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Política
del reconocimiento, desarrollo autosustentable y violencia
inter-étnica en tierras mapuches
Ricardo
Salas Astrain
Chile
Ricardo Salas Astrain, chileno, profesor de Filosofía
y Dr. en Filosofía por la Universidad de Lovaina.
Profesor titular en la Universidad Católica Silva
Henríquez e Investigador principal del Programa Mapuche
del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea-Universidad
A.H.C. (e-mail: rsalas@ucsh.cl ).

A
questão dos direitos coletivos dos povos originários
remete às teorias políticas do reconhecimento e do
direito intercultural, considerando também a dimensão
econômica e sócio-política concreta dos povos indígenas.
Os direitos dos autóctones potenciam conflitos inter-étnicos
e internacionais porque obrigam a dar conta de novos
desafios jurídicos e ético-políticos que são hoje
mundiais. A definição de regras de convivência não
pode ser resolvida apenas desde uma autoridade tradicional.
Requer um jogo plural da autoridade que assuma o desafio
de pensar estas novas situações assim como o desafio
de propor uma nova idéia de democracia adequada à
cidadania étnica..
Los
pueblos indígenas tienen derecho a mantener y fortalecer
su propia relación espiritual con las tierras, territorios,
aguas, mares costeros y otros recursos que tradicionalmente
han poseído u ocupado y utilizado de otra forma y a
asumir las responsabilidades que a ese propósito les
incumben respecto de las generaciones venideras.
Os povos indígenas têm o direito de manter sua distintiva
e profunda relação com suas terras, territórios e recursos,
os quais incluem o total ambiente da terra, água, ar
e mar, que eles tradicionalmente ocupam ou usam de outra
maneira.
La visión desde la filosofía de los derechos
colectivos de los pueblos originarios se ha venido
transformando cada vez más en un relevante y controvertido
tema de cara a las teorías políticas del reconocimiento,
de modo que el derecho de los autóctonos nos ubica
de inmediato dentro del problema central de una ética,
de una política del reconocimiento y dentro del ámbito
del derecho intercultural. El conflicto está dado
por la puesta en duda de las tesis centrales del liberalismo
político que han quedado condensadas en las diversas
constituciones nacionales, en las instituciones y
en los códigos jurídicos, y también por la puesta
en duda de la situación política concreta de los pueblos
indígenas, dentro de la estructura política y jurídica
vigente en los países latinoamericanos.
El problema de los derechos colectivos presenta, además,
una dimensión económica y socio-política concreta
que es relevante entender para poder explicar el impacto
de la globalización en el desarrollo sostenible de
los pueblos indígenas, el cual lleva a diversas problemáticas
jurídicas y políticas particularmente complejas. A
partir de los agudos problemas de violencia y de aplicación
del derecho penal a dirigentes mapuches en los últimos
años, proponemos unas líneas para comprender la controversia
teóricopráctica no resuelta del todo en el terreno
de las ideas político-sociales en Chile.

Los últimos años han sido marcados por un creciente
movimiento étnico que ha organizado a varias comunidades
en un proyecto político que busca enfatizar la autonomía
regional y generar fuertes conflictos con respecto
a las políticas homogeneizantes del Estado chileno.
Esta situación ha acentuado la violencia inter-étnica
en la Región de Araucanía, en la que habitan mayoritariamente
los mapuches. El estado chileno ha puesto en práctica
diversas instancias con el fin de resolver dicha situación.
La más significativa fue la creación de una Comisión
de especialistas y dirigentes mapuches. En nuestra
opinión, este informe de la Comisión de Verdad Histórica
y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas fue relevante,
ya que es la primera vez que en un documento de una
comisión gubernamental se hace una crítica fundada
sobre las relaciones históricas que el estado chileno
ha tenido con los pueblos indígenas, además de proponerse
reformas jurídicas, políticas y económicas para reparar
los daños causados e iniciar una "nuevo trato" histórico
con las minorías.
Para algunos especialistas del mundo mapuche, este
informe ha sido algo favorable pues es un reconocimiento
consensuado de una historia de relaciones asimétricas,
aunque también se lo considera tardío. Para otros
dirigentes y especialistas de los derechos indígenas,
se trataría de un documento que aunque avanza hacia
una política del reconocimiento, lo hace en medio
de muchas ambigüedades y contradicciones, de modo
que no lograría ajustarse todavía a los parámetros
definidos internacionalmente en el campo de los derechos
de las minorías indígenas.
La situación actual de violencia reside en creer que,
en buena parte, la solución definitiva del problema
mapuche estriba en el papel del Estado chileno (Foerster
y Vergara, 2003, p. 50). Mientras se está a la espera
de una solución, se ve el surgimiento de una violencia
interétnica simbólica, que es canalizada por los medios
masivos de comunicación -especialmente los de Santiago
de Chile-, los cuales muestran titulares sensacionalistas
y cubren las noticias referentes a estos grupos como
si se tratase de "terrorismo" o "guerrilla". Abundan
también noticias sobre incendios de casas y de camiones,
noticias sobre represión judicial y procesos judiciales.
No se hace mención, sin embargo, al real contexto
del reconocimiento de los pueblos autóctonos, a la
situación delicada que aflige a los indígenas presos,
a las huelgas de hambre, a los reclamos internacionales,
etc. Es claro que estas diversas formas de violencia
inter-étnica generan condiciones para el surgimiento
de actitudes radicalizadas que conllevan a una heroización
de la lucha por el reconocimiento.
UN TEMA CENTRAL
Dentro de esta problemática de los derechos comunitarios
reaparece como tema central el estatuto político del
etnodesarrollo o del desarrollo con identidad de los
pueblos indígenas en América Latina (Bengoa, 1999;
Saavedra 2002; Prado, 2003; Foerster y Al., 2004).
Este problema del reconocimiento está estrechamente
vinculado a la expansión de un sistema de racionalización
económica del mundo que irrumpe profundamente en los
modos de vida de los pueblos indígenas. Nuevas situaciones
y estructuraciones definen esta compleja intersección
entre la racionalidad económica predominante y las
formas sapienciales propias del mundo de vida de las
minorías indígenas. Es posible seguir la hipótesis
de que "existe una autonomía relativa de lo político"
(Foerster & Al, 2004, p. 384), por lo que la evaluación
cultural del choque de racionalidades requiere ser
entendida a partir de un proceso de construcción de
autoridades legítimas, lo que implica a su vez una
re-interpretación de los derechos comunitarios, que
nos empuja al terreno del "derecho intercultural"
(Hoffe, 2000).
De esta manera, la problemática del etnodesarrollo
mapuche requiere ser entendida a partir de las políticas
desarrolladas por el estado chileno desde la llamada
"Pacificación de la Araucanía", a fines del siglo
XIX. Esto es crucial para entender el problema actual
de la violencia creciente y de sus vínculos con la
política intercultural y con los derechos colectivos
de los mapuches. Esta historia de asimetrías tiene
aspectos comunes con la situación de muchas etnias
en América Latina. Las políticas gubernamentales descritas
cambian profundamente el modo de entender el problema
de los derechos comunitarios, de forma tal que la
interpretación que despliegan los sujetos en contacto
inter-étnico, deja de manifiesto la des-regulación
creciente que trae el modelo del Estado nación enmarcado
en un contexto de globalización y consolida una serie
de quiebres del derecho tradicional. Pero tal transformación
es relevante no solo por la manera como los mapuches
entienden los derechos autóctonos, sino porque exige
que los miembros y las instituciones de la sociedad
dominante modifiquen su concepción del derecho.
Dentro de este marco interpretativo, parece adecuado
observar las diversas formas que asume el diálogo
político inter-étnico. Sin embargo, cabe prestar mucha
atención a la creciente des-regulación normativa que
fomenta la pendiente violentista, la cual aparece
como única vía para resolver los conflictos. Es verdad
que, en cierto sentido, las pugnas actuales son parte
de una larga historia de conflictos inter-étnicos
que se han venido acrescentando a un "desarrollo desigual",
pero ya hemos indicado que el recurso de la violencia
no puede ser un criterio para construir un diálogo
intercultural. Del mismo modo, es peligroso en el
terreno político insistir en un tipo de enfrentamiento
basado en puros mecanismos de fuerza. Cabe, por lo
tanto, analizar con mucho cuidado los modos extremadamente
violentos de hacer "la justicia por las propias manos"
y la paulatina implementación de sistemas para-legales
y de desprestigio de soluciones jurídicas interculturales.
En este plano, la permanente represión con policías
y ejércitos "privados" no ayudan tampoco a resolver
ni a distender los ánimos de los bandos beligerantes.
Aunque la violencia en las regiones de mayoría mapuche
es cada vez más creciente, y a veces la misma atrae
y seduce a algunos miembros de los movimientos étnicos,
de ningún modo es vista por la mayoría de las organizaciones
mapuches como una vía adecuada para resolver los conflictos,
aunque se constituye en una pendiente clave para avanzar
en la comprensión de visiones más militantes del radicalismo
étnico.
NUEVAS RESPUESTAS
Para que una política del reconocimiento pueda delinear
nuevas respuestas, es necesario comprender los elementos
identitarios presentes en muchas comunidades, así
como la novedosa perspectiva jurídicopolítica de los
diversos movimientos etnicistas y las respuestas retrasadas
que elabora el sistema jurídico nacional. Las demandas
de las nuevas organizaciones mapuches emergentes tienen
un gran valor, ya que sugieren nuevas propuestas de
desarrollo que no solo condicen con el estilo de vida
indígena, sino que replantean críticamente el desarrollo
de las sociedades dominantes, que no tiene un carácter
autosustentable. Se trata de una lucha por vivir de
acuerdo a un ethos cultural.
Las demandas de algunas organizaciones indígenas demuestran
que las instituciones definidas por el estado chileno
para servir a los indígenas pueden quedar cooptadas
por la lógica predominante. Las organizaciones buscan,
a través de la acción intercultural, no ser neutralizadas
por la estructura legal de la dominación del sistema
jurídico nacional. Este proceso de lucha, que ha llevado
los casos emblemáticos a las Cortes Internacionales,
genera nuevos problemas jurídico-políticos para el
Estado nación. Justamente este recurso a la internacionalización
propende a que las autoridades carismáticas tengan
frecuentemente más visibilidad que las autoridades
tradicionales.
Nos parece que los derechos de los autóctonos potencian
los conflictos inter-étnicos e internacionales porque
obligan a dar cuenta de nuevos desafíos jurídicos
y ético-políticos que son hoy mundiales. Dentro de
este contexto, nos parece crucial que la definición
de reglas de convivencia no se resuelva solamente
desde una autoridad tradicional que apela a un pasado
mítico-religioso, sino que también requiera el juego
plural de la autoridad carismática y burocrática en
el sentido weberiano, que asume el desafío de pensar
las nuevas situaciones epocales. En este plano, el
derecho intercultural es parte del derecho internacional
que se le exige a todos los estados nacionales. Esta
reflexión apunta solo a mostrar la relevancia de un
poder político internacional que regule democráticamente
el colectivo étnico, que favorezca la expresión del
juicio regulado de un campo político abierto, sea
de las autoridades tradicionales, sea de las burocráticas;
es decir, de cualquier sujeto representativo del colectivo
que busque tener algún tipo de protagonismo frente
a la des-estructuración comunitaria y a la desarticulación
de la identidad étnica por parte de la globalización
fáctica. De esta manera, las organizaciones indígenas
han lanzado este desafío al estado chileno, desde
hace varios, pero el mismo ha respondido, políticamente,
de forma muy tímida.
La organización jurídico-política de las etnias exige
asumir otros desafíos políticos: proponer una nueva
idea de democracia adecuada a la ciudadanía étnica.
La tesis democrática básica de una política del reconocimiento,
que se encuentre vinculada a un desarrollo autosustentable
e intercultural, debe restablecer autoridades legítimas
para hacerse creíble en un diálogo complejo que asuma
los intereses de todas las culturas en fricción, tanto
las de la minoría étnica como la de la sociedad mayor.
(NA)
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