Revista

L
a Revista de la Pátria Grande

EDITORIAL

"Un país sin cine es un país sin rostro"
Florence Jaugey



La cita leída en el texto de Leopoldo Artiles Gil, sociólogo dominicano, remite a una problemática que atraviesa el conjunto de textos que componen este número de la revista Novamerica, dedicado a la producción audiovisual latinoamericana (TV y cine). Por razones de orden estrictamente coyuntural, se acabó priorizando la producción cinematográfica y los principales desafíos que se le presentan actualmente a esta en nuestra América Latina (a pesar de que algunos de esos desafíos -como podremos comprobar más adelante- residen en las relaciones con el medio televisivo).

Al rescatar los orígenes del cine, el autor citado más arriba afirma que este "es uno de los medios, o arte, que está al servicio de la conversión de las masas indiferenciadas en un pueblo, un país". Señala, también, que esa potencialidad del cine -en tanto y en cuanto primera arte auténticamente dirigida a las masas y con capacidad, precisamente por ello, de movilizar y divertir- es aún más importante en "tiempos de globalización".

Sin duda, el conjunto de textos incluidos aquí apuntan un nuevo renacimiento de la producción cinematográfica en los diferentes países latinoamericanos, renacimiento que se produce después de años de crisis que coinciden, de forma significativa, con los extensos períodos dictatoriales, cuya marca, en la historia de esos países, persistió hasta años recientes. Sin embargo, los desafíos apuntados son muchos: cómo producir un cine que de hecho sea independiente, que exprese las culturas locales y que las traduzca a un estilo cinematográfico propio. Cómo garantizar el financiamiento de esa producción y, principalmente, la difusión de esas películas, de tal manera que se pueda hacer frente a la poderosa industria norteamericana. Como cita el peruano Manuel Cornejo Chaparro, es fácil constatar que, en general, los países que poseen una producción regular mantienen normas de promoción cinematográfica y no se puede considerar que las leyes referentes al cine sean "mecanismos proteccionistas o creadores de privilegios". Por el contrario, esas leyes configuran normas "de carácter correctivo para que las películas nacionales encuentren las condiciones mínimas de equidad para competir en un mercado que no es libre ni igual para todos". En realidad, podemos ver como denominador común, en varios de los artículos, un llamado de atención hacia la necesidad de diferenciar el apoyo dado a la producción y el apoyo dado a la exhibición, además de la reivindicación de las políticas públicas de incentivo no solo a la producción, sino también a la circulación de películas. Es necesario que se constituya un mercado y, como afirma el renombrado cineasta brasileño Silvio Tendler, nuestro entrevistado de este número, esas mismas políticas deberían contemplar este objetivo, "inclusive en el espacio de la televisión".

A respecto de este asunto, es significativo que, en más de un artículo, la televisión aparezca como una potencial estrategia para la difusión de esa cinematografía que enfrenta, comúnmente, enormes dificultades para llegar a las salas comerciales de los cines. Tendler, aun reconociendo y señalando las evidentes diferencias entre los dos medios de comunicación, llega a proponer una especie de "circuito" que contribuya a que la obra cinematográfica adquiera mayor visibilidad. De esta manera, se estaría instaurando un necesario "casamiento" entre el cine y la televisión.

Algunos otros artículos remiten a experiencias alternativas, relativas algunas a la producción de documentales; otras, a iniciativas originadas en comunidades o barrios populares que señalan nuevas formas de apropiación de los procesos de producción cinematográfica, con vistas a una mayor democratización del audiovisual, en gran parte propiciado por la urgencia de nuevas tecnologías dentro de ese medio, como es el caso específico del DVD.

Permanece, no obstante, un gran desafío mencionado por Tendler al final de la entrevista, como reto para la revista. ¿Es posible hablar de una cinematografía latinoamericana? O mejor, ¿cómo construirla? Es necesario encontrar medios que aseguren que la producción podrá circular por nuestros países latinoamericanos, más allá de las tradicionales barreras -que residen, entre otras cosas, en la cuestión lingüística- y que promuevan un efectivo intercambio cultural dentro de ese ámbito, de tal manera que se vea favorecida la construcción de esa Novamerica, que "es nueva en el sentido de que se recrea, de que tiene una mirada hacia el futuro", y que tenemos la convicción de que posee raíces comunes y profundas. ¿Quién sabe este número de la revista no se convierte en una primera y modesta colaboración para elle?

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