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La Revista de la Pátria
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Bicentenario de las independencias hispanoamericanas

El pasado es un país extranjero. Es con esta advertencia
que Margarida de Souza Neves abre su texto intitulado
Conmemorar 200 años de independencia en América Latina.
La historiadora nos alerta que el tiempo pasado no es
solo el tiempo anterior al que vivimos, sino que además
es completamente diferente a este.
¿Qué significa, entonces, conmemorar la independencia
política de las naciones latinoamericanas? ¿Tenemos
qué conmemorar? Ese es el punto central que se nos pone
delante en este número dedicado a la conmemoración,
y que nuestro entrevistado, Marco Antônio Pamplona,
intenta responder. Sí -nos dice él-, tenemos algo para
conmemorar: la conquista de la soberanía política, aquella
soberanía que -aun no siendo la de nuestros sueños-
nos abrió un enorme campo de experimentaciones políticas
(ensayamos formas de libertad, comenzamos a construir
una nueva libertad).
Esa construcción, sin duda, aún se encuentra en proceso,
pues todavía tenemos mucho de qué libertarnos. Nuestro
entrevistado nos alerta sobre el riesgo de cometer anacronismos,
es decir, sobre el riesgo de poner en las manos de nuestros
antecesores, responsabilidades que incumben al presente,
a nosotros.
Es en ese sentido que Margarida de Souza Neves nos recuerda
que si el pasado es un país extranjero, es en ese territorio
distante y diferente en donde se asientan las bases
de nuestras identidades y que los usos que hacemos del
pasado son definidores del modo como nos situamos en
el presente y proyectamos el futuro. ¿Cuál es, entonces,
el sentido que desde Novamerica, queremos atribuirle
a estas conmemoraciones? Hacemos nuestras las palabras
de la articulista ya citada:
Para aquellos que quieren creer en una América Latina
diferente y en la posibilidad de una autonomía cuyo
sinónimo político sea una ciudadanía sólidamente construida,
la tónica será la búsqueda, en el presente, de las formas
de construcción de un futuro que supere el carácter
fuertemente excluyente y jerárquico de nuestras sociedades,
del que se saben (nos sabemos) co-responsables (el subrayado
es nuestro).
En este número de la revista esperamos aportar alguna
contribución en ese sentido. No todos nuestros articulistas
concuerdan con la forma de ver el bicentenario y las
estrategias para ir construyendo ese nuevo futuro, pero
todos son unánimes en que debemos empeñarnos en ello.
Es necesario preservar, como enfatiza el entrevistado,
la democracia a cualquier costo, sobre todo porque esta
fue duramente conquistada. Pero también es necesario,
sin ninguna duda, crear nuevas formas de convivencia
social, más solidarias e inclusivas.
Es con esa perspectiva que creemos que el artículo de
María Betzabé Zambrana Urizacari puede traernos alguna
contribución significativa. Es posible buscar la inspiración
-este es el gran desafío- en el modo de vida de los
pueblos originarios, en los grandes excluidos de los
procesos de independencia política de las naciones latinoamericanas,
durante el siglo XIX. Quién sabe con ellos podemos aprender
a VIVIR BIEN, en armonía, reciprocidad, diversidad,
complementariedad, con todo y con todos, incluso con
la misma naturaleza. Con esa disposición, sin duda vale
la pena celebrar el bicentenario. |
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