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L
a Revista de la Pátria Grande

EDITORIAL

Migraciones



La relevancia del fenómeno de las migraciones internacionales contemporáneas se ha convertido, a lo largo de las últimas décadas, en objeto notorio de atención pública y mediática, y en campo intelectual de exhaustivo tratamiento. Dominio merecedor de un significativo volumen de contribuciones, tanto de carácter teórico como empírico, atesta a la diversidad de sus significados e inmplicaciones directas en la bio-política de una significativa parcela de la humanidad. Parte de esas contribuciones se vuelcan hacia una reflexión sobre las transformaciones económicas, sociales, políticas, culturales y demográficas en curso, especialmente a partir de los años 80. Como bases de esta reflexión, se sitúan los cambios provenientes de la reestructuración del mundo productivo, mutaciones que han implicado nuevas modalidades de movilidad del capital y de flujos poblacionales en diferentes regiones del mundo.

Se ha constatado que de los 191 millones de personas en el mundo que viven fuera de los países en donde nacieron, 25 millones -aproximadamente el 13 % del total- son de origen latinoamericano y caribeño. Estos datos han transformado a la migración en un componente esencial e inevitable de la vida social y de la economía de cada país de nuestra región.

En los últimos cincuenta años, las migraciones mundiales han reforzado su característica eminentemente post-colonial a partir del hecho de que, después de la Segunda Guerra Mundial, países con un pasado colonial comienzan a ser el destino elegido por migrantes oriundos de sus ex colonias. Por otro lado, en América Latina y el Caribe el fenómeno de la movilidad humana pasó a expresar nuevas tendencias y significativos cambios en los padrones migratorios, a saber: la inmigración de ultramar que registró un agotamiento indeclinable; la migración intra-regional, que experimentó una modesta intensidad y mantiene un predominio femenino; y la emigración en dirección a los Estados Unidos y a la Comunidad Europea, que concentra más de las tres cuartas partes de los migrantes de la región y se inscribe dentro del padrón migratorio Sur-Norte. Como efecto de estos desplazamientos, los países imperiales van a enfrentar las problemáticas relativas a la diversidad cultural, a la pertenencia y a la necesidad de redefinier sus identidades nacionales, mientras las comunidades de migrantes se defrontan con el dilema de su condición de subciudadanía en el mundo globalizado.

Hoy el debate trabado en torno a las migraciones deja al descubierto visiones de mundo y postulados ideológicos que se confrontan en un intento de entendimiento crítico de las contradicciones y crisis del orden capitalista hegemónico. Después del fin de la guerra fría y de la expansión de la etapa de flexibilización de acumulación de capital, los países desarrollados y en desarrollo se alinearon poniendo en riesgo las posibilidades de los desfavorecidos que no pertenecen al orden de los ricos e industrializados. Esta dinámica generó nuevos escenarios de exclusión y pobreza junto con nuevas islas internas de dinamismo económico y trajo límites para la expansión de la ciudadanía y de la protección social. De esta manera, los actuales movimientos migratorios configuran la contrapartida de la reeastructuración territorial planetaria intrínsecamente relacionada a la reorganización económico-productiva y social del capitalismo globalizado. Vivenciamos también lo que Bauman denominó "fin de la era Espacio como físico territorial relacionada a la nación-límite", dentro del ámbito en el que las instituciones y los aparatos oficiales, de manera especial, fijan el trípode territorio/local/lugar. Desde esta perspectiva, el individuo contemporáneo, en tanto migrante, (des)marca la significación estática del local/territorio a desarticular lo concreto y colectivo de forma individual. Esta coyuntura define una tensión estructural permanente entre el conjunto de prácticas subjetivas a partir de las cuales se expresa la movilidad del trabajo y el intento del capital de ejercer sobre esas prácticas un control despótico, valiéndose de la mediación fundamental del Estado.

Dentro de este escenario, las subjetividades producidas por la tensión permanente entre la autonomía del trabajo, sus líneas de fuga y los intentos de captura y de control del Estado, serían el gesto para reconstruir de forma paradigmática las formas generales de la sumisión al capital. La marcha de la libertad, proceso caracterizado por la movilidad, por el movimiento, atravesado por conflictos y luchas, pasa a evidenciar el aspecto constituyente de las migraciones actuales. Dentro de ese proceso, las luchas vienen siempre en primer lugar. Luchas que pueden ser interpretadas en función de los factores que las determinan a lo largo de la experiencia migratoria y como referencia esencial para una nueva concepción de los migrantes, en que ellos dejan de ser victimizados, para operar como sujetos que se expresan a través de la resistencia y de prácticas conflictivas innovadoras. Si las migraciones expresan procesos sociales desagregadores pueden simultáneamente proclamar una permanente capacidad de recomposición. Las resistencias y las líneas de fuga trazadas por los inmigrantes ofrecerían un punto de vista privilegiado para comprender esas nuevas subjetividades que emergen de estas diásporas. En América Latina entendemos la migración contemporánea como una dinámica compleja, configurada por los sujetos que la efectivan y por sus circunstancias.

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