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Promoción
de la equidad de género en las escuelas rurales de
Quispicanchi - Cusco
Rosa María Mujica
Perú
rmujica@ipedehp.org.pe

Através de oficinas, jogos educativos, cadernos de
trabalho, pastas e outros materiais didáticos, vem
se desenvolvendo um projeto que visa promover a igualdade
de oportunidades educacionais para meninas e meninos
indígenas, em trinta escolas rurais, incentivando
o desenvolvimento pessoal que facilite a sua integração,
em melhores condições, à vida familiar, comunitária
e nacional. O trabalho desenvolvido com professores/as,
pais e mães de família que falam o idioma quéchua,
vem produzindo mudanças significativas em todos eles,
principalmente nas meninas.
Desde
hace poco más de un año venimos trabajando, el IPEDEHP
y Fe y Alegría 44, un proyecto con 30 escuelas rurales
que busca retener a las niñas en la escuela para que
terminen, por lo menos, la educación primaria. Los
datos encontrados en la línea de base, y que nos impulsaron
a intervenir en esta realidad, son conmovedores y
nos interpelan. Sólo el 17,44% de viviendas tiene
agua potable, el 30% tiene luz. La tasa de mortalidad
infantil llega a 113.41/mil, siendo la atención de
salud por parte del estado de 3 médicos para la provincia,
es decir 0,4 médicos por 10.000 habitantes. El analfabetismo
alcanza al 62.2% de la población y de ellos el 20%
son hombres y el 55.2% mujeres, lo que supera las
estadísticas oficiales de analfabetismo en el país.
Si sumamos estas cifras al 51,46% de primaria incompleta,
nos da un resultado, entre “analfabetismo puro” y
“analfabetismo funcional”, del 92,05%.
Solamente el 15.16% de alumnos matriculados en primer
grado de Primaria finalizan el 6º grado y solamente
el 4,51% finaliza el 5º año de secundaria. La lengua
materna del 82% de la población es el quechua.
Para enfrentar este desafío, decidimos intervenir
en todos aquellos elementos que, según nuestro diagnóstico,
estaban influyendo en la situación específica de las
niñas. Por ello decidimos trabajar directamente con
los maestros, con las madres y los padres de las comunidades
y con los niños y niñas que asisten a la escuela,
incidiendo en aquellos factores que consideramos son
algunas de las causas de esta situación.
Un primer factor en el que decidimos intervenir, está
referido a la mala formación y poca motivación de
los maestros, que hacen de la escuela un espacio hostil
para las niñas. Las escuelas rurales peruanas están
pensadas para niños varones y no toman en cuenta
las necesidades específicas de las niñas, ni en la
infraestructura de los locales, ni en la metodología
y contenidos de estudio, y esto es un problema invisible
para los docentes que decidimos visibilizar.
Por otro lado, los maestros no cuentan con materiales
didácticos específicos que faciliten su trabajo con
los niños y niñas y menos con los padres y madres
de familia. Crear y editar materiales atractivos,
sugerentes y que nos aseguren aprendizajes claves,
fue otro factor que decidimos enfrentar.
En tercer lugar, teníamos claro que había que trabajar
con los padres y madres de familia, y de manera especial
con las madres, que consideran que las niñas deben
quedarse en la casa para ayudar en las tareas domésticas
y que la escuela es un espacio para los varones. A
esto se suma el temor que tienen los padres de que
las niñas formen pareja en la escuela y se embaracen,
alterando así los planes que ellos tienen para ellas.
Finalmente, la razón de ser de nuestra intervención,
es el cuarto factor en el que decidimos intervenir,
que son las propias niñas y niños de primaria. Trabajar
la poca autoestima de las niñas que las hace excluirse
del sistema escolar o abandonar la escuela muy tempranamente,
desarrollar en ellas y ellos la conciencia de derechos,
despertar el sentimiento de igualdad, trabajar la
equidad de género como teoría y como práctica cotidiana,
se convirtieron en nuestros desafíos.
Como objetivo general nos propusimos promover la igualdad
de oportunidades educativas para niñas y niños indígenas
para que logren un desarrollo personal que facilite
su integración en mejores condiciones a la vida familiar,
comunitaria y nacional. Y como objetivos específicos
pretendíamos:
• Acrecentar las capacidades pedagógicas de los y
las docentes para fortalecer la autoestima de las
niñas, ofrecer condiciones de aprendizaje equitativas
para niños y niñas, educar a las familias rurales
en equidad de género y sexualidad y entender los efectos
de la discriminación sobre las niñas.
• Desarrollar en niños y niñas rurales conciencia
de equidad de género y capacidad de exigencia del
cumplimiento de su derecho a la educación.
• Comprometer a las familias en el proceso educativo
de sus hijos e hijas en equidad de género y sexualidad,
para fortalecer condiciones que favorezcan la igualdad
de oportunidades educativas para las niñas.
• Evaluar, sistematizar y difundir la experiencia
y el modelo para promover la equidad de género en
escuelas rurales.

UN RECORRIDO EXITOSO
El proyecto comenzó hace dos años, es apoyado por
la Fundación Ford, y en este tiempo hemos desarrollado
una metodología de intervención innovadora para trabajar
tanto con maestros como con padres y madres quechuahablantes
así como con los propios niños y niñas. Para esto
hemos producido talleres de formación, juegos educativos,
cuadernos de trabajo, dinámicas participativas, carpetas,
afiches, videos, etc. que son muy valorados por la
población. También en este tiempo hemos elaborado
un sistema de monitoreo y seguimiento del trabajo
que se va haciendo en cada escuela, que nos permite
no sólo medir los resultados –que son impresionantes
para tan poco tiempo- sino también acompañar a cada
grupo y ayudarlos así a superar las dificultades que
encuentran y a mantener la motivación y el compromiso
con la tarea.
A estas alturas ya podemos mostrar resultados y consideramos
que el proyecto ha sido muy exitoso ya que no sólo
hemos aumentado la retención de las niñas en la escuela
en tasas inesperadas, sino que estamos produciendo
cambios en la vida de las personas que son muy gratificantes.
Ahora es frecuente encontrar que las niñas hablan
sin taparse la boca, que niñas y niños son capaces
de exigir y defender sus derechos ante sus profesores,
saben qué es la equidad de género y conocen perfectamente
cuáles son sus derechos y responsabilidades, exigen
en sus casas asistir a la escuela y no permiten que
los profesores falten a la escuela sin justificación.
Así mismo, las niñas y los niños comparten los espacios
de juego y de trabajo, lo que sin duda es una gran
revolución en la zona, y ya comenzamos a ver cómo
las niñas son elegidas para cargos directivos dentro
de sus aulas y escuelas.
También vemos resultados esperanzadores en padres
y madres de familia. Ellos y ellas valoran los espacios
de capacitación y afirman que están aprendiendo mucho,
que ahora ya conocen los derechos de los niños y las
niñas y sus propios derechos, valoran la educación
como espacio necesario para sus hijos e hijas, reconocen
la equidad como una necesidad para sus comunidades,
se sienten capaces de exigir que los maestros y las
autoridades cumplan sus funciones y las mujeres, de
manera especial, se oponen a la violencia doméstica
y han logrado afirmarse en la conciencia de su propio
valor y en la necesidad de un buen trato para todos
los miembros de la familia.
Una madre, al terminar uno de los espacios de capacitación,
nos dijo “la próxima vez, invítenme en mi propio nombre.
Esta vez en nombre de mi marido he venido, porque
él es el Presidente de la Comunidad, pero ahora yo
quiero venir en mi propio nombre...” Este solo testimonio
es para nosotros suficiente razón para justificar
el trabajo realizado.
A pesar de la difícil situación en la que viven los
maestros y maestras en la zona, a pesar de la soledad
y el aislamiento en el que se encuentran y de las
pocas posibilidades de actualización, estamos muy
contentos con la respuesta que hemos encontrado en
ellos y ellas, con su compromiso con los niños y niñas,
con su voluntad para cambiar las condiciones que expulsan
a las niñas de la escuela, con su capacidad de asumir
el problema y enfrentarlo, con su entusiasmo por los
resultados que ellos mismos van viendo, con su creatividad
para inventar sesiones de clase, juegos, materiales
que ayuden a conseguir los objetivos planteados. Todavía
hay mucho por hacer, no hay duda, pero el camino recorrido
nos permite reafirmar la convicción de que es posible
mejorar la situación de la población, en especial
de las niñas que viven en extrema pobreza en los andes
peruanos.
(NA)
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