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Migrações:
um tema, muitas polêmicas, diferentes questões. Pensar
e discutir sobre fluxos migratórios implica, por exemplo,
analisar as condições de vida de indivíduos, grupos
ou populações, que por motivos diversos se movimentam,
seja dentro do próprio país, seja atravessando fronteiras
e até oceanos em busca de um futuro melhor. Mas implica
também, entre outros inúmeros aspectos, refletir sobre
as macro-políticas orientadoras dos grandes fluxos
migratórios internacionais. Nesse sentido, no espaço
Opinião, Eduardo Domenech, docente e pesquisador do
Centro de Estudos Avançados da Universidade de Córdoba,
Argentina, põe em debate o papel dos organismos internacionais
e a sua relação com os Estados, a partir da formulação
de uma agenda global, comprometida com a construção
de uma nova ordem reguladora das intensas movimentações
populacionais de âmbito internacional.
Migraciones: un tema, muchas polémicas, diferentes
problemáticas. Pensar y discutir sobre flujos migratorios
implica, por ejemplo, analizar las condiciones de
vida de individuos, grupos o poblaciones, que por
motivos diversos, se trasladan dentro del propio país
o atraviesan fronteras e incluso océanos en busca
de un futuro mejor. Pero implica también, entre otros
innúmeros aspectos, reflexionar sobre las macropolíticas
orientadoras de los grandes flujos migratorios internacionales.
Desde esta perspectiva, en el espacio de Opinión,
Eduardo Domenech, docente e investigador del Centro
de Estudios Avanzados de la Universidad de Córdoba,
Argentina, coloca en discusión el papel de los organismos
internacionales y su relación con los Estados, a partir
de la formulación de una agenda global, comprometida
con la construcción de una nueva orden reguladora
de los intensos movimientos poblacionales de ámbito
internacional.
La
agenda global sobre migraciones internacionales: la
escena sudamericana
Eduardo
E. Domenech
Argentina
Docente-investigador del Centro de Estudios Avanzados
de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
Integrante del Grupo de Trabajo Migración y Cultura
de CLACSO

Desde
a década de 1990 a região sul-americana experimenta
transformações significativas em matéria de migrações.
Nesse contexto, alguns organismos internacionais têm
impulsionado novos programas com o objetivo de orientar
as políticas migratórias nacionais e regionais, dispostos
a disputar a definição e o sentido da nova ordem migratória
internacional. Se bem os Estados mantêm seu poder
de decisão como atores-chave na formulação e aplicação
da política migratória, poderiam vir perder autonomia
na hora de definir a agenda política regional, ao
responder a recomendações e exigências destes organismos,
e em muitos casos, a compromissos assumidos pelo Estado
em acordos regionais e em reuniões mundiais. Isto
porque a agenda global estabelece uma nova forma de
organizar, classificar e controlar os movimentos internacionais
de população, baseada fundamentalmente na noção de
equilíbrio e eficácia.
Desde la década de los noventa la región sudamericana
experimenta transformaciones muy significativas en
materia de migraciones internacionales. Algunos especialistas
sostienen que la consolidación del nuevo orden mundial
estaría determinando un cambio en las lógicas con
que tradicionalmente se han definido las políticas
migratorias en el escenario latinoamericano. La idea
de corresponsabilidad y la búsqueda de consenso entre
países de origen y de llegada se convierten en las
principales directrices de las políticas migratorias,
lo cual se constata en el incremento de las acciones
bi y multilaterales frente a la unilateralidad que
han asumido tradicionalmente las políticas migratorias
(Mármora, 2003). Estos cambios se han desarrollado
en el marco de procesos de integración subregionales,
como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado
Común del Sur (Mercosur), y de foros consultivos regionales
como la Conferencia Regional de Migraciones (más conocida
como Proceso Puebla), cuya primera reunión tuvo lugar
en 1996, y la Conferencia Sudamericana de Migraciones
(CSM), iniciada en el año 2000, después que se acordara
su inicio en el Encuentro Sudamericano de Migraciones,
Integración y Desarrollo, realizado en Lima en 1999.
En estos acuerdos económico-comerciales y procesos
consultivos, básicamente de carácter intergubernamental,
la intervención de algunos organismos internacionales
es un asunto clave para comprender la conformación
de la nueva agenda regional. En el caso de la CSM,
es la Organización Internacional para las Migraciones
(OIM) la institución que ejerce desde sus comienzos
un papel central: tiene a su cargo la Secretaría Técnica,
la cual se ocupa de apoyar los mecanismos de seguimiento
de todas las reuniones, del plan de acción, de las
iniciativas y actividades presentes y futuras y de
garantizar la comunicación, coordinación e intercambio
de información entre los países miembros.
Estos hechos son la cristalización de procesos y proyectos
de más amplio alcance. Por ello, un análisis profundo
de las transformaciones regionales en el campo de
las políticas de migraciones internacionales debería
considerar aquellas condiciones históricas y mecanismos
sociopolíticos que las han hecho posible como la globalización
neoliberal, la intensificación y diversificación de
los flujos migratorios, la transnacionalización de
la política migratoria, la consolidación de redes
y relaciones transnacionales y el gerenciamiento de
la política, entre otros. La conjunción de estos elementos
ha permitido la emergencia de una agenda política
global en materia migratoria, promovida fundamentalmente
por diversas agencias de Naciones Unidas, que es presentada
como fruto del consenso, legitimado a través de la
aprobación de la llamada comunidad internacional y
de distintos sectores de la sociedad civil. Con
una evidente vocación global, afirmando la tendencia
a tratar la cuestión migratoria a partir de instancias
consultivas no vinculantes, algunos organismos internacionales
han creado o impulsado nuevos programas y organismos
dirigidos a influir sobre las políticas migratorias
nacionales y regionales, dispuestos a disputar la
definición y el sentido del nuevo orden migratorio
internacional. Así surgen en este comienzo de
siglo, por ejemplo, la Iniciativa de Berna promovida
por el gobierno de Suiza junto a la OIM y la Global
Commission on International Migration (GCIM) de Naciones
Unidas.
Esta agenda global establece una nueva manera de organizar,
clasificar y controlar los movimientos internacionales
de población, basada fundamentalmente en la noción
de equilibrio y eficacia, conocida como migration
management o gestión de las migraciones. El informe
de la GCIM de Naciones Unidas, titulado Migration
in an Interconnected World: New Directions for Action
(2005), adopta y promueve claramente este enfoque.
A mi juicio, desde esta perspectiva, apoyada en buena
medida en la lógica costo-beneficio -encarnada en
la figura del "balance contable" (Sayad, 1998)- y
bajo una visión pragmática, que reconoce la imposibilidad
de controlar eficazmente (en el sentido de restricción
total) los flujos migratorios, especialmente aquellos
de carácter irregular, los migrantes son clasificados
en base a una supuesta (in)utilidad, estableciendo
una serie de ventajas o beneficios y desventajas o
perjuicios (no solo económicos) de la inmigración.
La novedad es que ahora las migraciones son consideradas
mayormente en términos de oportunidad (se desplaza
aquí la noción de problema asociado a las migraciones
durante décadas en la agenda mundial), destacando
por un lado la vulnerabilidad de los migrantes y acentuando
por el otro las oportunidades que ofrecen, atribuyéndoles
una capacidad de transformación inaudita: el papel
de los migrantes en el crecimiento económico, el desarrollo
y la reducción de la pobreza. Bien sabemos que una
cuestión es afirmar que la migración internacional
contribuye a la economía global y que su expansión
depende de la movilidad de mano de obra y otra muy
diferente es sostener que el aporte de los migrantes
al crecimiento de la economía mundial representa un
progreso para el bienestar general, incluidos los
sectores y clases sociales que se encuentran bajo
condiciones de explotación y exclusión social, entre
ellos los trabajadores migrantes. (La expresión Managing
Migration for the Benefit of All sintetiza bien la
posición que sostienen ciertas agencias de Naciones
Unidas). Consecuentemente, desde esta perspectiva
se clasif ca a los flujos migratorios entre deseables
y no deseables en nombre del desarrollo de acuerdo
a su carácter ordenado/desordenado, voluntario/forzoso
y reducido/masivo.

Por otra parte, no se trata necesariamente de una
visión integral ni unívoca. Su desarrollo difiere
según los intereses de los actores sociales involucrados
y las especificidades del contexto sociohistórico:
en algunas versiones aparece acentuada, por ejemplo,
la regulación de la migración laboral y la migración
llamada irregular o la defensa de los derechos humanos,
mientras que en otras se enfatiza la seguridad nacional,
suprimiendo cláusulas relativas a los derechos de
los migrantes. Tampoco es impuesta de manera unilateral
por los organismos internacionales: aunque los discursos
y políticas de ciertas agencias internacionales ejercen
una innegable influencia en la construcción de las
agendas políticas nacionales, también es cierto que
la agenda global se construye a partir de casos nacionales
que se consideran exitosos. La experiencia argentina
reciente, por ejemplo, es presentada como paradigma
o modelo a seguir. Además, si bien el rol de los Estados
nacionales se ha visto modificado en la arena política
internacional, donde la disputa por la producción
de sentido, prácticas y políticas se ha complejizado,
aquellos mantienen su poder de decisión sobre los
asuntos migratorios. El Estado sigue siendo un actor
clave en la formulación y aplicación de la política
migratoria. En el ámbito internacional, aunque las
iniciativas y medidas estatales pueden responder a
recomendaciones y exigencias de organismos internacionales
(conformadas a su vez por Estados nacionales), muchas
de ellas son producto de compromisos asumidos por
el Estado en acuerdos regionales y en reuniones mundiales.
Los temas tratados en los acuerdos intergubernamentales
permiten conocer las prioridades de la agenda política
de los Estados sudamericanos en materia de migraciones.
Estas prioridades difieren según el espacio de negociación.
Dentro de los procesos de integración subregional
en América del Sur, la CAN y el Mercosur, en correspondencia
con el carácter básicamente económico de estos bloques,
las migraciones internacionales son tratadas en el
marco de los asuntos sociolaborales, recibiendo especial
atención lo relativo a la libre movilidad de la mano
de obra o las migraciones laborales. En el proceso
consultivo regional sudamericano dedicado específicamente
a las migraciones, la CSM, la cuestión migratoria
es tratada atendiendo aspectos que atañen separada
o simultáneamente los intereses de los migrantes y
de los propios Estados, lo cual se refleja en el plan
de acción adoptado. En términos generales, los grandes
ejes temáticos alrededor de los cuales se reafirman
los objetivos son: derechos humanos de los migrantes,
migración y desarrollo y gobernabilidad migratoria.
Desde mi punto de vista, el hecho de que estas áreas
temáticas guarden una estrecha relación con los lineamientos
surgidos en eventos organizados por organismos internacionales
como las Naciones Unidas y la OIM pone en cuestión
la autonomía de los Estados a la hora de definir la
agenda política regional.
Tanto en el ámbito regional como en el internacional,
uno de los principales ejes de la agenda política
sobre migraciones que impulsan tanto las Naciones
Unidas a través de la GCIM como la que se constituye
con la CSM es el respeto y la protección de los derechos
humanos de los migrantes, donde también convergen
las demandas y luchas de diversos movimientos sociales
y organizaciones de la sociedad civil. Pero esta apropiación
o adhesión, aparentemente unánime, a postulados como
los derechos humanos, no debiera ensombrecer las discrepancias
que mantienen hacia afuera y hacia adentro los distintos
actores políticos. Estos solapamientos se vinculan,
en algunos casos, con la búsqueda de consenso y el
abandono (parcial) del criterio de unilateralidad
por parte de los organismos internacionales. Por ejemplo,
representantes de redes de organizaciones de migrantes
han participado tanto del informe de la GCIM de Naciones
Unidas como de los talleres dedicados a las migraciones
en el Foro Social Mundial. Naturalmente, el papel
desempeñado en uno y otro espacio tiene distintas
connotaciones y está motivado por diversos intereses,
lo cual también produce divisiones al interior de
las mismas asociaciones o red de asociaciones. También
habría que añadir que estos cruces pueden resultar
coincidentes solo en apariencia: los derechos humanos
pueden ser utilizados tanto como un instrumento hegemónico
como contrahegemónico (Santos, 2002). Otro de los
grandes ejes de la agenda política internacional y
regional constituido por la relación migración/desarrollo
expresa con mayor claridad estas tensiones: las posiciones
van desde la constatación de los efectos negativos
del neoliberalismo como realidad dada hasta la condena
explícita del capitalismo en su versión neoliberal.
Es que la relación entre migraciones, derechos humanos
y desarrollo no es lineal: el respeto de los derechos
humanos de los migrantes puede contribuir a conformar
otro orden migratorio internacional pero no necesariamente
otro modelo de desarrollo económico mundial.

En definitiva, el hecho de que diversas agencias internacionales
-las cuales forman parte de las estructuras hegemónicas-
adhieran a un enfoque basado en los derechos humanos
de los migrantes en contraposición con una visión
de la política migratoria fundamentada en el control
y la seguridad nacional que comete la falacia de asociar
inmigración y terrorismo, - cuya expresión más acabada
la constituye la política migratoria estadounidense-,
no debería confundirnos: a través de fórmulas políticas
basadas en la noción de migration management se aceptan
como dadas las reglas y mecanismos del sistema económico
internacional y se legitiman las nuevas formas de
exclusión que produce, manteniendo la división entre
migrantes deseables e indeseables. (NA)
Creo
que a partir de toda experiencia de migración pueden
detectarse tres movimientos oscilatorios:
1) el encuentro del Yo con el Otro, en que el
yo vive oscilando entre el extrañamiento que causa hacer
contacto con otra lengua/ cultura y el encantamiento
que ese mismo encuentro suscita. Lo "diferente", el
"otro" es en esta etapa lo "exótico": atrae y es al
mismo tiempo visto como desvío de todos los referentes
maternos conocidos. Es este un período en que el Otro
es ubicado por el Yo en la categoría de No-Yo;
2) la oscilación entre el Yo y el Tú. El Yo ya
no se refiere al otro como "otro", sino que lo asciende
a la categoría de Tú. La razón de esto es que la convivencia
con esa otra lengua/cultura ha dado lugar a una integración
del Yo en esa nueva comunidad. De esta manera, se supera
la idea de exotismo y se pasa a sentir como propio aquello
que en un principio era desconcertante y patrimonio
del "otro". Se supera en parte el prejuicio inicial,
pero sigue habiendo una sensación de extrañamiento;
3) la oscilación entre el Yo y el Otro Yo. El
Yo vive un proceso de integración cada vez más profundo
y acaba descubriendo que sus referentes maternos no
son los únicos. No son los únicos posibles o buenos.
Son simplemente diferentes. Ve en ese Tú un posible
Yo. Se apropia de esa lengua/ cultura extranjera hasta
el punto de que esta ya no la siente más como tal. Es
claro que, de alguna forma, la sensación de extrañamiento
siempre estará presente, ya que los referentes maternos
buscarán siempre prevalecer. Lo importante es tomar
consciencia de que no somos tan diferentes como parece
(tampoco somos tan iguales), y de que todas las lenguas/culturas
poseen algo deseable y bueno que, en tanto Yo que ve
el mundo desde un posible punto de vista, me hacen ver
lo que me estoy perdiendo. Utilizando un término del
profesor y escritor brasileño Silviano Santiago, creo
fi rmemente que ser inmigrante es vivir en un "entrelugar",
en una frontera, experiencia esta bellamente mostrada
por Chico Buarque en su última novela Budapest. Recomiendo
su lectura.
Cecilia Botana - Argentina viviendo en Río de
Janeiro, Brasil
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