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L
a Revista de la Pátria Grande


IDÉIAS EM REDE / IDEAS EN RED

Signos de esperanza
y construcción de un mundo mejo
Olga Consuelo Vélez Caro
Doctora en Teología
Colombia



Foto Alexandre Firmino
Sem deixar de pensar na situação de exclusão social que continua se agravando na América Latina, é preciso refletir acerca de novos signos de esperança que brotam continuamente no continente, que crescerão e serão capazes de sustentar e transformar a realidade “num outro mundo” possível. Esses signos florescem em diversos espaços e sob diferentes formas: nos contextos locais, no papel protagonizado pela mulher na sociedade e nas igrejas, na recuperação e valoração das culturas particulares, no aumento da consciência ecológica e na aceitação da pluralidade cultural e religiosa.



LA ACTUAL REALIDAD LATINOAMERICANA

Nos encontramos en un tiempo de grandes perplejidades y de poca certeza con respecto al futuro. Esto no significa desesperanza. Por el contrario, la posibilidad de superar las decadencias y las dificultades propias del ser humano se hace nuevamente presente, tal como ocurrió otras veces en el pasado. Creo que algo nuevo está naciendo o está siendo creado.

En una primera mirada parecería que las cosas no avanzan sino que están en retroceso. Por ejemplo, Colombia con cuarenta años de lucha armada que no terminan y con la creciente conciencia de que los grupos armados están lejos de ser derrotados. En el terreno socioeconómico, la situación es la misma en toda América Latina: las desigualdades sociales se agudizan y el sistema neoliberal se impone cada vez con más fuerza y se manifiesta, entre otras realidades, en los tratados de libre comercio en cuya base la desigualdad es el punto de partida. Lamentablemente, esos tratados serán firmados en un futuro próximo. En el terreno de lo político, es posible observar inestabilidad, democracias debilitadas y, en algunos países, ciertos populismos de derecha o de izquierda. En estos últimos casos, el deseo de continuar en el poder se hace presente y, aunque esto pueda tener aspectos positivos -por ejemplo, la posibilidad de llevar a término algunas de las políticas que están en desarrollo-, queda la duda de si esa circunstancia responde al mero interés personal o al bien común que debería perseguirse.

Este es el caso de Colombia. Concretamente, estamos viviendo un proceso de legitimación de la reelección presidencial. El problema no es la reelección -que ya existe en muchos países y que, como dije antes, puede ser positiva en los gobiernos que actúan bien y que necesitan de más tiempo para completar su labor. El hecho es que se siente un deseo de continuidad por parte del actual gobierno, desde una perspectiva "mesiánica" -encarnada en la figura del presidente- que no puede hacer bien a ninguna democracia que se considere como tal. Personalmente considero peligrosa esa creación de "ídolos", de "salvadores" sin los cuales parecería imposible existir el futuro. Otro aspecto que no podemos dejar de mencionar es la violencia provocada por las guerras que - como si fuera una película más de Hollywood - se transmite por la televisión y se prolonga interminablemente por años, junto con todas las consecuencias de muerte, destrucción y decadencia que la misma implica. Una cosa es dar por terminada una guerra "oficialmente" y otra, muy distinta, conseguir la transformación de una nación y el establecimiento de un régimen verdaderamente constructivo para las personas y las culturas afectadas. En este aspecto, también preocupa la lectura maniqueísta que se hace de toda la realidad del "llamado" terrorismo.

Foto João Ripper

Las sociedades se dividen en buenos y malos y proponen una "cruzada" para terminar con los malos. De esta manera, las personas se sitúan de un lado de la historia: se consideran personas de buenas acciones, sin responsabilidades y ven a los otros como los malos, causa de toda la desorganización social. Las políticas de seguridad se convierten en cruzadas para terminar con los malos y limpiar la faz de la tierra de estos "bandidos", "terroristas", tal como el gobierno y los militares de Colombia acostumbran llamar a las personas de los grupos armados fuera de la ley.

En el terreno eclesial católico, la situación a veces desanima porque, aunque se haga evidente una nueva mentalidad, nuevas búsquedas, nuevas propuestas, algunos sectores de la iglesia institución y algunos grupos de cristianos mantienen una postura muy cerrada y buscan seguridad en el pasado afirmando las costumbres de siempre. Cualquier adaptación a las nuevas propuestas parece ser infidelidad a la tradición milenar.

Muchas otras cosas podrían ser dichas. Sin embargo, me parece mucho más importante detenernos en los signos de esperanza que vemos, que pueden ser reconocidos y que necesitan de nuestro continuo impulso.


SIGNOS DE ESPERANZA: LA VIDA CONTINUA FLORECIENDO

El primer signo que quiero destacar es la inquebrantable esperanza que existe en el corazón humano y que no acepta que la historia tenga un final negativo. Podríamos mencionar todas las situaciones antes descriptas e incluso muchas otras que nos preocupan y nos hacen pensar que la situación es muy difícil. Sin embargo, para nuestra sorpresa, la vida continúa floreciendo de muchas maneras. Si en el pasado florecieron luchas colectivas sustentadas por pueblos enteros, hoy nos encontramos frente al surgimiento de muchos pequeños florecimientos. Para mí, este es un signo muy importante: la vida, los ideales, los sueños, las propuestas alternativas, los intentos de vivir y actuar de "otra manera" no han muerto. Al contrario, florecen en muchas partes y de diversas maneras en los contextos locales. En Colombia últimamente se tiene la costumbre, en los noticieros, de mostrar propuestas alternativas de personas o pequeños grupos que llenan el corazón de esperanza: proyectos educativos, lúdicos, sociales, eclesiales, etc, que existen y transforman poblaciones enteras. Esto reconforta el espíritu y anima a continuar trabajando por un cambio real del momento que vivimos. Diría, entonces, que el primer signo es la esperanza que no muere y el segundo, las propuestas locales que nacen todo el día y van transformando nuestra realidad.

No son sólo las propuestas locales las que pueden observarse. Vemos movimientos que tienen alcance universal y que permiten una realidad diferente. Me refiero a la recuperación de las subjetividades negadas durante tantos siglos. Una de ellas es la mujer. Su protagonismo en la sociedad y en las iglesias es innegable y ninguna barrera podrá detener el curso que sigue ese río. Ni siquiera los diques que se colocan para desviar su caudal podrán hacerlo.

La mujer está aumentando su autoestima, está siendo más valorada y está aumentando su participación en las diferentes esferas. Aunque las noticias todavía destaquen el hecho de que una mujer sea la primera en tal o cual cargo de responsabilidad, ya comienza a ser normal pensar que ella puede ocupar todas las profesiones y espacios sociales. Desde esta perspectiva, todas las otras subjetividades negadas debido a la raza, a la etnia o a la orientación sexual comienzan a ocupar sus lugares negados y a cobrar su valor en la sociedad.


OTROS SIGNOS PARA SER OBSERVADOS

Además de la situación descripta más arriba, otros signos de esperanza son la recuperación y la valoración de las culturas particulares. Parece que a la globalización - que tiene la ventaja de conectar al mundo y al mismo tiempo de uniformarlo, proponiendo una única cultura dominante: la occidental -, se le opone una resistencia que ha venido surgiendo con fuerza: los pueblos que reconocen sus costumbres y tradiciones y desean mantenerlas como fundamento de que lo que son y de lo que desean continuar siendo. Esto no ocurre solo a nivel social, sino también a nivel religioso. Las religiones de los antepasados fueron recuperadas y exigen su lugar en el amplio campo de la experiencia religiosa fundante de los pueblos y de las personas.

Otro aspecto a ser tratado está relacionado con los cambios climáticos y los grandes desastres naturales con los que hemos venido confrontándonos estos últimos tiempos. Esos cambios favorecen el aumento de la conciencia ecológica. El mundo no es un lugar alquilado, es nuestra propia casa y necesita de nuestro cuidado, nuestro respeto y conservación. Aunque los países mantengan políticas a favor del lucro económico en lugar del cuidado a la naturaleza, son muchos los grupos que hacen campañas y muchos los movimientos que, sin duda, ayudan a cambiar esta realidad. Es de esperarse, por lo tanto, que todos los intentos de reciclaje y organización de la basura continúen modificando la relación con la naturaleza y que, en poco tiempo, veamos otra manera de relacionarnos con ella, con el apoyo de potencias mundiales.

¿Y qué decir de la aceptación de la pluralidad cultural y religiosa? Este es un signo que cambia la configuración del mundo occidental y que nos abre grandes esperanzas. Estamos frente a un reconocimiento real y efectivo de la pluralidad. En cuanto a la dimensión cultural, todo esto está relacionado al reconocimiento de las subjetividades negadas que ya mencionamos antes, y supone la declaración efectiva de una pluriculturalidad. Las constituciones de los países son modificadas en busca de este reconocimiento. Son trazadas las políticas que favorecen a esas culturas negadas y son reconocidos sus derechos, sea por la expresión en su propia lengua - a través de la educación - sea a través de la recuperación de sus tierras o a través del respeto y apoyo a sus tradiciones y costumbres.

La aceptación de la pluralidad religiosa es otro signo de esperanza, porque en un mundo en el que las guerras religiosas comienzan a cobrar fuerza, más que el rechazo o la exclusión, es indispensable buscar la tolerancia y el mutuo enriquecimiento y colaboración.

Teniendo en cuenta el catolicismo que ha sido siempre hegemónico en América Latina, la pluralidad religiosa se constituye en un desafío enorme y, al mismo tiempo, necesario para garantizar la paz y la construcción, entre todos, de un mundo más acorde con el deseo de Dios. Hay gestos de la jerarquía católica que buscan acercarse a otras iglesias. Este movimiento debe continuar no solo con gestos, sino también con pronunciamientos, aun siendo estos más difíciles.

Si la raza, el color, el sexo, etc., han sido motivos de exclusión y marginalización y hoy vemos signos de esperanza -los ya señalados-, no menos importante es la situación de exclusión social que continúa agravándose en América Latina. Así, continúa el grito profético de la urgencia de construir un mundo en el que quepan todos y todas. Los pobres no se han callado, al contrario, han venido denunciando -en los países más desarrollados- la falta de todo aquello que les pertenece, lo cual merece una atención inmediata. Las organizaciones que promueven proyectos sociales y los grupos de presión que buscan cambiar esas condiciones continúan abriendo caminos y sus acciones llegan a muchos destinatarios.

Foto João Ripper

CONSTRUYENDO
UN MUNDO MEJOR


Finalmente, la iniciativa del Forum Social Mundial realizado cinco veces (cuatro en Puerto Alegre, Brasil y una en Mumbai, India) constituye un signo de esperanza que puede resumir lo dicho hasta aquí: el sueño de "otro mundo posible" se va haciendo realidad no solo contra proyectos macros y estructurados jerárquicamente -tal la tradición occidental- sino también con proyectos micro, múltiples, variados, creativos y que transforman la realidad. El Forum Social Mundial no tiene jerarquías y no se habla en nombre de un poder establecido. Es, ante todo, un espacio para escuchar las diferentes voces, para mostrar las flores que crecen en tantos y tan variados jardines y para fortalecer esas redes que, si se las conoce y se las apoya, pueden llegar a globalizar el mundo de una manera diferente, "no por la fuerza", sino a través del "trabajo continuo, local, concreto" en tantos puntos del continente.

Para usar una metáfora, tal vez la situación de América Latina pueda compararse con la imagen de las grandes y de las pequeñas estrellas. Actualmente, no tenemos grandes estrellas que nos marquen un único camino y nos hagan creer que la solución de todos los problemas llegará en el momento menos esperado. Pero sí hay "muchas" pequeñas estrellas que señalan diversos caminos y que se van entrelazando y forman una misma red: la de la esperanza y la confianza en otro mundo posible. Probablemente estemos acercándonos mucho más a las propuestas del evangelio expresadas en las parábolas. Recordemos el trigo y la cizaña (Mt 13, 24-30). Esto quiere decir que todas las iniciativas -el bien- van transformando y sofocando los males que existen hoy, no a través de la fuerza, sino a través de hechos. También el Reino de los Cielos se parece a esa pequeña semilla de mostaza (Mt 13, 31-32) -la menor de todas- que, cuando crece, es la más grande de las hortalizas y los pájaros pueden venir y hacer en ella sus nidos. Los signos de esperanza que hoy observamos, seguramente, van a crecer y serán capaces de sustentar y transformar esta realidad "en otro mundo" que la esperanza nos garantiza como posible. (NA)

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