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La Revista de la Pátria
Grande |
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Al
otro lado del río
Organizado
por Elvira Palacios
Periodista, Argentina

Especialistas
nas suas respectivas áreas analisam, questionam e propõem
soluções a respeito do conflito entre Uruguai e Argentina
pela instalação das papeleiras Botnia e Ence, na costa
oriental do rio Uruguai. Abordamse problemas ecológicos,
políticos, de cidadania, científicos e econômicos.
Los versos de esta hermosa canción expresan el
sentir de las conversaciones con tres profesionales.
Especialistas en sus respectivas áreas, ellos analizan,
cuestionan, alertan, se autocritican y proponen soluciones
respecto al conflicto entre Uruguay y Argentina por
la instalación de las papeleras Botnia y Ence, en la
costa oriental del río Uruguay. Vivimos un momento delicado,
propicio para acudir a la música y la poesía, también
capaces de decir lo que los gobiernos y los medios de
información callan. En los días claros, se puede ver
la costa uruguaya desde Buenos Aires: es tan lindo aquietarse
y contemplarla…
Con Alfredo Rosso.
Argentino, Licenciado en Biología. Trabaja en el
Instituto Nacional de Tecnología Industrial, a cargo
del área de Aseguramiento de Calidad del Centro de Química.
Profesor en Maestrías de Medio Ambiente, en el Instituto
de Tecnología de Buenos Aires, en la Universidad Nacional
de San Martín y en otros centros académicos.
Creo que he visto una luz / al otro lado del río…
Mi opinión es que los problemas ecológicos se deben
enmarcar en conflictos que van a ser globales, porque
no se tiene en cuenta que ya estamos inmersos en la
profunda crisis que va a caracterizar a este siglo,
desde el punto de vista de la evolución humana. A fines
del siglo XX, la especie humana adquirió la capacidad
de autodestruirse, de destruir a todo el planeta y va
a alcanzar el máximo sostenible que puede tener la biosfera,
según algunos ecólogos, entre el 2050 y el 2070 y según
otros, en unos cien años más.
En Ecología, existe un concepto que se llama capacidad
de carga de los ecosistemas. Para tener una idea, los
veterinarios saben que una hectárea puede soportar una
cantidad máxima de vacas, mucho menor a las que entran
teóricamente en el total de la superficie; así las vacas
pueden vivir, el pasto se puede reproducir, ellas pueden
defecar y esa deyección ser reciclada dentro del campo
sin afectarlas. Lo mismo sucede con la biosfera. Algunos
ecólogos plantean desde hace muchos años que no ha sido
tenida en cuenta la capacidad de carga ecológica del
planeta en la expectativa de cuántos podremos vivir
en la tierra. En la década del cincuenta, había 2.500
millones de personas sobre el planeta, ahora se duplicó
a casi 6.000 millones y para el 2050 se calcula que
estaremos en 10.000 millones que, para algunos autores,
es lo máximo que puede soportar ecológicamente el planeta.
El mundo desarrollado tiene perfectamente calculada
y medida una necesidad muy real: trasladar todas
las industrias contaminantes que sustenten su modo de
vida actual a las regiones con menor densidad poblacional.
Esto se ve en este caso de las papeleras y lo vamos
a seguir viendo. En este momento, la mayor represa del
mundo se está haciendo en el río Yangtzé, en China y
es más de cien veces mayor a cualquiera de las conocidas
en el planeta. Creo que nuestras regiones y sus gobiernos
van a ser fuertemente presionados para que nos hagamos
cargo de sostener un modo de vida particular: el del
mundo desarrollado. De acuerdo a lo que sabemos hasta
este momento, si Europa y Estados Unidos aplicaran su
estándar de vida a todo el planeta, las reservas de
energía y de alimento caerían en poquísimo tiempo.
Al respecto, un primer dato es la famosa dieta que usamos
todos nosotros. Gastamos aproximadamente unas 2500 quinientas
kcalorías por día, para alimentarnos. Un ser humano
preindustrial gastaba unas 10.000 mil kcalorías externas
(carbón, madera, ropa energía) aparte de las alimenticias.
Hoy, en el mundo desarrollado, el cálculo energético
por ser humano sigue siendo de 2.500 kcalorías diarias
en alimentación pero gastamos unas 250.000 (cien veces
más) en energía para sostener nuestro estilo de vida:
calor, combustible, luz, alimentos de todos los ecosistemas
del planeta que vienen por barco. Un segundo dato nos
indica que el 10% de la población mundial sufre enfermedades
de sobrealimentación: hipertensión, sobrepeso, etc.,
mientras el 90% restante tiene enfermedades de subalimentación.
En consecuencia, los problemas ecológicos son reflejos
o síntomas de problemas sociales, políticos, demográficos
y de distribución de la riqueza. Llegar a 6.000 millones
de personas nos llevó casi 200 mil años y vamos a duplicar
el número en solo cincuenta años. Resulta espeluznante.
En esta orilla del mundo / lo que no es presa es
baldío…
Creo que, intencionalmente, no se está hablando de lo
que se llama la crisis demográfica. En realidad, la
crisis ecológica es un reflejo de la crisis demográfica
y de la crisis de distribución de los recursos planetarios.
Por tanto, las industrias contaminantes constituyen
un conflicto global que se va a trasladar a África,
Sudamérica y Asia, zonas donde todavía aceptamos recibir
cargas e industrias contaminantes sin exigir, para su
radicación, los mismos estándares de calidad ambiental
y de tratamiento de sus descargas.
Si Argentina hubiera recibido la oferta de instalar
las papeleras, posiblemente Uruguay estaría protestando
por la ecología. Es un conflicto simétrico que excede
a los dos países. Argentina también está contaminando
un frente común y un río común como es el sistema Paraná
- Plata y estamos afectando a Uruguay. Suecia, Uruguay
y dos o tres países más - unos de los países más "limpios"
del planeta- poseían los mejores índices ambientales
en sus ecosistemas. Desde el punto de vista político,
Uruguay tuvo su primer desafío: no asumir un compromiso
de radicación industrial, si no se aseguraba que no
habría contaminación posterior. Sin embargo, dejó de
lado sus políticas ambientales y aceptó la instalación
de estas plantas con muy dudosos estudios de impacto
ambiental, sin exigir un completo tratamiento de los
efluentes líquidos para evitar la contaminación del
río. Mi opinión es que está entregando su patrimonio
ecológico por variables económicas, pero no porque sea
un problema particular del Uruguay, hubiese sido simétrico
si la oferta hubiese venido a la Argentina. Otras plantas
pasteras de celulosa se están pensando para el Alto
Paraná y en la medida que haga falta, el Orinoco. Estas
industrias consumen inmensas cantidades de agua y precisan
de ríos importantes como el Orinoco, el Amazonas, el
Nilo, el Yangtzé. Por ejemplo, Botnia va a representar
el doble de las diez pasteras que tiene la Argentina
en sus distintos cauces.
Clavo mi remo en el agua / Llevo tu remo en el mío…
El tema del agua es uno de los puntos más sensibles
como recurso natural, sobre todo el agua que se llama
superficial, que sirve fácilmente como el agua potable.
Existe mucha agua disponible pero está enterrada en
acuíferos, en napas subterráneas o en los casquetes
glaciares. La tecnología para transformarla en agua
potable es muy cara, en cambio, los ríos de agua dulce
de todo el planeta nos sirven para la vida humana con
muy poco tratamiento. Entonces, si esto lo correlacionamos
con el incremento de la población humana, sabemos que
va a existir inicialmente una fuerte presión sobre el
agua potable superficial del mundo subdesarrollado,
en especial, donde existen enormes reservas de agua.
La mayor parte del hemisferio norte es continental y
la mayor parte del hemisferio sur es agua; tenemos agua
marina y grandes ríos. En esta asimetría entre el mundo
desarrollado y el subdesarrollado, se está planteando
que el mundo desarrollado explotó y consumió todos sus
recursos en el hemisferio norte; aprendió y estudió
la ecología de esos ecosistemas degradados y ahora nos
dicen que dejemos el Amazonas y demás ríos como están
porque los necesitan para terminar de contaminarlos
y sustentar su modo de vida. Debemos cuidarnos en nuestras
regiones de no caer en un fundamentalismo ecológico
dejando las cosas como están, pensando que es mejor
no industrializarse, porque vamos a sostener el nivel
de subdesarrollo que intenta el mundo capitalista global
y aun así, ellos nos van a contaminar. Básicamente,
la clave apunta a pensar un modelo de desarrollo que
aproveche la experiencia de contaminación del Primer
Mundo y en el que la gente de nuestros países exija
planes de radicación de industrias en la región que
produzcan y aseguren un tratamiento completo de los
efluentes.

Para remover la carga contaminante, los tratamientos
de efluentes típicos tienen etapas: primaria, secundaria,
terciaria y hasta cuaternaria. Las empresas informan
muy poco, aunque creo que se les descubrió el punto
flaco del estudio de impacto ambiental, intencionalmente
incompleto. Estas plantas contarán con tratamientos
de efluentes líquidos primario, secundario y terciario,
que remueven carga orgánica pero no los contaminantes
más persistentes y más tóxicos: las famosas dioxinas,
furanos y otros productos de combinación del cloro que
se usa en la fábrica para blanquear el papel. Como
la lignina de la madera es marrón, la forma barata de
blanquearla es aplicarle cloro; cuando este se combina
con productos naturales de la madera, forma compuestos
-algunos cancerígenos- que son persistentes en el medio
ambiente y se acumulan a lo largo de las cadenas alimentarias.
Escuché ya declaraciones de gente en España que decía:
"Pero si tenemos que hacer un tratamiento completo de
efluentes, no nos vamos a ir a Sudamérica. Para eso
la dejamos en España". Es carísimo remover dioxina y
furano; la tecnología es conocida en España, en Argentina,
en Finlandia, etc., pero termina dando un producto muy
caro. La idea de venir aquí es por mano de obra y costo
ambiental baratos. El costo ambiental hoy es un costo
muy importante porque una empresa, al calcular costos,
incluye materia prima, sueldos y costo ambiental, por
la presión ciudadana de tanta gente viviendo en el mundo
desarrollado. Aquí el costo ambiental prácticamente
no existe. Si se hace el balance de cualquier empresa,
nadie calcula el costo ambiental. Desgraciadamente,
los gobiernos y las empresas que toman las decisiones
al respecto, no creo que estén pensando en estos aspectos,
ni que la gente de medio ambiente del Uruguay no sepa
del impacto que esto va a producir; sabe que impactará
en algunos aspectos directos mucho más sobre Fray Bentos
que está al lado y no está enfrente como nosotros. Sencillamente
sé que la inversión de estas dos plantas representa
un porcentaje importantísimo de producto bruto interno
para Uruguay. Es un proyecto que empezó hace veinte
años con los planes de forestación y en realidad, creo
que los Presidentes de ambos países deben estar buscando
la forma de salir de este problema, sosteniendo la radicación
de industrias de alto capital porque la región las quiere
sostener. De algún modo, en la opinión pública se filtraron
conceptos de tipo ecológico que, hasta ahora, solo estaban
en un ámbito científico, sin mayor difusión. Entonces,
en el ámbito científico de ambos países precisamos hacer
una autocrítica porque tendríamos que estar, inicialmente,
poniendo estos alertas y no admitir a los grupos fundamentalistas
de la ecología como respuesta científica, que muchas
veces terminan generando en la región condiciones de
pobreza y dejando asociada la contaminación.
Con Philip Kitzberger.
Uruguayo. Politólogo de profesión. Profesor en la
Universidad Torcuato Di Tella e investigador en el Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Se dedica a temas de Teoría Política y de Medios y Política.
El día le irá pudiendo / poco a poco al frío…
La definición acerca de si el conflicto es bilateral,
regional, del Mercosur, es algo que está en discusión,
es algo controvertido porque justamente, según el encuadre
que se le dé, van a ser diferentes los mecanismos de
negociación, quiénes van a ser las partes involucradas.
El problema a definir - si se trata de un conflicto
bilateral o regional - es parte justamente del conflicto,
es parte de la discusión sobre el conflicto.
Si Uruguay trataba de encuadrarlo como un conflicto
del Mercosur y, por lo tanto, hacía intervenir a los
organismos y a las instituciones del Mercosur, Argentina
no quería eso; finalmente terminamos en que Argentina
boicoteó esa definición y convenció a Brasil. Me parece
que eso fue parte de lo que generó esa sensación de
descontento y ese amague de salir del Mercosur por parte
del gobierno uruguayo porque también hace patente una
situación que es previa al conflicto: el malestar de
los países chicos del Mercosur como Paraguay y Uruguay,
donde Argentina y Brasil son los que definen los términos
de las políticas del Mercosur un poco a su conveniencia
- digamos así - y Uruguay y Paraguay quedan un poco
relegados. Entonces, el descontento previo puede ser
interpretado como un antecedente del malentendido y
de la triste comunicación que hubo en torno a la instalación
de las papeleras.
Sobre todo creo que / no todo está perdido…
Espero que ahora las audiencias en La Haya sienten,
por lo menos, unas bases para un diálogo. Creo que es
un conflicto negociable. Creo que hay dos clases de
conflictos: los más difícilmente negociables y los negociables.
Los conflictos más difíciles de negociar son los que
involucran cosas de uno u otro: identidades, por ejemplo,
israelíes - palestinos; esos son conflictos más difíciles
porque no hay un terreno intermedio para negociar. En
este conflicto, la postura argentina y del ambientalismo,
por un lado, y Uruguay y su desarrollo industrial por
el otro, son dos términos en los cuales se puede encontrar
un compromiso. La dificultad por el compromiso, que
aparece ahora, es por la situación a la que se llegó,
generada por una mala gestión de la relación entre Argentina
y Uruguay y no por la naturaleza misma del conflicto.
Lo que es realmente preocupante es que en dos países
que tienen una relación política, económica y cultural
tan estrecha como Argentina y Uruguay, no haya habido
un diálogo previo en torno a cómo podía solventarse
esto. El desarrollo forestal en Uruguay es una política
visible en torno al desarrollo de la industria papelera
que empezó en los años ochenta. El que hayan dejado
que el conflicto llegue y escale a este nivel es para
reprocharle a ambos lados, pero es algo negociable,
porque no es una cosa u otra; aquí se puede discutir
dónde se instalan las papeleras, qué clase de papeleras;
se pueden brindar compensaciones, hay muchos mecanismos
y alternativas.
La ciudadanía, la opinión pública, difícilmente pueden
tener una previsión en torno a esto. Uno ve bosques
en Uruguay y no por eso se da cuenta que se vienen unas
papeleras, pero sí a nivel gubernamental y eso nos habla
del pobre estado de nuestras instituciones. Las instituciones
políticas tienen la misión de hacer aquellas cosas que
la ciudadanía común no puede hacer: un poco de previsión,
un poco de planificación. Deberían funcionar para
eso. Es sorprendente que no hayan tenido un contacto
previo, habiendo una institución como la que se crea
con el convenio del río Uruguay. Ahí está el reproche
que se le puede hacer al gobierno uruguayo, que haya
comenzado con las inversiones y las obras de las papeleras,
sin tener acuerdo previo con Argentina. Los actores
políticos de Argentina tampoco ayudaron a la resolución
del conflicto, se comportaron en forma egoísta. Me estoy
refiriendo básicamente a Busti, el gobernador de Entre
Ríos. Ahí, básicamente, se dio el síndrome de la Argentina
post 2001: los dirigentes políticos, por temor a que
la ciudadanía manifieste su descontento y los acuse
de falta de representatividad, son capaces de montarse
sobre los reclamos - en este caso el reclamo de la población
de Gualeguaychú - ponerse de pie e incluso, echar leña
al fuego.

Este conflicto también trae otro entre dos valores diferentes:
el desarrollo industrial y la modernización de un
país y el medio ambiente. Nuestra sociedad tiene
que manifestar cuál es el compromiso al que está dispuesta.
Si queremos un país donde haya ríos inmaculados, eso
tiene que tener como contracara la aceptación de que
no queremos desarrollo industrial. Me parece que el
reclamo de la gente de Gualeguaychú, que es legítimo,
no toma en cuenta este aspecto más amplio. Entiendo
que ellos se asusten ante las chimeneas que les están
erigiendo enfrente y que quieran un río Uruguay limpio,
pero desarrollo industrial, fuentes de trabajo, modernización,
mayor igualdad quiere decir aceptar pagar un precio
medio ambiental, estético. Entonces, países como Argentina
y Uruguay tienen que poner en claro cuál es el grado
y qué tipo de desarrollo industrial quieren. Hay un
punto - expresado por Kirchner - que es atendible: la
política de los organismos de crédito fomenta, con facilidades,
que el desarrollo industrial más "sucio" vaya a parar
a países de menor desarrollo y así se paga el precio
por el desarrollo. Debemos tener una política nacional
y una política regional porque compartimos ríos
como el río Uruguay; fronteras y una región geográfica.
El Mercosur o lo que quede de él en el futuro, Argentina,
Brasil y Uruguay tienen que ponerse de acuerdo sobre
esos puntos porque el desarrollo industrial de Brasil
va a afectar a Uruguay y a Argentina y viceversa. Lamentablemente,
quizás más en Argentina que en Brasil, nuestro estado
tiene muy poca autonomía frente a lo inmediato, para
tomar decisiones de un poco más largo plazo. Ojalá el
Mercosur vuelva a ponerse de pie en otros términos.
Yo creo que la demanda de Uruguay y Paraguay va a tener
que ser escuchada y es real. Al igual que en la Unión
Europea, donde los estados menos aventajados recibieron
mayor ayuda y políticas compensatorias, me parece que
el Mercosur debería funcionar sobre bases similares
y hasta el momento no ha podido hacerlo. Hay un montón
de problemas en el Mercosur, por el escaso desarrollo
y la similitud de aquellos productos que los países
participantes ponen en el mercado mundial, que hacen
más complicada la integración, pero creo que no es la
sentencia a muerte del Mercosur. Creo que el Mercosur
se puede repensar.
Con Juan Pablo Xandri.
Uruguayo. Licenciado en Economía. Cursa la Maestría
en Economía en la UTDT
Tanta lágrima, tanta lágrima / y yo, soy un vaso
vacío…
Creo que ambos lados están manejando el tema de una
manera muy diferente. En Uruguay, la gente piensa que
no es un problema realmente ambiental porque constantemente
se saca a relucir el hecho de que hay papeleras y Argentina
tiene una tecnología mucho peor al otro lado, en el
río Paraná. En realidad, no es un problema ecológico
sino básicamente turístico porque a Gualeguaychú, que
es una ciudad turística, la perjudica esto y, además,
en Uruguay siempre se vio que Argentina fue en contra
del turismo uruguayo e hizo cosas para retener a su
gente en Argentina y que no viniera a Uruguay. Por ejemplo,
un bloqueo se levantó justo después de que terminó la
temporada otro, después de Semana Santa. Se lo siente
como un ataque directo. Pienso también que es un error
como los uruguayos estamos tomando el tema, al pensar
que Argentina no tiene ingerencia en eso. No sé por
qué se piensa que no es un problema internacional y
que Argentina se quiere meter. Hablo con gente y
les digo que el río Uruguay es el límite entre los dos
países, que es un problema de derecho internacional
y que los argentinos tienen derecho a quejarse. La cuestión
es que no sé por qué en los medios se dice que Argentina
se mete y nos toca nuestra soberanía. Lo que sí
vemos es que decir que es un problema ecológico es una
excusa para traer más gente para la causa.
Yo muy serio voy remando / muy adentro sonrío…
De ambos lados están muy cerrados. No hubo verdadera
búsqueda de solución diplomática. Está Uruguay que dice:
"No, no voy a hacer nada" y Argentina repite: "Ustedes
no van a poner las papeleras". Se parecen a dos nenes
chicos que andan pataleando cada uno para su lado, pero
no hay, realmente nunca hubo, vías abiertas para la
negociación. Uruguay decía: "Sí, sí, vamos a negociar"
y a los meses salía: "No, las papeleras se quedan seguro".
Si afirman: "Vamos a negociar pero yo te digo que no
voy a hacer nada", entonces, eso no es negociar. No
entiendo esa diplomacia. No sé por qué Uruguay tiene
esa postura tan radical. Por un lado, le sirve al gobierno,
creo que de ambos lados. Uruguay quiere que la gente
trabaje e incluso, la estrategia electoral que tuvo
el Frente Amplio fue que había que cambiar del área
de servicios por algo productivo. Justamente, esta es
la mayor inversión que hemos tenido, entonces tiene
que enfrentarlo porque es la base de la campaña que
tuvieron; más allá de las cuestiones económicas, políticamente
es muy importante para ellos.
Creo que la opinión pública uruguaya cree que en La
Haya se gana seguro. No hay dudas. Están con la impresión
de que si vamos a La Haya, tenemos la ley a nuestro
favor, sin embargo, no tengo idea de derecho internacional.
Oigo una voz que me llama / casi un suspiro…
Se percibe que Argentina ataca a la soberanía uruguaya,
porque en el Mercosur, hubo varios casos puntuales con
la Argentina y con Brasil. Con la Argentina, se dio
el caso de la empresa "Motociclos". En su momento, una
industria uruguaya de bicicletas y motos tenía un embarque
a Argentina, le pusieron mil trabas y estuvieron meses
porque Argentina decía que tenía tal porcentaje de importación
china cuando en realidad tenía ciertos pactos. Otra
cosa que molestó mucho a la opinión pública fue el tema
de la aftosa, hubo un brote y lo que dijo la opinión
pública es que en la Argentina se sabía hace rato, pero
nunca se dijo y de repente, la aftosa cayó en el Uruguay
y casi fue la noticia del año porque Uruguay tiene una
economía muy dependiente del ganado. Creo que se hizo
mucho más mediático que otra cosa. Además sucedió en
el 2000, 2001, 2002, justo con la crisis, así que molestó
un poco.
Rema, rema, rema /
Rema, rema, rema… (NA) |
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