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a Revista de la Pátria Grande


IDÉIAS EM REDE / IDEAS EN RED

A filmar se aprende filmando
El joven cine en Uruguay
Laura Rocha
Licenciada en Comunicación Social, Universidad Católica del Uruguay, cursando una maestría en comunicación y cultura. Entre los años 2003 y 2006 fue ayudante docente de la materia "Narrativa", del énfasis Narración Creativa de la Licenciatura en Comunicación Social, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Católica del Uruguay. Actualmente se desempeña como asistente técnico docente del Centro Técnico Audiovisual (C.T.A.) de la Universidad Católica del Uruguay, con responsabilidad en la coordinación, planificación, realiza trabajos con los materiales audiovisuales de la licenciatura, gestión de producción y organización.

Algunas de sus trabajos realizados: Documental "Entre redes"; Fotografía y edición/2000; Cortometraje ficción "El pasillo del gran hotel"; Guionista y asist. de dirección/2001; Documental "La ruta de san Baltasar"; Producción y sonido/2004 - 2005; Institucional "Producción orgánica"; Edición/2006; Documental "Testimonial, mujeres adolescentes embarazadas"; Producción ejecutiva/2007 - Uruguay - mlrocha@ucu.edu.uy




foto: enviada pela autora
A década de 1990 viu surgir uma nova força na produção cinematográfica no Uruguai. Mas são recentes e importantes as mudanças desta indústria, vinculadas ao surgimento de instituições de formação em nível superior na área, ao intenso trabalho de produções independentes, às produções em curta-metragem facilitadas pelos avanços tecnológicos e aos apoios financeiros estatais ou de instituições não governamentais somadas às parcerias internacionais em forma de co-produções.


Según Kubrick, "a filmar se aprende filmando", así es como se puede comenzar a analizar el cine en Uruguay. Si bien lo que dice Kubrick es cierto, también es cierto que los grandes pintores tuvieron que aprender técnicas para componer sus cuadros; como en todos los casos, es necesario disponer de una herramienta para llegar a un fin.

La relación entre un buen manejo de la técnica y la experiencia en el hacer, son los ejes básicos para lograr un buen resultado; esta fue la primera dificultad que se presentó en nuestro país.

La técnica es un medio básico y fundamental para elaborar un filme. Esta necesita ser aprendida para lograr un método y una sistematización, la cual es, en muchos casos, imprescindible. Según Hegel, "la técnica provee al artista de la herramienta más poderosa que existe para la creación: la libertad."[1] Solo después de comprendida e incorporada la técnica, lo que dice Kubrick toma sentido: el saber hacer, sumado al hacer, conduce al desarrollo del hecho cinematográfico.

A pesar de que en muchos de los países latinoamericanos en algún momento se estableció una industria cinematográfica, gracias a la cual fue posibile generar productos afines a sus idiosincrasias, valores y creencias, creando su propio estilo narrativo, el Uruguay ha tenido que esperar mucho tiempo para que esto empezara a suceder.

A mediados del siglo pasado, el país contaba con un gran número de salas de cine y se podía decir que estaba bastante avanzado en tecnología cinematográfica, por la cantidad de material europeo que, gracias a los inmigrantes, llegaba a las salas de cine. Así fue que se formaron algunas productoras cinematográficas y hasta hubo un laboratorio de revelado de películas.



Pero la experiencia de los realizadores y los pocos trabajos que se produjeron en ese período no generaron la fuerza suficiente como para sostener la pequeña industria que se comenzaba a forjar. Así fue que las pocas productoras fueron desapareciendo, así como también los esfuerzos por generar una industria cinematográfica.

Tampoco llegó a instaurarse, en las décadas del 60 y del 70, en nuestro país, el cine de protesta en contra de los sistemas dominantes. Existen algunos productos realizados por el documentalista Mario Handler como "Me gustan los estudiantes" y "Elecciones" que se transformaron en unos de los pocos realizados en este período. Luego llegó el golpe militar y los productos audiovisuales, incluido el cine, se vieron disminuidos casi al mínimo.

Durante este período Cinemateca Uruguaya[2] creó una Escuela de Cine que duró unos pocos años y que no logró generar muchos productos. Fue de este emprendimiento que surgió "Mataron a Venancio Flores"[3], que contenía en clave alusiones al autoritarismo y a la tiranía.

Con la vuelta a la democracia, a principios de los años 80, los canales de televisión, las productoras y los realizadores independientes comenzaron a crear contenidos con el objetivo de generar productos y de seleccionar tecnologías que aportaran a la forma de producción audiovisual.

Las salas de cine estaban colmadas de películas comerciales pero también existía un ámbito a través del cual se podía tener acceso a otro tipo de cine. Cinemateca Uruguaya era una opción diferente, ya que ofrecía películas que se encontraban fuera del circuito comercial y permitía que el público tuviera contacto con lo que sucedía en el resto del mundo.

Alrededor de un 80% de las películas que se estrenaban eran producciones cinematográficas norteamericanas y el 20% restante se dividía en producciones independientes norteamericanas, producciones europeas y algunas latinoamericanas.

A pesar de las condiciones del mercado y de la inexistencia de una industria de cine propia, surgió en los 90 una nueva fuerza cuya finalidad era la producción cinematográfica. Es el caso de producciones como "Pepita la pistolera", de Beatriz Flores Silva; "El dirigible", de Pablo Dotta; "El Chevrolet", de Leo Ricagni; "Una forma de bailar", de Álvaro Buela y "Otario", de Diego Arzuaga.

A principios del 2000, el cine comienza a profesionalizarse y a consolidarse, tanto en el plano del contenido como en el de la forma, a partir de películas como "25 Watts", de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella y "En la puta vida", de Beatriz Flores Silva. Estos filmes, a partir de modelos narrativos diferentes y formas de producción también disímiles, construyeron el real despertar del hacer cine en Uruguay.

La consolidación internacional del cine uruguayo llegaría a partir del 2006 de la mano de la productora Control Z [4], con la película multipremiada "Whisky", de los antes mencionados Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella. Dicha consolidación sería más tarde reafirmada por "El Baño del Papa", dirigida por Enrique Fernández y César Charlone y producida por la productora Larouxcine.[5]


DIFICULTAD EN LA CONSOLIDACIÓN

La mayoría de los realizadores en nuestro país tiene como formación su experiencia de ver cine y no la de hacerlo. Su cultura cinematográ- fica surge a partir de la cantidad de cine que ha visto y no de lo que ha aprendido en escuelas o similares. Tenemos una cultura del espectador.

Podríamos decir que muchos de los filmes latinoamericanos buscan en su imagen y en los elementos dentro de esta, crear ambientes similares a los reales. En América Latina se encuentra una masa heterogénea de interrelaciones culturales, religiosas y étnicas que conforman un gran collage al estilo rococó bizarro constituido por razas, estatuillas, ornamentos, pobreza, crucifijos, colores, sonidos y un sinnúmero de símbolos, iconos y objetos representables. Estos son los que particularizan a Latinoamérica en relación con el resto del mundo y son factores a través de los cuales sus habitantes se ven representados y encuentran su identidad. En muchos casos los realizadores cinematográficos intentan, como forma de reivindicar sus raíces, reflejar y mostrar el mundo latinoamericano en sus películas.

En el caso de Uruguay, el querer mostrar lo nuestro desemboca, en algunos casos, en una vidriera de elementos simbólicos representativos de la sociedad, pero que pierden esta representatividad, así como su significado original, al formar parte de un contexto creado por el guionista y el director.

Existen diferentes causas por las cuales el público uruguayo se identifica o no con las películas realizadas en nuestro país. Más allá de la existencia de una forma narrativa que remite a modelos extranjeros -no siempre utilizados de la mejor manera, como por ejemplo en las películas que cuentan historias sobre la dictadura-, a veces es difícil para nuestros realizadores escapar de nuestros símbolos y de los elementos a partir de los cuales el público podría sentirse identifi- cado. Pero el resultado es, por el contrario, una especie de "narcotización" 6 que sufre el espectador. Hay tanta iconografía que los símbolos carecen de valor. Se convierte en un espacio lleno de ornamentos que no se completan.

Lo que sucede es que el realizador uruguayo a veces crea a partir de su conciencia de espectador y, como consecuencia, las películas acaban enmarcándose en modelos narrativos preexistentes, sin que se los haya re significado para que, de esta manera, se los pueda transformar en tendencias narrativas propias. Esta conciencia de espectador que presenta el realizador va en contra de generar una forma propia de contar las historias.

foto: Fabio Rodrigues Paozzebom/ABR

NECESIDAD DE UN PUNTO DE QUIEBRE

"La industria cinematográfica uruguaya finalmente ha consolidado un modelo competitivo, luego de un proceso fundacional que protagonizaron las productoras independientes y de cine publicitario, la formación universitaria, la integración de Uruguay a un circuito internacional de financiamiento y coproducción, con algunos subsidios y apoyos estatales.[7]

Las razones por las cuales la cinematografía nacional no había logrado hasta fines de los noventa este punto de quiebre y/o de distinción con respecto a otras cinematografías, son variadas.

Existía en el país hasta ese momento una tradición de narración literaria que se volcaba luego en la escritura de los guiones. Esa tradición narrativa literaria iba en contra de la producción de sentido, en relación con un lenguaje propiamente cinematográfico. Esto ocasionaba problemas en la construcción de la película en sí, dado que no se solía contemplar los códigos y el lenguaje que se manejaban en el cine.

La incorporación de actores con trayectoria y con formación teatral, en algunos casos, entorpecía la creación de la psicología del personaje en cine, convirtiéndola en una historia poco verosímil. La incorporación de técnicas para la dirección de actores de teatro en cine es un área poco explorada en nuestro país. Solamente en estos últimos años se empezaron a impartir cursos sobre técnicas y herramientas para la dirección de actores en lo audiovisual.

En resumen, la literatura y el teatro se han tomado tradicionalmente como fuente de la creación cinematográfica, y más allá de ello, como componentes esenciales de la noción de producto estético en el Uruguay.

Otro de los factores por el cual nuestra cinematografía no había logrado el punto de quiebre, era la carencia de instituciones dedicadas a la enseñanza cinematográfica. Actualmente la formación universitaria ha generado una diferencia. Las universidades y escuelas de cine no solo están impulsando a nuevos directores, sino que también están formando nuevas generaciones de fotógrafos, sonidistas, montajistas, quienes también impulsan un cambio significativo en la forma audiovisual.

A partir de aquí, se produce otro cambio: estos nuevos realizadores ven el cortometraje como una experiencia previa al largo. Esta es una gran diferencia con los directores de épocas anteriores, que desprestigiaban el cortometraje. Al ser relativamente económico conseguir una cámara de video digital, los jóvenes salen a filmar sus historias.

Vale mencionar que Pablo Stoll, Juan Pablo Rebella y Fernando Epstein realizaron el cortometraje "Buenos y Santos", trabajo final para el egreso de la Universidad Católica. Otro ejemplo es la cineasta Gabriela Guillermo cuya ópera prima es "El regalo", un mediometraje producido en nuestro país. Posteriormente, la misma realizó "Fan", un largometraje contado desde los parámetros narrativos que responden a las reglas del cine moderno.

En Uruguay, la Escuela de Cine (ECU) que se creó en 1995, vuelca su estudio únicamente hacia lo audiovisual. Por otra parte, en el enfoque de las Facultades de Comunicación, uno de los énfasis es lo audiovisual. La Universidad Católica propone en su carrera de Comunicación Social una orientación llamada Narración Creativa, que busca dar un panorama del funcionamiento del campo audiovisual en lo que tiene que ver con el video, impartido en materias como Narrativa (análisis de dramaturgia y escritura de guión), realización (conocimientos de lenguaje cinematográfico y técnico; manejo de cámara de video, sonido y edición) y arte escénico (conceptos de la dirección de actores y puesta en escena). La Universidad ORT cuenta con un área llamada Producción Audiovisual que permite una aproximación a los roles técnicos dentro de esta rama. La Universidad de Montevideo también incluye desde hace dos años este énfasis en lo audiovisual.

En la Universidad de la República, la carrera de Comunicación también pone énfasis en lo audiovisual incluyendo esta opción en los talleres de cuarto año, aunque esta Universidad tiene dificultades para tener actualizados los medios técnicos necesarios para la realización de producciones.

También es pertinente destacar que el apoyo estatal o de instituciones no gubernamentales para la realización cinematográfica, se viene consolidando en estos últimos años: en 1995 se crea el FONA (Fondo Nacional de Audiovisual) impulsado por la Intendencia Municipal de Montevideo y con el aporte de pequeños fondos de los permisionarios de la TV cable y del Ministerio de Cultura.

Dado que el Estado uruguayo es pequeño y sus recursos son acotados, los fondos y el apoyo monetario significativo para la realización cinematográfica se deben conseguir a través de las co-producciones. En este sentido, Uruguay participa en el programa Ibermedia desde 1998.

Es reciente la sanción de una ley de cine que visa consolidar, fortalecer e impulsar la producción cinematográfica en el Uruguay. Esperemos que este sea el camino correcto para seguir creciendo.
(NA)


[1] Danto, A, "El arte ha muerto", Ed. Paidós Comunicación. Barcelona, 1999.
[2] Cinemateca Uruguaya fue fundada en 1952, como asociación civil sin fines de lucro.
[3] "Mataron a Venancio Flores" Director: Juan Carlos Rodríguez Castro, Producción: Cinemateca Uruguaya, historia del siglo XIX en clave, sobre autoritarismos y violencia, filmada en años de dictadura (1982).
[4] Control Z conformado en sus principios por Fernando Epstein (productor ejecutivo y montajista), Pablo Stoll (director y guionista), Juan Pablo Rebella (director y guionista) y Gonzalo Delgado (guionista y director de Arte).
[5] Larouxcine, productora impulsada por Elena Roux (renombrada productora del medio).
[6] Lazarfeltd y Meton, "La sociología de la comunicación de masas", ED. G. G. Barcelona,1985
[7] Álvarez, Luciano, "Tiempo de crecer". La industria cinematográfica en Uruguay, tomado de la Revista Dixit nº 6, Licenciatura en Comunicación Social UCUDAL, junio 2008.

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