|
Aqui
a seção segue seu curso aprofundando a reflexão. A
mexicana Ana Valentina López de Cea contribui com
as suas considerações acerca do documentário, especialmente
aquele que é produzido em seu país e que, apesar das
dificuldades, vem conquistando espaço junto ao público.
O brasileiro Miguel Pereira nos brinda com um artigo
sobre o cinema que nasce nas periferias, expressão
de novos olhares sobre a realidade de diversas comunidades.
“Um cinema que vive às margens do sistema”, como afirma
o próprio Miguel, vai crescendo e buscando seu lugar
no mercado e está sempre em movimento. A seção continua
e Laura Rocha aponta os avanços que o cinema uruguaio
vem conseguindo a partir dos anos 90. Uma força gerada
pela criação de diversos mecanismos, como formação,
tecnologia e financiamento. Para fechar, um especial
sobre televisão. Maria Immacolata Vassalo de Lopes,
entre outras considerações, expressa como muita eloqüência
como é possível ver o Brasil através das suas novelas.
En esta sección se profundiza la reflexión. La mexicana
Ana Valentina López de Cea hace un importante aporte
acerca del documental, especialmente de aquel que
se produce en su país y que, a pesar de las dificultades,
viene conquistando cada vez más espacio junto al público.
El brasileño Miguel Pereira nos brinda un artículo
sobre el cine que nace en las periferias, y que es
expresión de una nueva óptica de la realidad de diversas
comunidades. Un cine que vive al margen del sistema,
como el propio autor afirma, y continúa creciendo,
buscando su lugar en el mercado y está siempre en
movimiento. La sección continúa y Laura Rocha señala
los avances que el cine uruguayo ha conseguido, especialmente
a partir de los años 90, gracias a una fuerza proveniente
de la creación de diversos mecanismos, tales como
formación, tecnología y financiamiento. Para terminar,
un artículo dedicado a la televisión. Maria Immacolata
Vassalo de Lopes, entre otras consideraciones, expresa
con gran elocuencia que es posible conocer a Brasil
a través de sus novelas.
¿Documental,
para qué?
Ana
Valentina López de Cea
México

O
gênero documental tem evoluído, transformando-se numa
forma complexa de denúncia e informação, um alto-falante
audiovisual para muitas das minorias que durante anos
foram silenciadas. O documentário está se tornando um
gênero importante na América Latina, com grande produção
-principalmente independente- e aceitação entre o público.
A produção independente no México ainda é uma tarefa
complexa, mas promissora, na medida em que permite ampliar
o público que possa vir se reconhecer nas telas.
De un lado, la postmodernidad y el individuo
como ser aislado; la globalización y el libre comercio.
Del otro, la resistencia, "un mundo donde quepan muchos
mundos", donde la memoria es imprescindible para la
construcción y el avance social.
El documental, nacido oficialmente en 1926 con Nanook
el esquimal, retoma hoy su importancia para ir posicionándose
como un destacado catalizador de sociedades que de momento
podrían parecer adormiladas.
Documental, ¿cómo y para qué? Son hoy los interrogantes
que bien pueden ir apareciendo en la mente no solo de
aquellos estudiosos y realizadores de las comunicaciones
y sus formas, sino también del público, en general,
que poco a poco parece acercarse para echar abajo el
muro en que estaba preso el documental, como una pieza
de museo encerrada en una vitrina.
De un tiempo a estas fechas, este género cinematográfico,
sus directores, han sabido evolucionar para romper el
estigma que durante tantos años lo calificó de aburrido.
Hoy los realizadores han aprendido a llevar su mensaje
con otros discursos, quizá menos dogmáticos y más emocionales.
El documental se ha transformado, así, en una forma
de denuncia e información, en un altavoz audiovisual
para muchas de las minorías que durante años fueron
acalladas.

Con esto no quiero decir que el documental sea el género
epifánico que nos salvará y nos guiará cual mesías en
la construcción de un mundo mejor. Lo que quiero decir
es algo mucho más sencillo y comprobable. Digo que
el documental es una forma de concientización y sensibilización,
que sí es verdad que somos cada vez más seres visuales,
que cada vez es más cierto el dicho de que "el amor
entra por los ojos". Debemos ser lo suficientemente
hábiles para entenderlo así y construir los cambios
también en este campo. Hacer la revolución, en el
sentido más literal de la palabra, también desde la
trinchera visual.
Volviendo al tema del "cómo" y del "para qué", creo
que resulta útil volver la mirada a nuestra América
Latina, en donde el documental se está volviendo un
género importante con una alta producción y aceptación
entre el público en general. El cine documental vuelve
a las salas.
Ejemplo: en Argentina hubo un golpe militar en 1976,
el más cruento de todos los sufridos en ese país. Durante
varios años, inclusive ya en tiempos de "democracia",
el tema de las desapariciones forzadas y torturas a
todo aquel que se opusiera al sistema dictatorial, fue
vedado. Sin embargo, poco a poco, como en cuentagotas,
el tema fue tratado por algunos cineastas de ficción
y documentalistas que habían formado parte de aquella
generación reprimida (La Historia Oficial de Luis Puenzo
en 1985, Cazadores de Utopías de David Blaustein en
1995) que paulatinamente lograron sacar el tema a la
luz y ponerlo sobre la mesa. Hoy el tema es trabajado
en distintos productos fílmicos, no solo por los sobrevivientes
de aquel horror, sino por varios de aquellos niños que
crecieron viendo las cintas antes mencionadas, y que
en muchos casos sufrieron la desaparición o asesinato
de sus padres, abuelos, tíos o hermanos. Ellos ahora
son realizadores de largometrajes bien logrados, de
carácter predominantemente documental (Nietos: identidad
y memoria de Benjamín Ávila, en 2003; El Ultimo Confín
de Pablo Ratto, en 2005, etc). Pero, en mi opinión,
lo que se ha hecho absolutamente visible, es que a treinta
años del golpe militar, la sociedad argentina ha experimentado
cambios en relación al papel que el documental ha jugado
-el cual ha sido excepcional y primordial-, así como
en relación a sus temas.
Ahora bien, a esta oleada documentalista latinoamericana,
pongámosle el apellido "independiente". La producción
independiente en nuestro continente ha crecido directa
e indivisiblemente proporcional al ascenso del género
que nos ocupa.
"Independiente", en estos tópicos, significa que su
proceso de creación ha sido autogestivo y bajo el mando
único de el o los realizadores del proyecto, sin influencias
ni imposiciones de ningún tipo.
Personalmente, a fines de 2007 terminé, junto con mis
compañeros del colectivo Los Patitos, Mujerguerrilla,
documental que narra las experiencias de cuatro mujeres
en el México de los 70. Es este un trabajo producido
en su totalidad por estudiantes de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), es decir, independiente,
y se ha exhibido en distintos foros de nuestra ciudad,
en el Distrito Federal e incluso en algunos foros fuera
del país, gracias, únicamente, a la solidaridad y apoyo
de compañeros y personas que pidieron su exhibición,
para lo cual se procedió a la realización de distintos
eventos. En resumidas cuentas, también en su proceso
de difusión ha sido un trabajo colectivo.
LABOR RECOMPENSADA
Y es precisamente por estos aspectos que siento que
nuestra labor se ve recompensada. El nuestro no es un
trabajo con fines de lucro. Al contrario, nuestro trabajo
busca ser un documento que implique el ejercicio de
la memoria, es decir, contar las historias nuestras
que la institucionalización del olvido ha buscado borrar.
Mujer-guerrilla, por ejemplo, ha empezado y se ha mantenido
como un proyecto medianamente autofinanciable.
Hacer documental o llevar a cabo una producción del
formato que sea, de manera independiente, en México,
es un reto, una tarea nada sencilla que a muy pocos
dará de comer en los tiempos actuales, pero que podrá
ser redituable en la medida en que lleguemos a ese público
que como nosotros, está gritando para oírse a sí mismo
y escuchar a otros, para empezar a encontrarse y reconocerse
en las pantallas que sí pueden ser nuestras. Cabe aquí
destacar la labor de algunos festivales como DocsDF
y Contra el silencio todas las voces que han ido consolidándose
como espacios para estas producciones.
Así pues, como estudiante de ciencias de la comunicación
en la Universidad Nacional Autónoma de México, como
adherente a la Sexta declaración de la Selva Lacandona,
como hija de exiliados, pero sobre todo como ser humano,
me afirmo en la convicción de que el documental debe
ser instrumento infaltable para las luchas sociales
actuales y venideras, siempre que estas tengan basamentos
justos y comprobables.
No somos más que nuestra memoria y el documental
dejará rastro de nuestros pasos a las generaciones por
venir. Quizá manteniendo viva la memoria no volvamos
a cometer los trágicos errores de nuestra historia humana.
Después de todo, como dijo Buñuel: "Una vida sin memoria
no sería vida, como una inteligencia sin posibilidad
de expresarse no sería inteligencia. Nuestra memoria
es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción,
nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada". (NA)
BUÑUEL, LUIS. Mi último suspiro, Ed. Plaza and Janes,
1982. España.
MESA, Los grandes temas sociales y el género documental.
COLOQUIO INTERNACIONAL El documental del siglo XXI,
Centro Nacional de las Artes, 17 de marzo de 2006.
RABIGER, Michael. Dirección de documentales, Ed. Instituto
oficial de radio y televisión, Centro de Formación de
RTVE, 1987.
A
igreja católica e o cinema no Brasil: dados iniciais
Miguel
Pereira
Professor da PUC-Rio.
Rio de Janeiro - Brasil
serpa@puc-rio.br
Hoje, os sinais mais evidentes das relações entre
a Igreja Católica e o cinema brasileiro são o prêmio
Margarida de Prata da CNBB e o Troféu Jangada da Organização
Católica Internacional de Cinema e Audiovisual/Brasil
(OCIC-Brasil). O primeiro é dado, anualmente, em três
categorias: curta, média e longa-metragem, não importando
se documentários ou filmes de ficção. É um prêmio institucional
da CNBB que existe há mais de 41 anos. Premiou alguns
dos mais importantes filmes do cinema brasileiro, como
São Bernardo e Eles não usam black-tie, de Leon Hirszman,
Os anos JK e Jango, de Silvio Tendler, Central do Brasil
e Abril despedaçado, de Walter Salles, entre muitos
outros. Já o Jangada é uma criação da OCIC-Brasil e
é atribuído em alguns festivais de cinema do Brasil,
como a Jornada Internacional de Cinema da Bahia, o Festival
Guarnicê de Cinema do Maranhão, o Vitória Cine Vídeo
Festival do Espírito Santo e a Mostra Internacional
do Filme Etnográfico do Rio de Janeiro. Os dois prêmios
têm por objetivo dar um reconhecimento explícito ao
cinema brasileiro de qualidade artística comprovada
e aos filmes que discutam temas relevantes da sociedade
brasileira e destaquem valores espirituais, humanos
e culturais do nosso povo.
Em todos os documentos da CNBB em que o cinema é tratado,
também há uma participação de especialistas de confiança
da Instituição. A sua Equipe de Reflexão do Setor de
Comunicação tem tido a presença constante de pelos menos
um representante da área cinematográfica.
No passado, essa atuação da Igreja no campo do cinema
foi ainda mais intensa. Pelos menos cinco núcleos importantes
de cinema se formaram a partir de grupos da Igreja.
No campo da formação, por exemplo, foram pioneiros no
Brasil a Escola de Cinema São Luiz, em São Paulo, conduzida
e organizada pelo jesuíta padre Lopes, a Escola de Cinema
de Belo Horizonte, criada pelo também jesuíta padre
Massoti, o curso de cinema da Ação Social Arquidiocesana
(ASA) do Rio de Janeiro, tendo à frente padre Guido
Logger e Irene Tavares de Sá, além de um núcleo forte
no Rio Grande do Sul, através do Cineclube Pro Deo,
organizado e mantido por Humberto Didonet, e, ainda
em São Paulo, o cineclube Dom Vital, além de inúmeros
outros cineclubes ligados à Igreja criados e mantidos
por paróquias e colégios católicos, modelo que se desenvolveu
fortemente na Europa, com destaque para a Itália dos
anos 40 e 50. Esse movimento se iniciou fortemente depois
da Segunda Guerra Mundial. Alguns cineastas brasileiros
importantes, como Carlos Diegues e Carlos Reichenbach,
foram alunos de cinema de cursos criados no âmbito da
Igreja Católica. Também críticos e realizadores passaram
pelos cineclubes organizados por movimentos católicos.
Não se pode esquecer ainda a atuação da Central Católica
de Cinema que publicava fichas de apreciação dos filmes
do circuito comercial e que foi agregada ao Secretariado
de Opinião Pública da CNBB, quando esta foi criada,
em 1952. Trata-se de um tema que está merecendo estudos
mais amplos no campo acadêmico. No Mestrado da PUC-Rio,
o aluno Daniel Paes pesquisa esse tema para a sua dissertação
e lá também foi criado um grupo de estudos para a formação
de um Núcleo de Pesquisas sobre as relações entre a
Igreja Católica e o Cinema, de modo especial, o brasileiro.
|