Revista

L
a Revista de la Pátria Grande


CONSTRUINDO CAMINHOS/ CONSTRUYENDO CAMIÑOS

Reciprocidad, distribución y prácticas clientelares en una hinchada de fútbol argentina[1]
María Verónica Moreira
Lic. Antropología Social - UBA
Argentina


Fotomontagem Rodolpho Oliva
Uma torcida organizada pode ser definida como um grupo fechado com um grande nível de organização, articulado em função de dois eixos: a estrutura hierárquica e a identidade de bairro. Entre as pessoas com maior reputação se destacam os líderes ou chefes, secundados por um pequeno grupo com aspirações à chefia e com algumas responsabilidades de condução, os chefes de bairro e, por último, os torcedores de posição inferior ou os mais jovens. No trabalho, se estuda a possibilidade de analisar os intercâmbios mútuos numa torcida de futebol como uma forma de (re)produzir vínculos de dependência a partir da distribuição de bens materiais e serviços essenciais, prática comumente implementada em diferentes áreas e esferas sociais de Argentina.



En contraposición a la creencia que considera a las "barras bravas" del fútbol argentino como hordas salvajes que actúan de acuerdo a un instinto animal, los estudios sociales realizados hasta el presente describen una escena diferente en la que dichos grupos representan sociedades con un alto nivel de organización. El cambio de enfoque en los abordajes también se percibe en la adopción de categorías usadas por los propios actores sociales en reemplazo de categorías externas y estigmatizadoras. Por ejemplo, en este tipo de trabajo se emplean indistintamente los términos nativos hinchada o barra para reemplazar a "barra brava".

Este trabajo analiza el sistema de intercambios recíprocos establecido entre los líderes de la hinchada y el resto de sus integrantes, como un modo de establecer lo que en antropología política se ha dado en llamar relaciones de patronazgo o relaciones clientelares. Es una presentación preliminar que plantea como hipótesis de estudio la posibilidad de analizar los intercambios mutuos en una hinchada de fútbol como una forma de (re)producir lazos de dependencia a partir de la distribución de bienes materiales y servicios esenciales; práctica comúnmente implementada en distintas áreas y esferas sociales de nuestro país.


Foto Rodolpho Oliva

LA HINCHADA: ESTRUCTURA JERÁRQUICA Y TERRITORIALIDAD

La barra es un grupo cerrado con un alto nivel de organización, articulado en función de dos ejes: la estructura jerárquica y la identidad barrial. Las personas que integran la hinchada provienen y se identifican con barrios de clase media, media-baja y baja, que están ubicados en distintas zonas del Conurbano Bonaerense: Wilde, Villa Corina, 4 de Junio, Gerli, Dock Sud, Villa Tranquila, Berazategui, Hudson, Plátanos, Bosques. Otro sector importante de hinchas proviene de la zona oeste del Gran Buenos y se dentifica con el barrio de San Justo. Las edades de los aproximadamente 250 integrantes oscilan entre los 18 y 40 años. La pertenencia se confirma a través de dos mecanismos. Por un lado, el reconocimiento por el origen barrial ("soy de…") y por otro, lo que denominamos capital social que se afirma al señalar una relación cercana con una persona de mayor prestigio ("vine con…"). Los hombres prestigiosos son los que acreditan y habilitan el ingreso de otros hinchas a la barra. Entre las personas con mayor reputación se destacan los líderes de la barra, conocidos como los capos o los jefes [2].

Los capos en orden de jerarquía están secundados por un grupo reducido de hinchas, algunos de máxima confianza, que gozan de cierta libertad y a los que les delegan funciones vinculadas a la conducción de una parte de la hinchada durante los viajes, la manutención de los hinchas (conseguir los micros, comprar la comida y la bebida), o bien, otras destinadas a las estrategias de inteligencia o combate (explorar el territorio enemigo). Únicamente en situaciones límites sustituyen a los capos en la toma de decisiones. La participación activa de estos hinchas los ubica en una posición privilegiada para el futuro ascenso a los estratos superiores de la estructura de poder. Los identificamos como los aspirantes al cargo superior o los hombres influyentes. Otra categoría está formada por los jefes barriales que tienen a su cargo hinchas de la misma procedencia local y/o vinculados por amistad. En relación a los hombres influyentes, los jefes barriales no son necesariamente hombres más jóvenes y con menor trayectoria. En principio, cumplen otra función ligada al manejo de la tropa formada por hinchas de rango inferior entre los que predominan los de menor edad. Debemos mencionar el caso particular de los hinchas de San Justo, cuyos referentes del barrio son dos hombres que mantienen una posición relativamente importante e influyente pero que no logran acceder al poder y al reconocimiento social del que gozan los líderes.

Comprender las causas del reconocimiento social es relevante en el marco de nuestra exposición. En toda sociedad existen tipos ideales de comportamiento construidos en base a ciertos valores culturales. En la hinchada, el tipo ideal de autoridad conjuga una serie de condiciones básicas que los capos deben respetar. El líder debe mostrar coraje en la adversidad (comúnmente conocido como "aguante") e incentivar el valor de los demás hinchas. Es necesario que sea astuto en el trato con diversos actores del campo futbolístico (dirigentes, policías, jugadores); un buen negociador en la defensa de los intereses colectivos; un buen conductor, una persona con carisma. La última y más importante condición (al menos en este trabajo) es que sea un excelente distribuidor de recursos. Esto implica demostrar periódicamente las cualidades que identifican a un "hombre generoso".

Precisamente, los hombres influyentes de San Justo no pueden acceder al poder de la barra porque no poseen la imagen de ser "buenos distribuidores". Los únicos que mantienen abierto el canal de comunicación y negociación con los dirigentes del club, los jugadores y el DT son los hombres de la zona sur. El dinero que entregan estas personas ingresa con la red de intercambios mutuos principalmente en forma de bienes como comida, bebida, viajes y entradas para los hinchas.

Foto João Ripper

Este hecho es trascendente pues los líderes (re) producen su posición de dominio a través de la continuidad del proceso de distribución de bienes y servicios. Retomando las palabras de Alex Weingrod, afirmamos que el poder se concibe en relación con la toma de decisiones al tiempo que "corresponde a aquellos que controlan los recursos, y que por lo tanto están en condiciones de asignarlos (…) el control de los recursos es uno de los significados y una de las medidas del poder" (1985; 65, 66).

Los capos poseen el derecho propiamente político de ejercer la autoridad en el interior del grupo pero tal posición no los habilita para ejercer arbitrariamente su autoridad. Como representantes de la autoridad moral y como miembros de la hinchada tienen derechos y obligaciones que deben respetar a riesgo de perder su legitimidad.


SISTEMA DE INTERCAMBIOS RECÍPROCOS


Entendemos el patronazgo como una relación de intercambios asimétricos entre el patrón y el cliente, basada en la desigualdad de poder, riqueza y status (Scott 1985), que se extiende a lo largo del tiempo (no se limita a una transacción única e irrepetible) y conserva su propia moralidad (Gellner). "El clientelismo (al igual que los términos asociados 'vínculos patrono - cliente', 'patronazgo', 'alianzas diádicas') se refiere al agrupamiento social de individuos marcadamente desiguales (llamados patrono y cliente) en 'relaciones recíprocas personalizadas'. El vínculo se basa en la lealtad personal, en la obligatoriedad y en el intercambio de bienes y servicios desiguales." (Zuckerman; 1985: 93)

A continuación presentamos los elementos del intercambio recíproco desplegado entre los líderes y los miembros de la barra.

Foto Rodolpho Oliva Fotomontagem Rodolpho Oliva

Entre los dones entregados por los líderes a los hinchas identificamos:

Los medios básicos de subsistencia. Incluimos los bienes que los hinchas precisan cuando juega el equipo: entradas para asistir al espectáculo deportivo; viajes gratis a los estadios visitantes; comida y bebida cuando los partidos se juegan en un estadio visitante alejado de la ciudad local.

Apoyo en la adversidad. Para mencionar solo algunos ejemplos, los hinchas en ocasiones resultan heridos después de un combate contra la hinchada rival y esto implica que sean asistidos en un centro de salud. Los líderes entregan dinero para los gastos que necesitan en la recuperación física. La ayuda también es otorgada durante las detenciones policiales. Los capos envían comida, bebida, abrigo y otros bienes para la manutención en la comisaría o en la prisión. También, en situaciones excepcionales, interfieren en las disputas legales contratando abogados para la liberación de los detenidos.

Protección. Nos referimos particularmente a la seguridad física tanto en el interior de la barra (el líder intercede frente a desafíos físicos desiguales -peleas con diferencia numérica- si maltratan a una mujer, etc.), como de cara al exterior (durante los combates con los rivales). También se espera protección en una situación de conflicto frente a otros actores: los policías, los periodistas, los dirigentes.

Los hinchas están dispuestos a:

La disposición permanente. En esta amplia categoría incluimos varias obligaciones que van desde la demostración de coraje ("aguante") frente a situaciones de peligro hasta el aliento constante al equipo. Los hinchas demuestran su fidelidad asistiendo a todos los partidos y viajando en los micros de la hinchada. Deben respetar el código de silencio (el secreto de lo que sucede y se dice en la barra) y proteger las banderas que los identifican.

En el marco de los intercambios mutuos no es posible establecer una medida exacta del valor de los dones que se intercambian (dar y tomar) precisamente porque este sistema no pertenece a la lógica económica de la compra- venta de mercancías. Los elementos del intercambio no son bienes y servicios cuantificables. En este sentido, retomamos la distinción sobre la inmediata tangibilidad de los bienes del patrón (ayuda, protección, dinero) y la mayor intangibilidad de los bienes del cliente (demostración de valor, buena disposición, sentimiento de grupo, lealtad) (Wolf, 1985; Gilsenan, 1985). Negar la devolución de un favor implica en cierta manera una situación conflictiva. Lo cierto es que si una persona recibe una prestación tiene obligación de devolverla en forma de una contraprestación.

Los hinchas son conscientes de su posición desfavorable respecto de la apropiación de recursos (dinero y otros bienes) que provienen del exterior (dirigentes, jugadores, DT); saben que una buena parte es apropiada por los capos de la barra. Sin embargo, la estructura de deferencia entre los líderes y los hinchas se mantiene pues existe una expectativa que es respetada y que está en la raíz de la "economía moral paternalista", que se basa en un concepto de justicia y equidad (Scott, 1985).

Si, de acuerdo con Scott, "la médula del sistema de reciprocidad del patrón - cliente es el intercambio de deferencia y obediencia por el cliente mientras que el patrono le proporciona unos derechos sociales mínimos", toda modificación en la dirección y en la magnitud de "los términos mínimos del intercambio" (1985, p. 54) implicará, al menos para el patrón, una pérdida de su legitimidad.

La opinión general de que alguien ha hecho mucho por la comunidad es el pasaporte más seguro para la aceptación y la reivindicación de la autoridad. Es más probable que si el cliente recibe más de lo que da, perciba el lazo de dependencia como un vínculo legítimo. Otro componente de la legitimación de la relación clientelar es el afectivo. Más allá de las diferencias por la identificación con un barrio o por la afinidad con un líder en particular, cuando los hinchas enfrentan las múltiples situaciones en la interacción con los extraños funcionan como un grupo integrado con un alto grado de cohesión social y pertenencia.

Foto João Ripper

CONSIDERACIONES FINALES

Dedicaré este apartado a dos cuestiones pendientes que considero relevantes para completar el análisis. La primera está centrada en el proceso de legitimación de los líderes. Conforme a la idea de un campo futbolístico en el que participan e interactúan diversos actores sociales (no sólo los miembros de la barra), es oportuno señalar la existencia de un doble reconocimiento social. Es decir, aquel que obtienen de parte de los hinchas debido a la adecuación de sus comportamientos al tipo ideal de autoridad (entre otras condiciones, ser un buen distribuidor de bienes y servicios); y el reconocimiento que reciben de otros actores sociales como los jugadores, el DT del equipo y los dirigentes del club. Si bien la relación que se establece entre los capos y dichos actores sociales es de tipo contractual, en la que no existen sentimientos de comunidad, hermandad, unidad y lealtad como sucede en el ámbito específico de la barra, aceptar el trato, el diálogo y la negociación con los capos de la hinchada refiere directamente a una manera de legitimar la posición social.

La segunda cuestión refiere a una inquietud personal. No quedan dudas que el objetivo principal del trabajo fue interpretar un estado de situación respecto de las relaciones sociales establecidas en el marco de la hinchada del CAI. Considero que queda pendiente una pregunta que hoy no tiene una respuesta cierta. Es la que cuestiona, desde una óptica comparativa, sobre las semejanzas y diferencias entre la modalidad de patronazgo en la hinchada y la modalidad de "hacer política" en nuestro país (conocida como clientelismo político) ¿Cuál es la relación entre ambos modos de proceder?, ¿existe alguna relación?, ¿las acciones de los hinchas son similares, provenientes u originarias de las prácticas clientelares en la política de nuestra sociedad?

Estas y otras preguntas son las que plantean la posibilidad de avanzar en el marco de futuras investigaciones sociales que, con mayor rigurosidad, encontrarán continuidades y discontinuidades entre ambos fenómenos sociales: el mundo del fútbol y el de la política.
(NA)


[1] Los datos presentados en esta exposición son producto del trabajo de campo realizado con la hinchada del Club Atlético Independiente de la ciudad de Avellaneda durante los años 2000 y 2001. En aquel entonces, el tema de investigación se centró en la disputa por el sentido del honor en función de la pertenencia y la territorialidad, que los hinchas manifestaban en enfrentamientos físicos y robando banderas de los hinchas rivales.
[2] En el período de investigación 2000-2001 los capos eran cuatro. Debido a que cada uno se identificaba con uno o más barrios y tomaban las decisiones conjuntamente, formaban una alianza con base territorial. En la actualidad, los capos son dos.



Auyero, Javier (2001) La política de los pobres. Las prácticas clientelistas del peronismo. Manantial. Buenos Aires.
Gellner, Ernest (1985) "Patronos y clientes" en E. Gellner Patrones y clientes en las sociedades mediterráneas. Jucar Universidad. Barcelona.
Gilsenan, Michael (1985) "Contra las relaciones patrono-cliente", en E. Gellner Patrones y clientes en las sociedades mediterráneas. Jucar Universidad. Barcelona.
Moreira, María Verónica (2001) "Honor y Gloria en el fútbol argentino: el caso de la Hinchada del Club Atlético Independiente". Tesis Licenciatura. Inédita.
Scott, James (1985): "¿Patronazgo o explotación?", en E. Gellner Patrones y clientes en las sociedades mediterráneas. Jucar Universidad. Barcelona.
Weingrod, Alex (1985) "Patronazgo y poder", en E. Gellner Patrones y clientes en las sociedades mediterráneas. Jucar Universidad. Barcelona.
Wolf, Eric (1980) "Relaciones de parentesco, de amistad y de patronazgo en las sociedades complejas", en M. Banton (Comp) Antropología social de las sociedades complejas. Alianza. Madrid.
Zuckerman, Alan (1985) "La política de clientelas en Italia", en E. Gellner Patrones y clientes en las sociedades mediterráneas. Jucar Universidad. Barcelona.




FÚTBOL, PASIÓN DE LOS ARGENTINOS
Leandro Zapponi
Periodista Deportivo y Profesor
Argentina



Fotomontagem Rodolpho Oliva
El fútbol es un fenómeno que convive en la Argentina desde hace muchísimos años, tantos que parece que este país nació con una pelota bajo el brazo. Por estos pagos se respira la pelota, se vive toda la semana, no solo cuando juega mi equipo. Porque el fútbol por acá se define con una sola palabra: pasión.

La semana para el hincha arranca el mismo domingo cuando se prepara para ir a la cancha. Al mediodía comiendo la pasta caserita o el asado entre amigos, esperando, todos ansiosos, que se haga la hora de la caravana para arrancar la caminata. Unos trapos con los colores del equipo favorito: camiseta, bandera, gorrita haciendo juego, radio para escuchar la "previa del partido" y a la cancha, a caminar junto a otros amigos desconocidos, que también sufren por los mismos colores, con dirección al estadio. Ojo, pueden ser miles, cientos, decenas o apenas uno solo el que comparta la misma pasión por estar ahí, pero eso no importa porque el fútbol en la Argentina no se piensa, se siente.

Ahí, en el templo sagrado, uno sabe que va a reír, llorar, sufrir o gozar, pero no le importa y va, fi el, cada vez que su equipo se presenta. Entrada en mano, se pasan las vallas de la policía, se esquiva al molinete con solo presentar el boleto y adentro… Algunos, imitan a los jugadores cuando suben por las escaleras, actitud de jugador frustrado o mera motivación propia buscando él también salir a la cancha porque, se sabe, en la Argentina, el hincha también juega.

La tensión aumenta porque se acerca la hora del partido. Hace más de una hora que la gente empezó a llegar a la cancha y desde ese momento se canta por los colores, por el equipo o por el ídolo y en contra de esos que están enfrente, los que llegaron a casa con "malas intenciones". Aunque no solo se canta, se salta todo el tiempo porque acá no existe sentarse. Uno termina transpirando, casi tanto, como los jugadores.

Entre tanto cantito, uno empieza a darse cuenta que algo raro está pasando, que hay movimientos que no había segundos atrás. Se inflan las mangas de contención y de los cuatro costados, por única vez durante toda la tarde, todo el estadio se pone de acuerdo, en ese momento parecen no importar los colores porque todos abuchean e insultan a uno solo, el único que no tiene hinchada: el árbitro.

Uno que está en medio de la tribuna, prendido a la radio, dice: "¡Ahí vienen!". Entonces las gargantas suben el volumen, se preparan los papelitos cortados en cuadraditos minuciosamente durante la semana con las hojas que no sirven de la oficina, y se agitan las banderas a más no poder. Ahí están, aparecen los jugadores, en fila india, uno detrás del otro, envueltos en millones de papelitos y mimados por el calor de las voces de los hinchas que dejan de estar separados para convertirse en uno solo. De fondo y de la tribuna de enfrente, muy bajito se escuchan silbidos para nuestros jugadores, es que las voces de acá tapan a las de allá.

De repente, cruzan la cancha los que vienen a arruinarnos la tarde y nuestros cantos a favor se transforman en silbidos ensordecedores que tapan las voces de allá. Después de las fotos de rutina y del clásico sorteo para ver quién mueve, se viene la tensión. Pelota al círculo central y por un segundo parece que el estadio queda en silencio, pero no es más que tomar aliento para que cuando la caprichosa se ponga a rodar, no se deje de cantar. Y ahí va nomás, la orden del árbitro y a jugar, o a sufrir, mejor dicho, en el caso del hincha.

Los minutos pasan y los que saltan y cantan sin parar también lo viven como locos. Hay jugadas peligrosas, que pueden terminar en gol, hay peligro. Algunos se ponen en puntas de pie y otros agarran fuerte de la mano a la persona que tienen a su lado, aunque no la conozcan, parece que viene el primero… pero no, el grito queda atragantado y todos gritan "Gouhhhhh", tomándose la cabeza, sin poder entender cómo ese jugador hizo lo que hizo. Pero enseguida se premia la jugada con aplausos y de nuevo a cantar.

Pasaron 45 minutos y el árbitro da por terminado el primer tiempo con un amargo 0 a 0. Que el partido fue un bodrio, que el equipo no juega a nada, que para qué trajeron a ese que es un burro, todas discusiones del entretiempo. Pero ya estamos listos para ver si en lo que falta del partido se puede ganar.

Curiosamente, hoy ninguno de los jugadores parece ser jugador de fútbol. "¡Qué malos que son!", se escucha desde la popular. A pesar de que es aburridísimo, se canta, el hincha transpira la camiseta igual. Faltan 5 minutos y parece que todo va a terminar así, 0 a 0. Aunque, a ver esta… Cuidado que puede ser peligrosa. La tensión hace olvidar el cantito y aumentan los murmullos. Algunos se callan, contienen la respiración y escuchan con atención los electrizantes relatos de Víctor Hugo Morales, Mariano Cross, Eduardo Caimi o alguno de los grandes narradores que transmiten la pasión del fútbol Argentino. Otros, dicen bien bajo "vamos, vamos, vamos" y otros no pueden con su genio y se les escapa un "¡pateá!".

El ídolo, tal vez fugaz, elevado a esas alturas por esta emoción que está por generar, le hace caso sin escucharlo y la pelota se encuentra con la red: ¡GOL!. Estalla el estadio. Dejan la garganta, lo poco que les queda, para gritar esa palabra mágica. Puños apretados con dirección al cielo, abrazos por doquier con gente amiga y con otra que no se conoce, lo importante es que "hicimos" un gol. Se corea el nombre del que la metió, pero todos sabemos que no lo hizo ese o el otro jugador, lo hicimos nosotros.

De repente, el árbitro pide la pelota y el "¡vamos!" se multiplica por la cantidad de hinchas que estén en el estadio. Los jugadores se saludan, se abrazan y se acercan a las tribunas con los brazos en altos, aplaudiendo a los hinchas por tanto esfuerzo y por tanto alientos. ¿Ven?, los hinchas también juegan.

Después, la vuelta a casa. Los de la tribuna de enfrente pegan la vuelta cabizbajos, algunos sin poder entender cómo perdieron este partido. Pero por este lado, la sonrisa de oreja a oreja con la satisfacción de la tarea cumplida y el paso firme a casa.

Porque como dije antes, la semana no termina acá, recién empieza. Primero hay que ver a la noche "Fútbol de Primera" para volver a gozar con este partido... que digo partido, ¡partidazo! ¿Pero cómo, no era un bodrio? Sí, era pero mi equipo ganó y entonces fue un partido para el recuerdo. Después a dormir, pero imaginando los pasos que siguen: las cargadas a otros hinchas, la próxima canción que se va inventar, la nueva producción que se va a hacer con banderas y camisetas, y lo más importante, las cábalas. Hay que repasar una por una para que no se escape ninguna y repetir exactamente el mismo ritual en el próximo partido para que se vuelva a ganar.

Así es el fútbol en la Argentina, así se vive, se siente. Se sufre, se goza, se ríe o se llora. Seas de un club conocido y multitudinario como River, Boca, Independiente o de uno modesto como Excursionistas, Fénix o Atlas. Porque por acá el fútbol es para todos una pasión, que como todas, no se explica, se siente.


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