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Procurando
aprofundar a reflexão sobre uma temática tão presente
no cotidiano de nossas vidas, a sessão Idéias em Rede
trás alguns artigos que, além de nos ajudar a ampliar
o debate, põem em evidência a complexidade e diversidade
das questões que envolvem a problemática da violência.
Sofía Macher, Presidente do Conselho de Reparações,
por exemplo, nos convida a refletir sobre as sérias
conseqüencias da luta armada que aconteceu, no Perú,
ao longo de 20 anos e que até hoje marca a sociedade,
exigindo justiça e reparações. Por sua vez, a relação
entre violência, tolerância e diferença é o foco do
artigo do professor Marcelo Andrade, um brasileiro
que aposta na tolerância como uma agenda mínima para
que seja possível caminhar no sentido da construção
de uma vida mais harmoniosa entre as pessoas, sempre
tão diferentes. Já a violência contra a mulher é a
preocupação da mexicana Angeles Lopez Garcia. No seu
artigo tão instigante, a autora procura refletir sobre
as diferentes dimensões que estão relacionadas a um
problema sério e que começa muitas vezes no interior
da própria família. Muitas têm sido as lutas para
mudar esse quadro que não se restringe ao México,
mas, ao contrário, tem afetado a vida de milhares
de mulheres em diferentes pontos do planeta. Leia
os artigos e entre nesse debate!
Buscando profundizar una temática tan presente en
la rutina de nuestras vidas, la sección Ideas en Red
trae algunos artículos que, además de ayudarnos a
ampliar el debate, ponen en evidencia la complejidad
y diversidad de aspectos que forman parte del problema
de la violencia. Sofía Macher, Presidente del Consejo
de Reparaciones, por ejemplo, nos invita a reflexionar
sobre las serias consecuencias de la lucha armada
que ocurrió en Perú, a lo largo de 20 años, y que
aún marca a la sociedad, la cual exige justicia y
reparaciones. A su vez, la relación entre violencia,
tolerancia y diferencia es el enfoque del artículo
del profesor Marcelo Andrade, un brasileño que apuesta
en la tolerancia como una agenda mínima para que sea
posible caminar hacia la construcción de una vida
más armónica entre las personas, siempre tan diferentes.
Ya la violencia contra la mujer es la preocupación
de la mexicana Ángeles López García. En su instigante
artículo, la autora reflexiona sobre las diferentes
dimensiones que se relacionan con este serio problema,
el cual, muchas veces, empieza en el interior de la
propia familia. Muchas han sido las luchas para cambiar
este cuadro que no se restringe a México, sino que,
por el contrario, ha afectado la vida de millares
de mujeres en diferentes puntos del planeta. ¡Lea
los artículos y entre en el debate!
A
5 años del informe final de la Comisión de la Verdad
y Reconciliación: avances y retos
Sofía
Macher
Presidenta del Consejo de Reparaciones.
Ex miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Perú.

O
informe da Comissão da Verdade e Reconciliação criada
em 2001 no Peru tem constatado que o conflito armado
interno que viveu o país entre 1980 e 2000 constituiu
o episódio de violência mais intenso, extenso e prolongado
de toda a sua história, com um saldo de provavelmente
70 mil mortos ou desaparecidos. O conflito revela brechas
e desencontros profundos e dolorosos na sociedade peruana;
a justiça e a reparação são dívidas que se tem com as
vítimas, devendo-se evitar o possível preconceito e
discriminação.
La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)
fue creada en 2001 por el gobierno de transición, luego
de la caída del tercer gobierno de Alberto Fujimori,
y realizó su trabajo durante el gobierno de Alejandro
Toledo. Las tareas encomendadas a la CVR fueron: "a)
Analizar las condiciones políticas, sociales y culturales,
así como los comportamientos que, desde la sociedad
y las instituciones del Estado, contribuyeron a la trágica
situación de violencia por la que atravesó el Perú;
b) Contribuir al esclarecimiento por los órganos jurisdiccionales
respectivos, cuando corresponda, de los crímenes y violaciones
de los derechos humanos por obra de las organizaciones
terroristas o de algunos agentes del Estado, procurando
determinar el paradero y situación de las víctimas,
e identificando, en la medida de los posible, las presuntas
responsabilidades; c) Elaborar propuestas de reparación
y dignificación de las víctimas y de sus familiares;
d) Recomendar reformas institucionales, legales, educativas
y otras, como garantías de prevención, a fin de que
sean procesadas y atendidas por medio de iniciativas
legislativas, políticas o administrativas; y, e) Establecer
mecanismos de seguimiento de sus recomendaciones"[1].
Luego de dos años de trabajo, más exactamente un 28
de agosto de 2003, la CVR presentó su informe a la nación,
explayado en nueve tomos. Este informe rompió sentidos
comunes. En su primera conclusión, señala que:
"La CVR ha constatado que el conflicto armado interno
que vivió el Perú entre 1980 y 2000 constituyó el episodio
de violencia más intenso, más extenso y más prolongado
de toda la historia de la República. Asimismo, que fue
un conflicto que reveló brechas y desencuentros profundos
y dolorosos en la sociedad peruana".

Desde su primera conclusión, la CVR marca claramente
al país el tema central que debe ser atendido como sociedad,
para que estas situaciones no se vuelvan a repetir en
nuestro país. Se señala en el informe que no es posible
hablar de una reconciliación sin haber atendido primero
a estas brechas que nos separan como peruanos. Fueron
probablemente 70 mil personas las que murieron o desaparecieron,
no 25 mil -como se hablaba hasta antes de la presentación
del informe. La CVR nos reconvino a todos los peruanos
con la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que más
de 40 mil personas murieran o desaparecieran sin que
nadie las hubiera echado en falta? Algunas personas
en el país reaccionaron negando esta posibilidad y se
enfrascaron en una complicada discusión sobre la metodología
empleada por la CVR para calcular el número de víctimas
fatales. A muchos esta situación los afectó profundamente,
a causa de la responsabilidad que supone para la sociedad.
La respuesta a la pregunta arriba expuesta es clara,
se trató de los "invisibles" de nuestro país. El 85%
de estas personas vivía en el campo, hablaba quechua
u otra lengua nativa y el 69% tenia un nivel de educación
primaria o era analfabeto.
LA DEMOCRACIA QUE QUEREMOS CONSTRUIR
La contundencia de estas conclusiones nos obliga a repensar
nuestro país, a repensar la democracia que queremos
construir. La reconciliación no puede ser reducida a
simplemente un acuerdo entre los actores directos de
la violencia, tampoco equivale a olvidos o amnistías.
La reconciliación debe basarse en la justicia y no en
la impunidad. Por tanto, la reconciliación debe ser
el inicio de algo nuevo, de una propuesta de futuro
para el país, de una propuesta de país en donde no existan
brechas que dividan a la sociedad, ni exclusión o discriminación.
Se trata de un proceso que llevará tiempo, pero que
debemos seguir impulsando.
Sin embargo, la justicia y la reparación no pueden esperar.
Estas son deudas que se han adquirido con las víctimas.
Darles a estas una atención adecuada forma parte del
proceso de reconciliación. En estas dos áreas se han
dado pasos importantes, aunque no con la celeridad que
exigen las víctimas. En el presente artículo solo me
voy a referir a las reparaciones, ya que es en este
campo en el que se han obtenido los mayores avances.
La Ley No 28592 del Plan Integral de Reparaciones -siguiendo
las recomendaciones de la CVR- formaliza el derecho
de las víctimas a recibir reparación y la obligación
del Estado a prestar socorro. Teniendo en cuenta el
perfil de las víctimas, un objetivo central de la reparación
debe ser el de restituirles la dignidad como personas
y el reconocimiento de su ciudadanía. Es necesario visibilizarlas
como ciudadanos sujetos de derechos, y no ya como víctimas
de la violencia. La reparación, por otro lado, tiene
también un alto sentido simbólico, ya que difícilmente
le permitirá a la víctima recobrar lo perdido. Aunque
sabemos bien que la pérdida de una vida es irrecuperable,
es de gran importancia que el Estado lleve a cabo esta
acción, con el objetivo de que la salud mental de las
víctimas sea conservada.

La ley de reparaciones establece dos pasos para su ejecución.
El primero es la certificación de las víctimas, tanto
colectivas como individuales, a cargo de un Consejo
de Reparaciones (CR); el segundo paso es la ejecución
de la reparación, la cual está a cargo de otro organismo
llamado Comisión Multisectorial de Alto Nivel (CMAN)
encargado del seguimiento de las acciones y políticas
del Estado, en los ámbitos de la paz, de la reparación
colectiva y de la reconciliación nacional. Desde el
año pasado hasta la fecha, la CMAN le ha entregado reparaciones
colectivas a casi mil comunidades rurales afectadas
por la violencia.
El Consejo de Reparaciones (CR) es la instancia del
Estado que debe elaborar un Registro Único de Víctimas
(RUV), de carácter permanente. Esto, porque la reparación
es un derecho de las víctimas y ninguna de ellas puede
ser privada de su derecho a reclamar una reparación.
El Consejo de Reparaciones es un órgano colegiado que
forma parte de la Presidencia del Consejo de Ministros
(PCM). Sus integrantes fueron designados por Resolución
Ministerial 373-2006-PCM, realizan sus funciones ad
honorem y no pueden ser parte de la administración pública.
El CR cuenta, además, con una Secretaría Técnica que
funciona como un órgano de apoyo administrativo y técnico.
La composición del consejo pretende representar al conjunto
de la sociedad: militares, empresarios, población nativa
y activistas de derechos humanos. Este es un procedimiento
ad hoc, dada las característica de las víctimas: aproximadamente
el 80% se encuentra sin documento de identidad y sin
pruebas que documenten el daño sufrido. Por otro lado,
el número de víctimas es tan elevado, que se haría imposible
atenderlas a todas por medio de la vía judicial, como
sería de praxis. Se calcula que debe haber unas 120
mil víctimas (no solo fatales) registradas, a las que
se suman los familiares de los fallecidos y desaparecidos,
a quienes la ley también considera víctimas. La cifra
puede subir a 280 mil personas.
El Consejo de Reparaciones tiene la potestad de aprobar
su reglamento, así como los protocolos de funcionamiento
y operación del RUV. El primer trabajo al que se abocó
el CR fue el de establecer los principios rectores para
la elaboración del RUV. Es muy importante resaltar que
todas las decisiones se tomaron por consenso, lo que
significó un importante esfuerzo por parte del conjunto
de consejeros. Estos lograron construir un lenguaje
de trabajo común, sin dejar de lado las diferencias
de pensamiento, mostrando, así, la importancia que cada
consejero le otorgó a la tarea encomendada. Los principios
establecidos son, en primer lugar, entender la certificación
de una víctima como un acto de respeto a la dignidad
y los derechos de la persona humana; en segundo lugar,
entender el proceso de registro como un acto reparador
en sí mismo; debe también garantizarse un trato igual
y proporcional a quienes se encuentren en una misma
situación y de manera diferenciada a los que enfrenten
una situación adversa. Y por último, debe garantizarse
el fin de la discriminación, de la exclusión, de la
restricción, así como de cualquier tipo de preferencia
que pueda resultar en la anulación o menoscabo del reconocimiento,
de la asignación o del goce de las reparaciones en condiciones
de igualdad.
LOS ENFOQUES EN EL REGLAMENTO DEL RUV
Los enfoques establecidos en el reglamento del RUV son
los siguientes:
a) integralidad: consideración de las dimensiones y
los factores que inciden en el proceso de elaboración
del RUV y del modo como los mismos se relacionan e interactúan,
a fin de lograr el mayor efecto positivo posible en
cada intervención;
b) sostenibilidad: preocupación del RUV para evitar
los efectos negativos de la acción reparadora y para
que, aquellos de efecto positivo, tengan duración permanente;
c) intergeneracional: pervivencia, de una generación
a otra, de las secuelas del proceso de violencia, con
miras a que la elaboración del RUV evite un transvase
intergeneracional;
d) psicosocial: medidas concebidas en forma contextualizada,
teniendo en cuenta las causas de la violencia, la empatía
necesaria con la población afectada y la orientación
hacia la reconstrucción de sus proyectos de vida; e)
participativo: reconocimiento del derecho y participación
de la población en la toma de decisiones y definiciones
de sus propios procesos de construcción y reconstrucción
social, cultural, económica y material, mediante un
proceso de diálogo y consulta que presupone incorporar
y desarrollar las sugerencias de la población involucrada;
f) intercultural: reconocimiento de las diferencias
étnicas y culturales de la población peruana y, por
lo tanto, su diversidad, así como del impacto diferenciado
que han tenido las acciones de violencia sobre las diversas
comunidades etnolingüísticas que integran la población
nacional. El enfoque intercultural busca respetar las
diferencias existentes y trabajar con ellas desde una
perspectiva de diálogo entre sujetos distintos, adecuando
las acciones a las particularidades de cada población
y de cada persona beneficiaria de las mismas;
g) equidad de género e igualdad de oportunidades: el
reconocimiento de las situaciones de desventaja y diferencia
entre hombres y mujeres al acceder a recursos y tomar
decisiones, estimula la creación de condiciones especiales
para facilitar la participación y presencia de las mujeres
en la toma de las mismas. Además, busca generar conciencia
entre los distintos miembros de la colectividad sobre
las diferencias e inequidades estructurales de género
existentes;
h) simbólico: reconocimiento de la dignidad y de los
derechos de las víctimas, reconocimiento de la forma
como fueron afectadas durante el proceso de violencia,
y afirmación de la condición de ciudadanos/ as;
i) derechos humanos: el RUV buscará hacer efectivos
los derechos fundamentales de las personas, a la luz
de las normas nacionales e internacionales suscritas
y ratificadas por el Estado peruano;
j) descentralizado: consideración de los procesos regionales
y locales en materia de reparación.

También se han establecido estos criterios: de celeridad:
para actuar de manera eficiente y eficaz en el menor
tiempo posible; de subsanación, para restituir, a través
de la reparación, las condiciones preexistentes a la
violación de los derechos; de presunción de condición
de víctima: para asumir a las personas como víctimas,
cuando indicios razonables así lo indican. Especial
cuidado demanda evitar la 'doble victimización' de quienes
han sido objeto de violación de sus derechos fundamentales.
Debe evitarse la estigmatización y discriminación tanto
de las víctimas como de sus beneficiarios.
Un dilema que se nos plantea es que el registro puede
constituirse en una herramienta de generación de expectativas
que luego pueden no ser adecuadamente atendidas por
el gobierno, convirtiéndose, de esta manera, sin habérselo
propuesto, en un nuevo mecanismo de exclusión. Con respecto
a este dilema, creo que mucho más excluyente es negar
la posibilidad de acceder a sus derechos, si bien es
cierto que no existe ninguna garantía de que el gobierno
de turno cumpla con las reparaciones individuales. Pero
si esto ocurriera, cualquier ciudadano podrá exigirle
a ese gobierno el cumplimiento de su derecho de reparación.
Considero que es una herramienta de inclusión en sí
misma que debemos seguir trabajando, pues contribuye
al desarrollo de ciudadanos sujetos de derechos.

Un reto importante es poder llegar a las poblaciones
más alejadas de nuestro país, a donde ni siquiera la
CVR pudo llegar. Esto requiere de personas de la zona,
las cuales, por ser de la región, pueden llegar caminando
a esos lugares, hablan el idioma local, tienen el respaldo
de sus autoridades locales y consiguen la confianza
necesaria para que se pueda hacer un registro de los
efectos sufridos durante el período de violencia. Para
todo esto, se requiere de muchos más recursos de los
que se disponen actualmente.
El registro de la violencia sexual es otro de los grandes
retos que tiene a su cargo el CR. Sin embargo, la reparación
de dicho tipo de violencia exige que se siga un procedimiento
especial. Para comenzar, sería adecuado que esos registros
fueran atendidos por mujeres; en segundo lugar, sería
necesario dedicarle mayor tiempo a las mujeres de las
comunidades rurales, para que se les pueda explicar
a estas que la violencia sexual es, también, una violación
a sus derechos humanos; por último, sería conveniente
que se guardara reserva sobre la identidad de las víctimas.
Lamentablemente, en la actualidad, el CR no cuenta con
los recursos suficientes para llevar a cabo acciones
de esta naturaleza, razón por la cual se hace necesario
redoblar los esfuerzos para el diseño de una metodología
que no solamente sea adecuada, sino que además capacite
a las personas de forma apropiada para llevar a cabo
el registro de este tipo de casos. (NA)

[1] Decreto Supremo N° 065-2001-PCM. www. cverdad.org.pe.
[2] www.registrodevictimas.gob.pe.
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