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De
la ciudad educativa a la ciudad educadora
Alicia
Cabezudo
Argentina

Desde
a pedagogia urbana amplia-se o significado do processo
de ensino-aprendizagem, entendendo educação, para
além da escola, como um complexo processo que se desenvolve
em múltiplos espaços e através de múltiplos atores.
A cidade passa de um simples cenário da ação educativa
a agente educador. Isto significa implicar-se no desenvolvimento
estratégico da cidade, portanto trata-se de uma decisão
política que ademais supõe a participação cidadã e
a construção de uma estratégia coletiva.
¿A
QUÉ LLAMAMOS CIUDAD?
Defi nir a la palabra ciudad es una ardua tarea, ya
que esta es un producto cultural complejo y cargado
de signifi cado. Esta complejidad no se resuelve defi
niéndola como un espacio opuesto a lo rural, como
el lugar de la localización estable o permanente de
individuos heterogéneos, ni como el resultado del
desarrollo industrial y de concentración capitalista.
A nuestro criterio la ciudad no es meramente un fenómeno
físico o un modo de apropiarse del espacio, sino el
lugar donde se producen innumerables interacciones
y experiencias del habitar. Es aquella que optimiza
las oportunidades de contacto, la que apuesta por
la diversidad y por el intercambio tanto en el ámbito
funcional como social, y en la que se multiplican
los espacios de encuentro. Para numerosas personas
es el lugar de la aventura iniciática, o el de las
múltiples oportunidades. Pensamos que esta debe ser
entendida como un sistema de referencia física y simbólica,
donde la interacción de los objetos y las redes materiales
o virtuales que la componen ponen en relación tanto
espacios, imágenes e informaciones, como diversas
manifestaciones culturales.
La ciudad actual está sufriendo procesos de disolución,
de fragmentación y privatización. Procesos que interactúan
contribuyendo a la desaparición del espacio público
como espacio de ciudadanía. Latinoamérica no se desarrolla
de manera homogénea, la heterogeneidad multicultural
y multitemporal que nos caracteriza nos obliga a repensar
sobre la particular hibridez de nuestra cultura y
sobre cómo están insertas las ciudades en el mundo
global. Las nuevas actividades urbanas se ubican preferentemente
en las periferias cada vez más extendidas, llegando
a conformar verdaderas ciudades dentro de las ciudades.
Dicha expansión tiene que ver con el grado de saturación
de las redes de servicios lo cual coincide, algunas
veces, con el despoblamiento general de las zonas
centrales y los cascos históricos. Es en la periferia
donde se encuentran los bolsones de extrema pobreza.
En este sentido el hacinamiento, la falta de servicios
urbanos y la pésima calidad de vida dan cuenta de
la existencia de una sociedad informal fuertemente
definida. Teniendo en cuenta estos procesos, cuando
hacemos referencia a los ciudadanos deberíamos preguntarnos:
¿a quién se incluye?, ¿a quién se excluye?, ¿quiénes
pueden utilizar sus oportunidades de formación y de
información, de trabajo y de cultura?

PEDAGOGÍA URBANA: MARCO CONCEPTUAL DE LA CIUDAD
EDUCADORA
El mundo de la cultura se ha transformado aceleradamente,
por ende, la educación -entendida como un complejo
de actores, escenarios, rituales y significados- no
ha permanecido ajena a los cambios. Los fenómenos
que venimos destacando, vienen constituyendo un amplio
arco de experiencias culturales que producen un fuerte
impacto en el campo educativo. A nuestro criterio,
la idea de campo nos permite reconocer múltiples escenarios
para la educación, así como problemáticas y estrategias
de intervención. Las afirmaciones que estamos produciendo
no desconocen que pensar la educación de esta manera,
tropieza con obstáculos muy fuertes. E fundamental
se encuentra en el énfasis que en la historia de la
educación se ha puesto en la institución escolar.
En relación con esto debemos decir que, mientras se
afirma que la escuela es el único lugar de aprendizaje,
en el afuera, en ese incierto mundo de calles, se
producen otras prácticas. Y estas otras prácticas
no se quedan afuera sino que se cuelan en el mundo
escolar y al hacerlo producen ruido. Debemos reconocer
que nos encontramos en un mundo de profunda mutación,
que estas mutaciones son un signo epocal, y que esto
no solo se circunscribe al plano político y social,
sino que también corresponde al mundo pedagógico.
En términos de la pedagogía urbana, afirmamos que
el proceso de enseñanza aprendizaje necesita reconocerse
en múltiples espacios educativos ampliando su significado.
Así, cuando hablemos de educación no la reduciremos
a la institución escuela, sino que será entendida
como un proceso complejo que se desarrolla en múltiples
espacios y, por lo tanto, la tarea educativa no se
centrará en un solo sujeto histórico, como el maestro,
sino que en múltiples actores. En relación con
esto último decimos que una ciudad educadora necesita,
para el desarrollo de una estrategia educativa, de
todos los espacios posibles, así como de actores que
asuman la tarea de enseñar, más allá de la acreditación
profesional. En este contexto los aportes de la pedagogía
urbana más significativos son los siguientes: ampliación
del campo de acción pedagógica; construcción de valores
democráticosparticipativos; resignificación de la
ciudadanía: de objetos urbanos a sujetos y multiplicación
de redes educativas y culturales. Estas ideas implican
interrogarnos acerca de lo que estamos entendiendo
por enseñar y aprender. Como primera aproximación
en el proceso de construcción de respuestas posibles
podemos reconocer algunas imágenes interesantes, entre
ellas la de los maestros griegos caminando por las
calles, los artesanos medievales en sus talleres,
los monjes en sus monasterios, el anciano caso particular
del proceso de enseñanza-aprendizaje. Se trata de
una relación donde se transmite un saber y un oficio.
El artesano transmite a su aprendiz un saber y un
saber-hacer, pero en ese acto construye nuevos saberes
sobre ese oficio, de la misma manera que el anciano
transmite una historia acerca de su pueblo, pero a
la vez lo reconstruye y señala aprendizajes para el
presente de su comunidad. Este proceso de transmisión,
cuyo escenario principal y función social estaban
claramente definidos en pos de promover el progreso
indefinido, ha tomado otras características en el
contexto de las redefiniciones de los parámetros contemporáneos.
Tramos de los escenarios presentados por los filmes
de ciencia ficción pueden ser reconocidos en espacios
urbanos concretos, la creciente masificación del mundo
de las imágenes que nos llegan a través de nuestro
televisor, el uso de los aparatos tecnólogicos que
tan hábilmente nuestros jóvenes realizan, etc. trastocan
-permanentemente- los referentes culturales que, como
ya dijimos, están hoy más ligados a procesos mundiales
que a las fronteras delimitadas por lo nacional o
local. La transmisión cultural, sostenida desde
la relación asimétrica adulto/joven o maestro/adulto,
sobre la cual se construyeron sistemas de educación
y modos de aprender en el siglo XXI, muy ligados a
la construcción de los Estados Nacionales, se encuentra
fuertemente cuestionada ya que la escuela no puede
dar cuenta de ese afuera que se transforma de manera
acelerada. Desde esta lectura, una Ciudad Educadora
se debe construir desde las múltiples posibilidades
que le brinda el complejo mundo urbano, pero también
a partir de sus actores, que son portadores de una
historia, de una herencia, de lo nuevo y, fundamentalmente,
son transmisores de una manera de existir en ese espacio.
La consideración de este aspecto de las ciudades,
al deconstruir el proceso de transmisión cultural
de un único escenario, nos abre la posibilidad de
considerar otros. Este descentramiento instala nuestra
mirada en otros procesos educativos, que forman parte
del circuito de transmisión cultural y que constituyen
verdaderas redes de educación. Llamaremos a estos
espacios nuevos escenarios educativos. Estos escenarios,
implicados en tratamientos de problemáticas diversas,
con sus tareas de formación, han abierto el abanico
de las actividades culturales, políticas y pedagógicas,
implicando a sus protagonistas en la construcción
de una matriz de saberes muy ligados al concepto de
autogestión y participación. Al reconocer la importancia
en las tribus, etc. Estas imágenes, más allá de las
diferencias históricas y políticas, están montadas
sobre un acontecimiento fundamental del proceso de
reproducción de una sociedad: la transmisión cultural.
Ponemos el acento en esta acción, ya que partimos
de entender que allí se funda el hecho de educar,
en el acontecimiento histórico-social de la transmisión
de una cultura, y en el pedagógica de esos otros lugares
que se construyen más allá del espacio institucional,
que en la memoria colectiva se ha inscripto con el
nombre de escuela, en esos otros lugares que llamamos
educación no formal o educación informal, pretendemos
poner el acento en un territorio donde los procesos
de enseñanza aprendizaje se re-significan permanentemente,
los contenidos se multiplican e instituyen en sujeto
a aquellos que se involucran. Pero además, queremos
remarcar el hecho de que la formación y el aprendizaje,
de ninguna manera se pueden agotar en aquello que
acontece en la institución escolar, sino que es necesario
considerar la utilización, con fines educativos, de
otros recursos y medios del entorno urbano. A modo
de ejemplo queremos destacar algunos de estos escenarios:
bibliotecas populares, museos, sindicatos, organizaciones
no gubernamentales, talleres focalizados de acuerdo
a la población (niños, jóvenes, adultos, tercera edad);
temáticos: medio ambiente, ecología, periodismo, arte,
educación vial, etc., clubes, tareas de prevención
llevadas adelante desde el Área de salud, las iglesias,
los partidos políticos, etc. Esto no significa que
cualquier espacio ni cualquier acción pueden ser incluidas
en esta lista. Como criterio básico para ser reconocido
en términos pedagógicos decimos que: "...la
intencionalidad de enseñar y aprender, constituye
un rasgo esencial para caracterizar un proceso educativo...".
DE LA CIUDAD EDUCATIVA A LA CIUDAD EDUCADORA
Como venimos planteando, la formación y la educación
son posibles desde muchos ámbitos de la vida urbana,
en esta dirección la ciudad tiene que pasar de ser
un simple escenario de la acción educativa a convertirse
en agente educador. Ahora bien, ¿cómo hacer para que
la ciudad sea educadora de sus ciudadanos? Implicándose
en un claro desarrollo estratégico. Esto es fundamental,
ya que desde Ciudades Educadoras sostenemos que toda
ciudad es educativa pero no educadora. Esto implica
un pasaje que se lleva adelante a partir de la voluntad
política, la participación ciudadana y la construcción
de una estrategia colectiva. En definitiva se trata
fundamentalmente de una decisión política. Para esto
debemos dejar de considerar las diferentes formas
de educación y aprendizaje como independientes las
unas de las otras, y considerar la complementariedad
de los ámbitos y momentos de la educación. La ciudad
se disfruta, se padece, se recorre y se usa. El conocimiento
informal que produce el espacio urbano es también
conocimiento sobre el propio medio. Para que esto
suceda, en primer lugar las ciudades deben ser consideradas
como reales espacios de aprendizaje, organizando,
sistematizando y dando profundidad al conocimiento
informal que de ella se adquiere espontáneamente a
través de la vida cotidiana, y ayudar a descubrir
las relaciones y la estructura o estructuras que a
menudo no aparecen directamente perceptibles. En segundo
lugar, se trata de aprender a leer la ciudad, aprender
que es un sistema dinámico en continua evolución,
para ello es necesario sobrepasar la parcela de la
ciudad que constituye el hábitat concreto de cada
cual. También significa aprender a leerla críticamente,
a utilizarla y a participar en su construcción. En
tercer lugar, es necesario aprender a convivir, a
vivir conjuntamente, es decir, a interactuar con los
otros. En cuarto lugar, decimos que los ciudadanos
deben aprender las habilidades mínimas para circular
por la ciudad, para utilizar plenamente sus medios
de transporte y comunicación, para acortar los caminos
y ubicarse en la intrincada complejidad de nuestras
urbes. En definitiva, si entendemos a la ciudad como
lugar de vida también puede deducirse fácilmente que,
para su evolución y para sumar mejores condiciones
al ambiente urbano, es pertinente la plena participación
de sus habitantes en la defensa de sus intereses.
Entonces, en quinto lugar se deben reconocer cuáles
son los derechos y deberes que todos como ciudadanos
poseemos e intervenir en las decisiones sobre el futuro
de la ciudad, ya que al afirmar que esta es "nuestra
ciudad" o "nuestro barrio" estamos invocando la identidad
y la pertenencia. Instituir un lugar como propio es
asumir la gestión de resolver o encaminar las demandas,
las propias del barrio y las de sus articulaciones
con el resto de la ciudad y el mundo. Todo ciudadano
es un interlocutor válido en la toma de decisiones
sobre la ciudad, dado que nadie mejor que él puede
detenerse a resaltar sus virtudes y sus falencias.
Para lograr esto es necesario que los gobiernos locales
posean los mecanismos institucionales adecuados que
posibiliten que un número representativo de ciudadanos
pueda intervenir en el planeamiento urbano y la construcción
de políticas públicas necesarias para el diseño de
la ciudad presente y futura. Y los ciudadanos debemos
aprender a participar activamente en la conquista
y construcción de nuestras ciudades en este pasaje
de la ciudad educativa a la ciudad educadora.
(NA)
EDUCACIÓN
BILINGÜE INTERCULTURAL (EBI) EN EL PERÚ
Romina Pesquiera
Perú
En
el mundo y en América Latina existe una gran diversidad
cultural y lingüística. Basta con mencionar que a nivel
mundial se hablan entre cinco y seis mil lenguas, repartidas
entre aproximadamente doscientos Estados-Nación.
El concepto de educación bilingüe e intercultural se
viene estableciendo en el ámbito de la educación indígena
en América Latina. Esta concepción es considerada como
la más avanzada para responder a las necesidades étnicas
y culturales de los pueblos indígenas, pues concede
la posibilidad de un desarrollo autodeterminado y de
una educación que integra realmente la propia cultura,
después de tantos siglos de opresión y discriminación
y programas educativos asimilacionistas. Así, hoy día
el concepto de "educación bilingüe intercultural" se
ha convertido en un tema político muy importante.
En el Perú, hay una gran variedad de culturas y familias
lingüísticas: el quechua y el aymara en la región andina,
con algunas variaciones dialectales, y 65 grupos en
la amazonía peruana, agrupados en 12 familias lingüísticas.
A la luz de los lineamientos de la Política Nacional
de Educación Intercultural y Educación Bilingüe Intercultural
aprobada a fines de 1991, ese documento partía desde
la consideración de la población indígena en particular.
Hoy en día, en cambio, la atención se centra en lo que
implica una educación intercultural para todos los peruanos,
según se afirma en la legislación vigente.
En consecuencia, el principio de la interculturalidad
empieza a cobrar fuerza pues busca que el contacto de
personas de culturas diferentes se dé en condiciones
de igualdad y respeto, para que este encuentro lleve
al desarrollo creativo de ambas culturas a través del
diálogo intercultural. Esto implica una educación intercultural
que tome en cuenta el entorno, los saberes, la lengua
y la lógica interna de las culturas, y que proporcione
las herramientas necesarias para participar plenamente
y en igualdad de condiciones en la vida de su propia
comunidad y en la comunidad nacional.
Hasta el momento, en el Perú, mediante la EBI se ha
intentado contribuir a fortalecer las identidades culturales
indígenas y a revitalizar las lenguas originarias, bajo
una visión escolarizada. De ahí que se asume que el
problema de las lenguas y las culturas originarias se
da solo en la escuela. En el sector educación es necesario
empezar a plantear estos problemas y los retos de la
EBI, desde una visión desescolarizada, ya que el problema
de lenguas y culturas es un problema de Estado. A pesar
de lo anterior, aunque se deben hacer esfuerzos por
parte del Estado para desescolarizar la problemática
lingüística y cultural, aún quedan muchos aspectos importantes
que cambiar, mejorar y fortalecer internamente en la
escuela: la formación de los docentes especializados
en una EBI, la pertinencia y utilidad de los materiales
educativos, la infraestructura de la escuela, la diversificación
curricular, la participación de los padres de familia,
el fortalecimiento de los saberes culturales en la escuela,
entre otros. La escuela y los logros que se den dentro
de las comunidades en el desarrollo, son un punto de
partida para llevar a cabo grandes cambios, que son
necesarios para alcanzar el reconocimiento público y
la valoración de la diversidad cultural y hacer posible
que esta se convierta en pluralismo cultural.
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