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Mediación
socioeducativa: ser educador en un cambio de época
Ana Osimani
Adrián Arias
anaosmani@adinet.com.uy
aarias@montevideo.com.uy
Uruguay

No contexto de mudanças, tensões e transformações
que vive a escola, a mediação escolar é uma ferramenta
para a resolução positiva de conflitos no âmbito educativo,
que implica uma determinada forma de conceber o vínculo
educativo, a construção da autoridade e o desenvolvimento
de habilidades que promovam uma escola resiliente
para alunos, pais e educadores; uma escola que seja
capaz de pensar e se pensar. A mediação propicia um
encontro entre os alunos envolvidos num conflito e
alunos mediadores, para favorecer o diálogo entre
todos e provocar a compreensão de uma temática, uma
idéia ou de outra pessoa.
INTRODUCCIÓN
La mediación escolar es una herramienta para la resolución
positiva de los conflictos en el ámbito educativo.
Pero más allá de las formas, la misma se inscribe
en un contexto de cambios, de tensiones y transformaciones
de la institución escuela y especialmente en la representación
social de que se encuentra investida actualmente.
Cuando hablamos de mediación, no solo hacemos referencia
a un conjunto de herramientas para la resolución de
conflictos, sino también a una forma de concebir el
vínculo educativo, la construcción de la autoridad
y el desarrollo de habilidades que hacen a una escuela
resiliente, tanto para los alumnos como para los padres
y educadores.
Estamos en un cambio de época, con todas las incertidumbres
y sorpresas que esto genera y, por lo tanto, necesariamente
llamados a generar nuevos pensamientos sobre nuestro
ser y estar en la escuela.
PENSAR LA ESCUELA
Pensar la escuela en un cambio de época, exige reconocer
que las formas de construcción de la subjetivad cimentadas
sobre ciertas instituciones (Estado - Familia - Escuela)
han cambiado. Esto se manifiesta en el desvanecimiento
de la solidez que sustentaban estas instituciones
modernas y en las transformaciones socioculturales,
muy marcadas por el desarrollo de modelos de mercado,
por la aceleración de los tiempos y por el auge de
nuevas formas comunicacionales, factores estos que
conllevaron a que lo estático se volviera fluido y
a que lo relativo se convirtiera en estable.
La escuela, como institución de carácter moderno,
vive estas transformaciones de manera tensa. Debe
asumir sus límites, reconocer los nuevos modelos de
familia y las presiones que esta le transfiere, los
cambios que la sociedad espera de la educación y los
intereses de los niños y adolescentes de este tiempo.
Navegar en esta incertidumbre plantea a su vez
una gran oportunidad de asistir de manera activa a
un tiempo de cambios, de conflictos, de propuestas
y de apuestas, de advertir los signos de lo nuevo
y, desde allí, proponer espacios, estrategias y experiencias.
Quienes trabajamos en este ámbito hemos conversado
reiteradas veces sobre la sensación de soledad y desvalorización
que los educadores y las educadoras perciben en medio
de esta crisis, al constatar que el "saber" sobre
ciertas situaciones -especialmente aquellas asociadas
con la violencia, el desafío a la autoridad o las
relaciones con las familias-, no da respuesta a los
conflictos.
Cuando se agota el saber sobre las situaciones, emerge
la necesidad imperante de pensar sobre ellas. Pensar
estas nuevas situaciones parte de reconocer:
Que la situación educativa no está asegurada.
Que hay que producirla continuamente y en condiciones
difíciles.
La propuesta de la mediación se enmarca en una escuela
que se reconoce como un territorio capaz de pensar
y pensarse, y no como una suma de individualidades
que solo vienen a hacer su tarea.
LA TAREA COLECTIVA DE PENSAR (EN) LA ESCUELA
El pensamiento colectivo no es posible si cada cual
piensa solamente desde sí, sin asumir la naturaleza
colectiva de las situaciones. Muchas veces quienes
trabajamos en centros educativos reclamamos más espacios
de participación, de escucha, pero no siempre estamos
abiertos a la escucha del otro, a la participación
del otro. Pensar colectivamente implica una apertura
interna y un desarrollo del respeto profesional.
Pensar colectivamente no es solamente defender posiciones.
Es participar de un proceso dispuesto a "cambiar".
Esto Implica:
Saber escuchar.
Saber y reconocer que los otros (todos los otros)
también están pensando.
Asumir que el pensamiento no brota solo de mi cabeza.
Pensar colectivamente favorece un entramado afectivo
e intelectual que surge sinceramente de un reconocimiento
de la diversidad, pero no como fuente de disputa,
sino como riqueza de miradas.
¿QUÉ ES LA MEDIACIÓN SOCIOEDUCATIVA?
Entendida en medio de este entramado coyuntural, la
mediación socioeducativa aparece como posibilidad
de una convivencia más pacífica, a partir de la participación
activa de los niños y los adolescentes.
Nuestra experiencia con la mediación socioeducativa
surgió en el año 1999, cuando nos vimos en la necesidad
de adoptar un método que diera respuesta a una realidad
de conflictos permanentes en los sextos años de primaria,
en el Colegio Pedro Poveda. Analizábamos con los niños
la dinámica grupal que se producía durante cada situación
de conflicto:
Conflicto - violencia- sanción - conflicto.
Las situaciones conflictivas no solo quedaban sin
resolver, sino que el vínculo se deterioraba cada
vez más. Ante esta realidad, y a la luz de aportes
teóricos sobre Mediación, iniciamos -con el apoyo
de la dirección del nivel primario-, una experiencia
piloto sobre resolución positiva de conflictos, que
consistía en ofrecerle a un grupo voluntario de alumnos,
herramientas de mediación. Esta experiencia fue evaluada
y al año siguiente se propuso dar comienzo al programa
de Mediación Escolar que hoy lleva nueve años de existencia.
La definición que hemos ido construyendo desde la
experiencia del colegio Pedro Poveda es:
"Un proceso mediante el cual, alumnos que han tenido
un conflicto se reúnen a dialogar con dos alumnos
mediadores y juntos buscan las posibles soluciones
y llegar a un acuerdo mutuamente aceptable".
Hoy creemos en una actitud mediadora que permita la
participación de todas las personas que integran la
comunidad educativa: los docentes, los alumnos, los
padres. Esto implica ver el conflicto como posibilidad
de aprendizaje y crecimiento, en la medida en que
son utilizadas herramientas pacíficas que ayudan a
resolverlos, y en que se estimulan las habilidades
sociales, la escucha activa y el desarrollo de la
empatía en todos los protagonistas. Iniciado este
proceso, podemos decir que trabajamos para transformar
las relaciones interpersonales, para producir un efecto
dentro de la comunidad del colegio, con resonancias
fuera del centro y para ayudar a generar un movimiento
de construcción de ciudadanía en el entramado social-local.

MEDIACIÓN EN UN CENTRO EDUCATIVO: UN ENCUENTRO
PARA DIALOGAR
Cuando comunicamos a otros nuestra experiencia
de Mediación Escolar y expresamos que consiste en
una herramienta útil de resolución de conflictos entre
alumnos, las personas que nos escuchan quedan encantadas
por tan magnifico recurso. Acto seguido nos preguntan:
¿cómo lo hacen? Les respondemos explicándoles
qué se hace en una mediación: propiciar un encuentro
entre los alumnos que han tenido un conflicto y los
dos alumnos mediadores, y favorecer el diálogo entre
todos.
Tal vez ante esta respuesta muchos pensarán: ¿y para
eso tanto lío?… eso, yo lo hago con los alumnos -pedirles
que conversen- y muchas veces no da ningún resultado...
Es que la palabra diálogo es muy nombrada, y al parecer
todos sabemos a qué se refiere y tenemos la idea ingenua
de que para dialogar se necesita poca cosa: dos personas
que posean un aparato auditivo adecuado y un código
lingüístico común. Fácil, ¿no? Pero el diálogo, la
conversación, actividad humana por excelencia, no
es tan simple; es una actividad compleja que nos permite
observar desde los axiomas de la comunicación hasta
la gestación de grandes malentendidos y desencuentros.
Las palabras tienen poder en nuestro imaginario y
en nuestras acciones.
Y… ¿para qué queremos dialogar? Fundamentalmente,
para llegar a comprender, ya sea una temática, una
idea, o a una persona. Ahora bien ¿qué ocurre si partimos
de una verdad que creemos objetiva y, por lo tanto,
la única posible? ¿Vamos a escuchar lo que otra persona
plantea?
Lo mismo puede ocurrirnos cuando dialogamos e intentamos
comprender a ese otro que es distinto: lo escuchamos,
pero desde nuestras creencias, prejuicios, sistema
de valores, desde lo que nos gustaría oír… entonces,
¿escuchamos realmente lo que tiene para decir?
A todo esto se suma el hecho de que los seres humanos
frecuentemente intentamos explicar lo ocurrido partiendo
de una causalidad lineal del tipo: "A se enojó porque
B le hizo X", o sea que la causa del enojo de A se
circunscribe solo a la conducta mantenida por B. Pero
hoy en día esto puede ser entendido desde ciertos
paradigmas científicos como la Teoría de la Comunicación
humana o la Teoría de los Sistemas.
Desde estas perspectivas, la comunicación humana se
entiende desde la causalidad circular, es decir, la
recurrencia y la retroalimentación son la esencia
de los intercambios comunicacionales entre las personas.
Siguiendo con el ejemplo, y aplicando la causalidad
circular, podríamos pensar que seguramente B actuó
de esa forma porque antes A se refirió/dirigió a él
de forma negativa, lo que a su vez tenía que ver con
algo que C le había contado a A respecto de B, que
le hizo pensar…
Como vemos, cuando operamos de esta manera, tenemos
que atender a todas las acciones, a toda la red de
relaciones y al contexto. Y aún así no tendremos la
certeza de poder explicar todo. Siempre nos moveremos
entre las fronteras de la incertidumbre y de la complejidad
de las relaciones humanas.
Así lo enuncian Ceberio y Watzlawick, "En la conversación,
emisor y receptor intercambian continuamente sus papeles
sin que, una vez iniciado el proceso, sea posible
separar causas y efectos. Los actores que intervienen
en ella alumbran así una nueva cualidad relacional
que les trasciende…"
Por eso decimos que dialogar no es tan fácil como
se suele pensar. Es necesario tener cierto entrenamiento
en "el arte de conversar" y eso tiene que ver con
ciertas habilidades sociales, con la empatía, con
la capacidad de escucha activa y con una intencionalidad.

Dialogar, conversar es una actividad que los humanos
estamos reemplazando por otras formas de comunicación
-muy valiosas por cierto- como el sms, el chat, el
correo electrónico, pero que no sustituyen el encuentro
"cara a cara" con el otro, con su verdad, con sus
sentimientos, sus creencias, dificultades y fortalezas.
Después de escuchar al otro, de descubrirlo, es
posible darse cuenta de que juntos podemos construir
una verdad que contiene nuestra forma de ver el mundo
enriquecida y ampliada por la forma de ver el mundo
de la persona que dialoga con nosotros.
"Nuestra palabra es una voz plural. Detrás de cada
palabra dicha hay un coro de voces, de múltiples voces,
reconocibles, audibles. No estamos solos ni solas.
Caminamos con otras y otros. Y aunque el plural disuene,
no se excluyen las demás voces ni se acallan, ni se
marginan, ni se mutilan. La cuestión es hacer de la
disonancia un acuerdo posible y necesario: una palabra
plural, para un mundo plural, para caminar en plural."(NA)
ASENSIO,
JOSÉ M. (2004), Una educación para el diálogo. Barcelona.
Ed. Paidós.
ROZEMBLUM, SARA. (2007), Mediación: Convivencia y resolución
de conflictos en la comunidad. Barcelona. Ed. Grao
WATZLAWICK, P; BEAVIN J.B. Y JACKSON, D.D. (1997) Teoría
de la Comunicación Humana. Barcelona. Ed. Herder.
DA
VIOLÊNCIA EM UMA ESCOLA SEM VIOLÊNCIA
Miriam
Leite Professora da UERJ.
Rio de Janeiro - Brasil
miriamsleite@yahoo.com.br
A revisão das publicações nas últimas décadas no Brasil
acerca da temática da indisciplina escolar revela um
dado interessante: a partir da década de 90, decresce
o número de reflexões que especificam essa questão como
seu tema central, enquanto aumentam os trabalhos voltados
para o problema da violência nas escolas, que passa
a incluir sua dimensão simbólica, para além da intimidação
e da agressão pela força física. Percebe-se, na leitura
dessas produções, que muitas situações anteriormente
tratadas como atos de indisciplina passam a ser abordadas
como casos de violência escolar. Mais do que algum modismo
passageiro, esse deslocamento conceitual parece responder
a um agravamento da questão da violência em termos sociais
mais amplos, que afeta diretamente a escola, em pelo
menos dois sentidos: a invasão explícita, que pode tomar
formas diversas, como a presença de estudantes armados,
o comércio de drogas, o aliciamento de jovens estudantes
para participação no tráfico, disputas de gangues etc.;
quando a escola incorpora, na ação dos sujeitos nela
atuantes, elementos da cultura da violência, exemplificáveis
em práticas discentes e docentes de discriminação e
preconceito, ou na regulação do seu coletivo pela força
física ou simbólica.
Um estudo de caso que desenvolvi em uma escola da rede
pública municipal da cidade do Rio de Janeiro, ao longo
do ano letivo de 2006, permite trazer essa discussão
para o cotidiano do fazer pedagógico. Localizada fora
das chamadas áreas de risco, na fala da maior parte
de seus alunos, gestores e professores, a escola não
teria problemas de violência em seu espaço. E, de fato,
segundo os registros dos cadernos de campo da pesquisa,
eram raras as manifestações de violência nas suas formas
mais brutais e ligadas à criminalidade. Entretanto,
se assumimos o alargamento semântico acima referido,
pode-se identificar naquele cotidiano uma flagrante
penetração da cultura da violência. Seguem alguns, entre
os muitos exemplos possíveis.
Em sala de aula, no pátio ou no refeitório, nem sempre
era fácil ser frágil ou diferente entre os alunos da
Escola dos Murais. A homofobia era recorrente em discursos
e atitudes discentes e, em menor escala, de alguns docentes:
meninos identificados como homossexuais pelos colegas
eram alvo constante de deboche, repulsa, abusos diversos.
Também o preconceito racial, assim como em relação à
região geográfica de origem da família ou à sua situação
sócioeconômica, aparecia cotidianamente nas interações
entre os alunos, sendo alvo de intervenção de um número
bastante restrito de professores: "macaco", "porteiro",
"seu preto", "paraíba" foram xingamentos muitas vezes
presenciados em aulas e recreios.
Em síntese, a análise dos registros da pesquisa aponta
que a restrição do entendimento da violência à criminalidade
e à agressão física favorecia que se relegassem à categoria
de indisciplina situações semelhantes às acima apontadas:
a dimensão cultural do fenômeno da violência era assim
desconsiderada e suas manifestações no dia-a-dia escolar
tendiam a ser naturalizadas. Falas preconceituosas e
atitudes discriminatórias eram entendidas como brincadeiras
e "só um jeito de falar", condenáveis, porém típicos
da infância e da adolescência: "eles são muito cruéis",
"essa idade é terrível".
É sabido que estudos de caso não autorizam generalizações
dos achados que proporcionam. Entretanto, a pesquisa
aqui brevemente relatada permite reflexões que podem
ultrapassar os limites das suas especificidades. Destaco,
nesse sentido, a conclusão de que a ampliação do significado
do termo violência, ao incluir as manifestações verbais
e simbólicas desse fenômeno, parece favorecer a atuação
da escola na contraposição à sua dimensão cultural,
na medida em que confere gravidade aos pequenos atos
cotidianos que dela resultam, mas que também a reforçam
e atualizam.
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