Revista

L
a Revista de la Pátria Grande


EM DEBATE / EN DEBATE

Al otro lado del río
Organizado por Elvira Palacios
Periodista, Argentina


Foto João Ripper
Especialistas nas suas respectivas áreas analisam, questionam e propõem soluções a respeito do conflito entre Uruguai e Argentina pela instalação das papeleiras Botnia e Ence, na costa oriental do rio Uruguai. Abordamse problemas ecológicos, políticos, de cidadania, científicos e econômicos.


Los versos de esta hermosa canción expresan el sentir de las conversaciones con tres profesionales. Especialistas en sus respectivas áreas, ellos analizan, cuestionan, alertan, se autocritican y proponen soluciones respecto al conflicto entre Uruguay y Argentina por la instalación de las papeleras Botnia y Ence, en la costa oriental del río Uruguay. Vivimos un momento delicado, propicio para acudir a la música y la poesía, también capaces de decir lo que los gobiernos y los medios de información callan. En los días claros, se puede ver la costa uruguaya desde Buenos Aires: es tan lindo aquietarse y contemplarla…

Con Alfredo Rosso.
Argentino, Licenciado en Biología. Trabaja en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, a cargo del área de Aseguramiento de Calidad del Centro de Química. Profesor en Maestrías de Medio Ambiente, en el Instituto de Tecnología de Buenos Aires, en la Universidad Nacional de San Martín y en otros centros académicos.

Creo que he visto una luz / al otro lado del río…

Mi opinión es que los problemas ecológicos se deben enmarcar en conflictos que van a ser globales, porque no se tiene en cuenta que ya estamos inmersos en la profunda crisis que va a caracterizar a este siglo, desde el punto de vista de la evolución humana. A fines del siglo XX, la especie humana adquirió la capacidad de autodestruirse, de destruir a todo el planeta y va a alcanzar el máximo sostenible que puede tener la biosfera, según algunos ecólogos, entre el 2050 y el 2070 y según otros, en unos cien años más.

Foto Rogério Reis/TYBA Foto Alex Larbac/TYBA

En Ecología, existe un concepto que se llama capacidad de carga de los ecosistemas. Para tener una idea, los veterinarios saben que una hectárea puede soportar una cantidad máxima de vacas, mucho menor a las que entran teóricamente en el total de la superficie; así las vacas pueden vivir, el pasto se puede reproducir, ellas pueden defecar y esa deyección ser reciclada dentro del campo sin afectarlas. Lo mismo sucede con la biosfera. Algunos ecólogos plantean desde hace muchos años que no ha sido tenida en cuenta la capacidad de carga ecológica del planeta en la expectativa de cuántos podremos vivir en la tierra. En la década del cincuenta, había 2.500 millones de personas sobre el planeta, ahora se duplicó a casi 6.000 millones y para el 2050 se calcula que estaremos en 10.000 millones que, para algunos autores, es lo máximo que puede soportar ecológicamente el planeta.

El mundo desarrollado tiene perfectamente calculada y medida una necesidad muy real: trasladar todas las industrias contaminantes que sustenten su modo de vida actual a las regiones con menor densidad poblacional. Esto se ve en este caso de las papeleras y lo vamos a seguir viendo. En este momento, la mayor represa del mundo se está haciendo en el río Yangtzé, en China y es más de cien veces mayor a cualquiera de las conocidas en el planeta. Creo que nuestras regiones y sus gobiernos van a ser fuertemente presionados para que nos hagamos cargo de sostener un modo de vida particular: el del mundo desarrollado. De acuerdo a lo que sabemos hasta este momento, si Europa y Estados Unidos aplicaran su estándar de vida a todo el planeta, las reservas de energía y de alimento caerían en poquísimo tiempo.

Al respecto, un primer dato es la famosa dieta que usamos todos nosotros. Gastamos aproximadamente unas 2500 quinientas kcalorías por día, para alimentarnos. Un ser humano preindustrial gastaba unas 10.000 mil kcalorías externas (carbón, madera, ropa energía) aparte de las alimenticias. Hoy, en el mundo desarrollado, el cálculo energético por ser humano sigue siendo de 2.500 kcalorías diarias en alimentación pero gastamos unas 250.000 (cien veces más) en energía para sostener nuestro estilo de vida: calor, combustible, luz, alimentos de todos los ecosistemas del planeta que vienen por barco. Un segundo dato nos indica que el 10% de la población mundial sufre enfermedades de sobrealimentación: hipertensión, sobrepeso, etc., mientras el 90% restante tiene enfermedades de subalimentación. En consecuencia, los problemas ecológicos son reflejos o síntomas de problemas sociales, políticos, demográficos y de distribución de la riqueza. Llegar a 6.000 millones de personas nos llevó casi 200 mil años y vamos a duplicar el número en solo cincuenta años. Resulta espeluznante.

En esta orilla del mundo / lo que no es presa es baldío…

Creo que, intencionalmente, no se está hablando de lo que se llama la crisis demográfica. En realidad, la crisis ecológica es un reflejo de la crisis demográfica y de la crisis de distribución de los recursos planetarios. Por tanto, las industrias contaminantes constituyen un conflicto global que se va a trasladar a África, Sudamérica y Asia, zonas donde todavía aceptamos recibir cargas e industrias contaminantes sin exigir, para su radicación, los mismos estándares de calidad ambiental y de tratamiento de sus descargas.

Si Argentina hubiera recibido la oferta de instalar las papeleras, posiblemente Uruguay estaría protestando por la ecología. Es un conflicto simétrico que excede a los dos países. Argentina también está contaminando un frente común y un río común como es el sistema Paraná - Plata y estamos afectando a Uruguay. Suecia, Uruguay y dos o tres países más - unos de los países más "limpios" del planeta- poseían los mejores índices ambientales en sus ecosistemas. Desde el punto de vista político, Uruguay tuvo su primer desafío: no asumir un compromiso de radicación industrial, si no se aseguraba que no habría contaminación posterior. Sin embargo, dejó de lado sus políticas ambientales y aceptó la instalación de estas plantas con muy dudosos estudios de impacto ambiental, sin exigir un completo tratamiento de los efluentes líquidos para evitar la contaminación del río. Mi opinión es que está entregando su patrimonio ecológico por variables económicas, pero no porque sea un problema particular del Uruguay, hubiese sido simétrico si la oferta hubiese venido a la Argentina. Otras plantas pasteras de celulosa se están pensando para el Alto Paraná y en la medida que haga falta, el Orinoco. Estas industrias consumen inmensas cantidades de agua y precisan de ríos importantes como el Orinoco, el Amazonas, el Nilo, el Yangtzé. Por ejemplo, Botnia va a representar el doble de las diez pasteras que tiene la Argentina en sus distintos cauces.

Clavo mi remo en el agua / Llevo tu remo en el mío…

El tema del agua es uno de los puntos más sensibles como recurso natural, sobre todo el agua que se llama superficial, que sirve fácilmente como el agua potable. Existe mucha agua disponible pero está enterrada en acuíferos, en napas subterráneas o en los casquetes glaciares. La tecnología para transformarla en agua potable es muy cara, en cambio, los ríos de agua dulce de todo el planeta nos sirven para la vida humana con muy poco tratamiento. Entonces, si esto lo correlacionamos con el incremento de la población humana, sabemos que va a existir inicialmente una fuerte presión sobre el agua potable superficial del mundo subdesarrollado, en especial, donde existen enormes reservas de agua. La mayor parte del hemisferio norte es continental y la mayor parte del hemisferio sur es agua; tenemos agua marina y grandes ríos. En esta asimetría entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado, se está planteando que el mundo desarrollado explotó y consumió todos sus recursos en el hemisferio norte; aprendió y estudió la ecología de esos ecosistemas degradados y ahora nos dicen que dejemos el Amazonas y demás ríos como están porque los necesitan para terminar de contaminarlos y sustentar su modo de vida. Debemos cuidarnos en nuestras regiones de no caer en un fundamentalismo ecológico dejando las cosas como están, pensando que es mejor no industrializarse, porque vamos a sostener el nivel de subdesarrollo que intenta el mundo capitalista global y aun así, ellos nos van a contaminar. Básicamente, la clave apunta a pensar un modelo de desarrollo que aproveche la experiencia de contaminación del Primer Mundo y en el que la gente de nuestros países exija planes de radicación de industrias en la región que produzcan y aseguren un tratamiento completo de los efluentes.

Foto Monique Cabral/TYBA

Para remover la carga contaminante, los tratamientos de efluentes típicos tienen etapas: primaria, secundaria, terciaria y hasta cuaternaria. Las empresas informan muy poco, aunque creo que se les descubrió el punto flaco del estudio de impacto ambiental, intencionalmente incompleto. Estas plantas contarán con tratamientos de efluentes líquidos primario, secundario y terciario, que remueven carga orgánica pero no los contaminantes más persistentes y más tóxicos: las famosas dioxinas, furanos y otros productos de combinación del cloro que se usa en la fábrica para blanquear el papel. Como la lignina de la madera es marrón, la forma barata de blanquearla es aplicarle cloro; cuando este se combina con productos naturales de la madera, forma compuestos -algunos cancerígenos- que son persistentes en el medio ambiente y se acumulan a lo largo de las cadenas alimentarias. Escuché ya declaraciones de gente en España que decía: "Pero si tenemos que hacer un tratamiento completo de efluentes, no nos vamos a ir a Sudamérica. Para eso la dejamos en España". Es carísimo remover dioxina y furano; la tecnología es conocida en España, en Argentina, en Finlandia, etc., pero termina dando un producto muy caro. La idea de venir aquí es por mano de obra y costo ambiental baratos. El costo ambiental hoy es un costo muy importante porque una empresa, al calcular costos, incluye materia prima, sueldos y costo ambiental, por la presión ciudadana de tanta gente viviendo en el mundo desarrollado. Aquí el costo ambiental prácticamente no existe. Si se hace el balance de cualquier empresa, nadie calcula el costo ambiental. Desgraciadamente, los gobiernos y las empresas que toman las decisiones al respecto, no creo que estén pensando en estos aspectos, ni que la gente de medio ambiente del Uruguay no sepa del impacto que esto va a producir; sabe que impactará en algunos aspectos directos mucho más sobre Fray Bentos que está al lado y no está enfrente como nosotros. Sencillamente sé que la inversión de estas dos plantas representa un porcentaje importantísimo de producto bruto interno para Uruguay. Es un proyecto que empezó hace veinte años con los planes de forestación y en realidad, creo que los Presidentes de ambos países deben estar buscando la forma de salir de este problema, sosteniendo la radicación de industrias de alto capital porque la región las quiere sostener. De algún modo, en la opinión pública se filtraron conceptos de tipo ecológico que, hasta ahora, solo estaban en un ámbito científico, sin mayor difusión. Entonces, en el ámbito científico de ambos países precisamos hacer una autocrítica porque tendríamos que estar, inicialmente, poniendo estos alertas y no admitir a los grupos fundamentalistas de la ecología como respuesta científica, que muchas veces terminan generando en la región condiciones de pobreza y dejando asociada la contaminación.

Con Philip Kitzberger.
Uruguayo. Politólogo de profesión. Profesor en la Universidad Torcuato Di Tella e investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Se dedica a temas de Teoría Política y de Medios y Política.

El día le irá pudiendo / poco a poco al frío…

La definición acerca de si el conflicto es bilateral, regional, del Mercosur, es algo que está en discusión, es algo controvertido porque justamente, según el encuadre que se le dé, van a ser diferentes los mecanismos de negociación, quiénes van a ser las partes involucradas. El problema a definir - si se trata de un conflicto bilateral o regional - es parte justamente del conflicto, es parte de la discusión sobre el conflicto.

Si Uruguay trataba de encuadrarlo como un conflicto del Mercosur y, por lo tanto, hacía intervenir a los organismos y a las instituciones del Mercosur, Argentina no quería eso; finalmente terminamos en que Argentina boicoteó esa definición y convenció a Brasil. Me parece que eso fue parte de lo que generó esa sensación de descontento y ese amague de salir del Mercosur por parte del gobierno uruguayo porque también hace patente una situación que es previa al conflicto: el malestar de los países chicos del Mercosur como Paraguay y Uruguay, donde Argentina y Brasil son los que definen los términos de las políticas del Mercosur un poco a su conveniencia - digamos así - y Uruguay y Paraguay quedan un poco relegados. Entonces, el descontento previo puede ser interpretado como un antecedente del malentendido y de la triste comunicación que hubo en torno a la instalación de las papeleras.

Sobre todo creo que / no todo está perdido…

Espero que ahora las audiencias en La Haya sienten, por lo menos, unas bases para un diálogo. Creo que es un conflicto negociable. Creo que hay dos clases de conflictos: los más difícilmente negociables y los negociables. Los conflictos más difíciles de negociar son los que involucran cosas de uno u otro: identidades, por ejemplo, israelíes - palestinos; esos son conflictos más difíciles porque no hay un terreno intermedio para negociar. En este conflicto, la postura argentina y del ambientalismo, por un lado, y Uruguay y su desarrollo industrial por el otro, son dos términos en los cuales se puede encontrar un compromiso. La dificultad por el compromiso, que aparece ahora, es por la situación a la que se llegó, generada por una mala gestión de la relación entre Argentina y Uruguay y no por la naturaleza misma del conflicto. Lo que es realmente preocupante es que en dos países que tienen una relación política, económica y cultural tan estrecha como Argentina y Uruguay, no haya habido un diálogo previo en torno a cómo podía solventarse esto. El desarrollo forestal en Uruguay es una política visible en torno al desarrollo de la industria papelera que empezó en los años ochenta. El que hayan dejado que el conflicto llegue y escale a este nivel es para reprocharle a ambos lados, pero es algo negociable, porque no es una cosa u otra; aquí se puede discutir dónde se instalan las papeleras, qué clase de papeleras; se pueden brindar compensaciones, hay muchos mecanismos y alternativas.

La ciudadanía, la opinión pública, difícilmente pueden tener una previsión en torno a esto. Uno ve bosques en Uruguay y no por eso se da cuenta que se vienen unas papeleras, pero sí a nivel gubernamental y eso nos habla del pobre estado de nuestras instituciones. Las instituciones políticas tienen la misión de hacer aquellas cosas que la ciudadanía común no puede hacer: un poco de previsión, un poco de planificación. Deberían funcionar para eso. Es sorprendente que no hayan tenido un contacto previo, habiendo una institución como la que se crea con el convenio del río Uruguay. Ahí está el reproche que se le puede hacer al gobierno uruguayo, que haya comenzado con las inversiones y las obras de las papeleras, sin tener acuerdo previo con Argentina. Los actores políticos de Argentina tampoco ayudaron a la resolución del conflicto, se comportaron en forma egoísta. Me estoy refiriendo básicamente a Busti, el gobernador de Entre Ríos. Ahí, básicamente, se dio el síndrome de la Argentina post 2001: los dirigentes políticos, por temor a que la ciudadanía manifieste su descontento y los acuse de falta de representatividad, son capaces de montarse sobre los reclamos - en este caso el reclamo de la población de Gualeguaychú - ponerse de pie e incluso, echar leña al fuego.

Foto Arquivo Novamerica

Este conflicto también trae otro entre dos valores diferentes: el desarrollo industrial y la modernización de un país y el medio ambiente. Nuestra sociedad tiene que manifestar cuál es el compromiso al que está dispuesta. Si queremos un país donde haya ríos inmaculados, eso tiene que tener como contracara la aceptación de que no queremos desarrollo industrial. Me parece que el reclamo de la gente de Gualeguaychú, que es legítimo, no toma en cuenta este aspecto más amplio. Entiendo que ellos se asusten ante las chimeneas que les están erigiendo enfrente y que quieran un río Uruguay limpio, pero desarrollo industrial, fuentes de trabajo, modernización, mayor igualdad quiere decir aceptar pagar un precio medio ambiental, estético. Entonces, países como Argentina y Uruguay tienen que poner en claro cuál es el grado y qué tipo de desarrollo industrial quieren. Hay un punto - expresado por Kirchner - que es atendible: la política de los organismos de crédito fomenta, con facilidades, que el desarrollo industrial más "sucio" vaya a parar a países de menor desarrollo y así se paga el precio por el desarrollo. Debemos tener una política nacional y una política regional porque compartimos ríos como el río Uruguay; fronteras y una región geográfica.

El Mercosur o lo que quede de él en el futuro, Argentina, Brasil y Uruguay tienen que ponerse de acuerdo sobre esos puntos porque el desarrollo industrial de Brasil va a afectar a Uruguay y a Argentina y viceversa. Lamentablemente, quizás más en Argentina que en Brasil, nuestro estado tiene muy poca autonomía frente a lo inmediato, para tomar decisiones de un poco más largo plazo. Ojalá el Mercosur vuelva a ponerse de pie en otros términos. Yo creo que la demanda de Uruguay y Paraguay va a tener que ser escuchada y es real. Al igual que en la Unión Europea, donde los estados menos aventajados recibieron mayor ayuda y políticas compensatorias, me parece que el Mercosur debería funcionar sobre bases similares y hasta el momento no ha podido hacerlo. Hay un montón de problemas en el Mercosur, por el escaso desarrollo y la similitud de aquellos productos que los países participantes ponen en el mercado mundial, que hacen más complicada la integración, pero creo que no es la sentencia a muerte del Mercosur. Creo que el Mercosur se puede repensar.

Con Juan Pablo Xandri.
Uruguayo. Licenciado en Economía. Cursa la Maestría en Economía en la UTDT

Tanta lágrima, tanta lágrima / y yo, soy un vaso vacío…

Creo que ambos lados están manejando el tema de una manera muy diferente. En Uruguay, la gente piensa que no es un problema realmente ambiental porque constantemente se saca a relucir el hecho de que hay papeleras y Argentina tiene una tecnología mucho peor al otro lado, en el río Paraná. En realidad, no es un problema ecológico sino básicamente turístico porque a Gualeguaychú, que es una ciudad turística, la perjudica esto y, además, en Uruguay siempre se vio que Argentina fue en contra del turismo uruguayo e hizo cosas para retener a su gente en Argentina y que no viniera a Uruguay. Por ejemplo, un bloqueo se levantó justo después de que terminó la temporada otro, después de Semana Santa. Se lo siente como un ataque directo. Pienso también que es un error como los uruguayos estamos tomando el tema, al pensar que Argentina no tiene ingerencia en eso. No sé por qué se piensa que no es un problema internacional y que Argentina se quiere meter. Hablo con gente y les digo que el río Uruguay es el límite entre los dos países, que es un problema de derecho internacional y que los argentinos tienen derecho a quejarse. La cuestión es que no sé por qué en los medios se dice que Argentina se mete y nos toca nuestra soberanía. Lo que sí vemos es que decir que es un problema ecológico es una excusa para traer más gente para la causa.

Yo muy serio voy remando / muy adentro sonrío…

De ambos lados están muy cerrados. No hubo verdadera búsqueda de solución diplomática. Está Uruguay que dice: "No, no voy a hacer nada" y Argentina repite: "Ustedes no van a poner las papeleras". Se parecen a dos nenes chicos que andan pataleando cada uno para su lado, pero no hay, realmente nunca hubo, vías abiertas para la negociación. Uruguay decía: "Sí, sí, vamos a negociar" y a los meses salía: "No, las papeleras se quedan seguro". Si afirman: "Vamos a negociar pero yo te digo que no voy a hacer nada", entonces, eso no es negociar. No entiendo esa diplomacia. No sé por qué Uruguay tiene esa postura tan radical. Por un lado, le sirve al gobierno, creo que de ambos lados. Uruguay quiere que la gente trabaje e incluso, la estrategia electoral que tuvo el Frente Amplio fue que había que cambiar del área de servicios por algo productivo. Justamente, esta es la mayor inversión que hemos tenido, entonces tiene que enfrentarlo porque es la base de la campaña que tuvieron; más allá de las cuestiones económicas, políticamente es muy importante para ellos.

Creo que la opinión pública uruguaya cree que en La Haya se gana seguro. No hay dudas. Están con la impresión de que si vamos a La Haya, tenemos la ley a nuestro favor, sin embargo, no tengo idea de derecho internacional.

Oigo una voz que me llama / casi un suspiro…

Se percibe que Argentina ataca a la soberanía uruguaya, porque en el Mercosur, hubo varios casos puntuales con la Argentina y con Brasil. Con la Argentina, se dio el caso de la empresa "Motociclos". En su momento, una industria uruguaya de bicicletas y motos tenía un embarque a Argentina, le pusieron mil trabas y estuvieron meses porque Argentina decía que tenía tal porcentaje de importación china cuando en realidad tenía ciertos pactos. Otra cosa que molestó mucho a la opinión pública fue el tema de la aftosa, hubo un brote y lo que dijo la opinión pública es que en la Argentina se sabía hace rato, pero nunca se dijo y de repente, la aftosa cayó en el Uruguay y casi fue la noticia del año porque Uruguay tiene una economía muy dependiente del ganado. Creo que se hizo mucho más mediático que otra cosa. Además sucedió en el 2000, 2001, 2002, justo con la crisis, así que molestó un poco.

Rema, rema, rema /
Rema, rema, rema…
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