser normal pensar
que ella puede ocupar todas las profesiones y espacios
sociales. Desde esta perspectiva, todas las otras subjetividades
negadas debido a la raza, a la etnia o a la orientación
sexual comienzan a ocupar sus lugares negados y a cobrar
su valor en la sociedad.
OTROS SIGNOS PARA SER OBSERVADOS
Además de la situación descripta más arriba, otros signos
de esperanza son la recuperación y la valoración de
las culturas particulares. Parece que a la globalización
- que tiene la ventaja de conectar al mundo y al mismo
tiempo de uniformarlo, proponiendo una única cultura
dominante: la occidental -, se le opone una resistencia
que ha venido surgiendo con fuerza: los pueblos que
reconocen sus costumbres y tradiciones y desean mantenerlas
como fundamento de que lo que son y de lo que desean
continuar siendo. Esto no ocurre solo a nivel social,
sino también a nivel religioso. Las religiones de los
antepasados fueron recuperadas y exigen su lugar en
el amplio campo de la experiencia religiosa fundante
de los pueblos y de las personas.
Otro aspecto a ser tratado está relacionado con los
cambios climáticos y los grandes desastres naturales
con los que hemos venido confrontándonos estos últimos
tiempos. Esos cambios favorecen el aumento de la conciencia
ecológica. El mundo no es un lugar alquilado, es nuestra
propia casa y necesita de nuestro cuidado, nuestro respeto
y conservación. Aunque los países mantengan políticas
a favor del lucro económico en lugar del cuidado a la
naturaleza, son muchos los grupos que hacen campañas
y muchos los movimientos que, sin duda, ayudan a cambiar
esta realidad. Es de esperarse, por lo tanto, que todos
los intentos de reciclaje y organización de la basura
continúen modificando la relación con la naturaleza
y que, en poco tiempo, veamos otra manera de relacionarnos
con ella, con el apoyo de potencias mundiales.
¿Y qué decir de la aceptación de la pluralidad cultural
y religiosa? Este es un signo que cambia la configuración
del mundo occidental y que nos abre grandes esperanzas.
Estamos frente a un reconocimiento real y efectivo de
la pluralidad. En cuanto a la dimensión cultural, todo
esto está relacionado al reconocimiento de las subjetividades
negadas que ya mencionamos antes, y supone la declaración
efectiva de una pluriculturalidad. Las constituciones
de los países son modificadas en busca de este reconocimiento.
Son trazadas las políticas que favorecen a esas culturas
negadas y son reconocidos sus derechos, sea por la expresión
en su propia lengua - a través de la educación - sea
a través de la recuperación de sus tierras o a través
del respeto y apoyo a sus tradiciones y costumbres.
La aceptación de la pluralidad religiosa es otro signo
de esperanza, porque en un mundo en el que las guerras
religiosas comienzan a cobrar fuerza, más que el rechazo
o la exclusión, es indispensable buscar la tolerancia
y el mutuo enriquecimiento y colaboración.
Teniendo en cuenta el catolicismo que ha sido siempre
hegemónico en América Latina, la pluralidad religiosa
se constituye en un desafío enorme y, al mismo tiempo,
necesario para garantizar la paz y la construcción,
entre todos, de un mundo más acorde con el deseo de
Dios. Hay gestos de la jerarquía católica que buscan
acercarse a otras iglesias. Este movimiento debe continuar
no solo con gestos, sino también con pronunciamientos,
aun siendo estos más difíciles.
Si la raza, el color, el sexo, etc., han sido motivos
de exclusión y marginalización y hoy vemos signos de
esperanza -los ya señalados-, no menos importante es
la situación de exclusión social que continúa agravándose
en América Latina. Así, continúa el grito profético
de la urgencia de construir un mundo en el que quepan
todos y todas. Los pobres no se han callado, al contrario,
han venido denunciando -en los países más desarrollados-
la falta de todo aquello que les pertenece, lo cual
merece una atención inmediata. Las organizaciones
que promueven proyectos sociales y los grupos de presión
que buscan cambiar esas condiciones continúan abriendo
caminos y sus acciones llegan a muchos destinatarios.
CONSTRUYENDO
UN MUNDO MEJOR
Finalmente, la iniciativa del Forum Social Mundial realizado
cinco veces (cuatro en Puerto Alegre, Brasil y una en
Mumbai, India) constituye un signo de esperanza que
puede resumir lo dicho hasta aquí: el sueño de "otro
mundo posible" se va haciendo realidad no solo contra
proyectos macros y estructurados jerárquicamente -tal
la tradición occidental- sino también con proyectos
micro, múltiples, variados, creativos y que transforman
la realidad. El Forum Social Mundial no tiene jerarquías
y no se habla en nombre de un poder establecido. Es,
ante todo, un espacio para escuchar las diferentes voces,
para mostrar las flores que crecen en tantos y tan variados
jardines y para fortalecer esas redes que, si se las
conoce y se las apoya, pueden llegar a globalizar el
mundo de una manera diferente, "no por la fuerza", sino
a través del "trabajo continuo, local, concreto" en
tantos puntos del continente.
Para usar una metáfora, tal vez la situación de América
Latina pueda compararse con la imagen de las grandes
y de las pequeñas estrellas. Actualmente, no tenemos
grandes estrellas que nos marquen un único camino y
nos hagan creer que la solución de todos los problemas
llegará en el momento menos esperado. Pero sí hay "muchas"
pequeñas estrellas que señalan diversos caminos y que
se van entrelazando y forman una misma red: la de la
esperanza y la confianza en otro mundo posible. Probablemente
estemos acercándonos mucho más a las propuestas del
evangelio expresadas en las parábolas. Recordemos el
trigo y la cizaña (Mt 13, 24-30). Esto quiere decir
que todas las iniciativas -el bien- van transformando
y sofocando los males que existen hoy, no a través de
la fuerza, sino a través de hechos. También el Reino
de los Cielos se parece a esa pequeña semilla de mostaza
(Mt 13, 31-32) -la menor de todas- que, cuando crece,
es la más grande de las hortalizas y los pájaros pueden
venir y hacer en ella sus nidos. Los signos de esperanza
que hoy observamos, seguramente, van a crecer y serán
capaces de sustentar y transformar esta realidad "en
otro mundo" que la esperanza nos garantiza como posible.
(NA) |
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