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Migrar
es humano, acoger es imperioso
Mary Larrosa
Licenciada en Educación y Profesora de Historia. Consejera
de Redacción de Nuevamérica.
Mónica Maronna
Profesora de Historia. Docente e investigadora. Co-Directora
del Programa de Investigación Medios de Comunicación
y Cultura en la Universidad Católica.
Uruguay

O
continente americano tem sido, através de sua história
e no momento atual, terra de fortes fluxos migratórios.
Nas suas origens, povos vindos da Ásia e através do
Pacífico. Posteriormente, da Europa e, ainda, a triste
migração vinda da África, sendo que a realidade do
tráfico humano continua existindo na atualidade. Se
ao longo dos séculos XIX e XX o continente seguiu
sendo núcleo de atração para europeus empobrecidos
ou expulsos por razões políticas, hoje a situação
tem mudado e as populações emigrantes de América se
transladam de sul a norte, dentro e fora do continente,
para Estados Unidos e Europa e alguns países de América.
Entretanto, as fronteiras se mantém fechadas e as
leis migratórias têm se endurecido em muitos países.
Por la fe, Abraham, al ser llamado, obedeció y
salió hacia la tierra que había de recibir en herencia,
pero sin saber adónde iba...
Por la fe en "la tierra sin males", el Pueblo Guaraní
sigue caminando, a pesar de la ley y de la muerte.
Por la fe, los hijos de Israel atravesaron el mar
Rojo a pie enjuto, mientras sus perseguidores se ahogaban
en las grandes aguas...
Por la fe, los pobres de nuestros pueblos cruzaron
las montañas, vencieron las fronteras y rehabitaron
humanamente el campo y la ciudad, mientras sus dominadores
se vienen ahogando deshumanizados en los grandes lucros.
Pedro Casaldáliga
Paráfrasis indoafroamerindia de Hebreos 11
Están, vienen, los traen, se van..., he aquí
una constante a lo largo de toda la historia de la
humanidad. Voluntaria o forzadamente, debido a diversas
condiciones naturales o sociales, en todos los tiempos
los seres humanos han cruzado los espacios del planeta
impulsados por una compleja urdimbre de dinamismos
que expulsan o atraen, que obligan a unos a moverse
mientras permiten a otros permanecer.
En el nomadismo, forma de vida propia de los tiempos
prehistóricos, la migración era parte constitutiva
del estilo de vida y condición de subsistencia del
grupo. Luego, a medida que las condiciones culturales
fueron permitiendo el suficiente dominio de la naturaleza
para asegurar la subsistencia en determinados lugares,
aparece el sedentarismo, y se va imponiendo gradualmente
hasta constituir la forma de vida más común en los
tiempos históricos. Sin ignorar que hay diferencias
culturales cualitativas entre una y otra forma, se
podría decir que nomadismo y sedentarización no son
sino extremos de un continuum que combina en diversos
grados y formas traslado y permanencia, realidades
presentes en todas las especies y muy particularmente
en la especie humana.
Hogar y camino, Itaca y travesía, la aventura de partir,
el riesgo de empezar de nuevo. Si bien los desplazamientos
son una constante en la historia de la humanidad,
también es verdad que existe en el ser humano un deseo
de arraigo y permanencia que se acentúa con la forma
de vida sedentaria. Por ello ponerse en camino supone
siempre algo de dolor, una ruptura, un desgarro...
aunque también una esperanza. Y cuando el que migra
es el pobre, el desplazado, el que se ve obligado
a partir, estos rasgos dolorosos se acentúan, y la
migración puede transformarse en drama.
AMÉRICA: EN EL PRINCIPIO FUERON LAS MIGRACIONES...
El continente americano ha sido a través de su historia,
y es también en el momento actual tierra de fuertes
flujos migratorios.
Existe consenso entre los investigadores con respecto
a que el poblamiento inicial de América fue fruto
de sucesivas oleadas migratorias comenzadas con los
primeros contingentes humanos que se desplazaron desde
Asia a través de la helada Beringia, hace aproximadamente
40.000 años. Tiempo después se habrían sumado otros
grupos que llegaron a través del Pacífico. A lo largo
de miles de años, en desplazamientos que podríamos
marcar fundamentalmente de norte a sur, y de oeste
a este, en múltiples combinaciones de nomadismo y
sedentarización, las etnias amerindias fueron poblando
las inmensas llanuras, montañas, selvas y costas del
continente.
En la memoria colectiva de muchos pueblos originarios
americanos aparece como mito fundacional una migración.
Así los aztecas, por mencionar uno de ellos, se desplazan
de aquí para allá hasta encontrar un águila devorando
una serpiente sobre un nopal, signo por el que reconocen
el lugar señalado por su dios Huitzilopochtli para
la fundación de su capital, Tenochtitlan, y allí se
establecen. Otro elocuente ejemplo es el mito de la
tierra sin males, motor inspirador de grandes migraciones
de la macro etnia guaraní, siempre alerta a la inspiración
divina para emprender nuevos desplazamientos.

LLEGAN LOS EUROPEOS O EL CHOQUE DE DOS MUNDOS
En un momento de su historia los pueblos que habitaban
el continente se encontraron invadidos por unos seres
para ellos extraños, que venían sobre el mar en casas
de madera y traían el trueno en las manos. Se trataba
de una nueva migración. Esta vez de este a oeste;
venían de donde nace el sol, de la Europa transatlántica.
Llegaron en pie de guerra, desplazando, destruyendo,
conquistando. Llegaron para quedarse. Conquistaron
imperios preexistentes, y se impusieron a las culturas
locales dominándolas, subyugando a sus habitantes
e imponiendo sus propias formas culturales. Así se
fueron estableciendo, y con el tiempo sintieron suya
la nueva tierra.
Siguieron llegando durante tres siglos más. No todos
venían ya como conquistadores. Los había pobres y
desposeídos en sus lugares de origen, que llegaban
a América con el sueño de un futuro mejor. América
era para ellos lugar de utopía, de futuro, de esperanza.
Traían a cuestas su cultura, y se encontraban aquí
con variantes de la misma entre sus coetáneos que
habían llegado antes. También se encontraban con las
culturas amerindias a las que por lo general consideraron
inferiores. Pero supieron muchas veces mezclarse con
ellas dando lugar a un peculiar mestizaje tanto racial
como cultural, diverso según las regiones del continente,
aunque marcado siempre en mayor o menor grado por
las relaciones de dominio que estos europeos y sus
descendientes criollos imprimieron a la nueva realidad
que habían creado.
LOS TRAJERON; EL VIAJE AL INFIERNO
Otra triste migración asoló el continente durante
esos siglos: millones de africanos fueron traídos
encadenados a América para ser vendidos como mano
de obra principalmente para las plantaciones y el
trabajo en las minas. Comprar y vender, traficar con
seres humanos al amparo de los estados, fue un negocio
muy lucrativo tanto para quienes explotaban su trabajo
como para quienes intermediaban con ellos y con sus
descendientes. Mientras la independencia política
de los estados americanos se logró en apenas dos décadas,
la toma de conciencia de lo atroz de la esclavitud
y la abolición de la misma, fueron procesos muy lentos.
Para muchos países, como es el caso de Brasil, la
esclavitud se perpetuó hasta fines del siglo XIX.
En Estados Unidos la abolición real llegó por etapas
tras una sangrienta guerra en ese mismo siglo, y una
dolorosa lucha por la igualdad que abarcó gran parte
del siglo XX.
Seguramente hoy, en los albores del siglo XXI,
nadie osaría defender o argumentar a favor del tráfico
humano. Y sin embargo sigue existiendo: verdaderas
redes clandestinas transportan hombres, mujeres y
niños en las peores condiciones imaginadas. Hacinados
en contenedores, o encerrados en camiones, miles de
seres humanos intentan alcanzar otros horizontes para
terminar, en el mejor de los casos -esto es si logran
sobrevivir-, como esclavos indocumentados de la nueva
economía. Resulta también inocultable la existencia
de otra migración forzada: mujeres que han sufrido
y siguen sufriendo en tanto víctimas de poderosas
redes de prostitución.
AMÉRICA: POLO DE ATRACCIÓN DE INMIGRANTES
Durante buena parte de los siglos XIX y XX, este continente
siguió siendo núcleo de atracción para europeos empobrecidos
o expulsados por razones políticas. Los gobiernos
de los nuevos estados americanos ofrecían facilidades
a quienes quisieran establecerse. Los relatos de inmigrantes
de esa época, aunque diversos, suelen evocar cómo
lograban integrarse en la cultura americana y obtener
un grado de bienestar que se coronaría en las generaciones
siguientes. Claro que no todo era fácil, porque una
cosa era acoger inmigrantes en tiempos de prosperidad
y otra en épocas de bajos salarios y alto nivel de
desempleo. En tiempos de crisis los inmigrantes eran
discriminados. Y por más facilidades que se encontraran
en los buenos momentos, siempre dolía lo que se había
dejado atrás, siempre costaba la integración, siempre
había un precio que pagar. Pero en términos generales,
se podría decir que esta nueva migración de pobres
y refugiados formó su hogar en América, hizo su contribución,
y soñó con quedarse y permanecer.
CAMBIAN LOS VIENTOS: AMÉRICA LATINA, TIERRA DE
EMIGRACIÓN
Si las primeras migraciones del continente se dieron
de norte a sur y de oeste a este, hoy se ha revertido
la direccionalidad. Como aves migratorias impulsadas
por los vientos de la historia, las poblaciones emigrantes
de América se trasladan ahora de sur a norte dentro
del continente, y de oeste a este a través del Atlántico.
Estados Unidos y Europa absorben buena parte de los
expulsados de América Latina, sean pobres desposeídos,
profesionales y trabajadores calificados sin trabajo,
o intelectuales en busca de oportunidades. Por ejemplo,
los datos más recientes indican que de Uruguay, país
con poco más de tres millones de habitantes, hay 600.000
que residen en el exterior, y que la propensión a
emigrar aumenta en los jóvenes con alto nivel de formación.
El sociólogo uruguayo César Aguiar señala que existen,
además, circuitos migratorios regionales, relativamente
autónomos de los procesos globales. Así como existen
movimientos que conectan Europa del Este con Europa
Occidental, existen actualmente los que conectan regiones
de América entre sí. Entre ellos destaca el susbsistema
migratorio del Cono Sur, "área relativamente integrada
que nuclea a Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile y
el sur de Brasil, y que según factores más o menos
coyunturales tiene capacidad de expandir su influencia
hasta Bolivia, Perú, Ecuador, y en algunas ocasiones
hasta Colombia". Entre ellos, Argentina y sobre
todo Buenos Aires, son centros receptores de estos
movimientos[1]. Estos flujos son frecuentemente reversibles,
ya que la relativa inestabilidad de todas las economías
latinoamericanas pueden hacer necesaria la vuelta
al país de origen. En realidad, toda la población
de América está en movimiento ya que habría que agregar,
además, el continuo flujo campo-ciudad que se da en
todos sus países, acentuando el rápido crecimiento
urbano y la formación de megalópolis.
ACOGER ES IMPERIOSO
La globalización tiende a borrar fronteras. Los
estados nacionales han quedado pequeños para las empresas
multinacionales, la traslación de capitales, los procesos
de producción, pero estas fronteras se mantienen para
las personas. Las leyes migratorias se han endurecido
en muchos países. Estados Unidos construye un
muro para impedir el acceso de inmigrantes desde el
sur y el senado veta la flexibilización de la legislación
migratoria. Tampoco se flexibilizan las leyes migratorias
de los países latinoamericanos entre sí.
Nadie en el continente puede, aunque lo intente, permanecer
indemne a estos movimientos de personas y culturas.
Afectan tanto a quienes se van como a quienes se quedan;
transforman a quienes reciben. Imperceptiblemente,
y no sin dolorosos conflictos, cada día se están delineando
nuevos paisajes culturales y nuevas identidades. América
sigue en la fragua y sus gentes siguen soñando una
tierra sin males y apostando la vida por encontrarla.
(NA)
[1] cfr. César Aguiar," Inmigración. Perspectivas y
oportunidades para una política inmigratoria", pp. 119
y SS, en Juan José Calvo y Pablo Mieres, Importante
pero urgente. Políticas de población en Uruguay, Rumbos,
Montevideo, 2007.
Mis
padres migraron a Lima en busca de oportunidades de
trabajo, en busca de oportunidades para nosotros que
éramos niños, ya que en aquella década de los 60 el
centralismo era aún mayor que ahora, centralismo resultado
del sistema capitalista liberal. Llegué en una época
en donde existía una enorme discriminación racial y
la identidad del hombre de los Andes no estaba bien
desarrollada. Entonces había un complejo de inferioridad
al punto de que mi padre prohibía que mi madre nos hablara
en quechua. Dejamos de peinar nuestras hermosas trenzas,
de vestir diferente.
Lo más fuerte de mi experiencia fue la discriminación.
Mi madre ya no quería vivir en la quinta de Surquillo,
donde éramos discriminados perversamente, y un buen
día tomó una gran desición: nos subió a todos a un camión
de mudanza, sin la autorización expresa de mi padre,
y vinimos a vivir a Villa El Salvador en el año l971,
al inmenso arenal que acogió a toda mi familia. Entre
mi padre y mis hermanos construyeron una linda casa
de esteras revestidas con mezcla de cemento y yeso conocida
como "diablo". Esas casas eran más abrigadoras, a diferencia
de las casas de estera por donde entraba el frío. Desde
entonces aprendí a convivir con personas de distinta
procedencia, de todas partes de mi querido Perú, a sentirme
orgullosa de ser cusqueña, sin sentirme más ni menos
que los demás y a amar el otrora imnenso arenal, hoy
convertido en la Ciudad Mensajera de la Paz.
Josefi na Álvarez Escobar de Villalba - Peruana
que nació en Cusco y hoy vive en Villa El Salvador,
Lima, Perú.
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